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El Rector Sánchez y la lucha por la vida de Rodrigo Avilés

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Por: Soledad Bravo-Marchant y Félix Avilés Fredes


Señor Director:

En la columna titulada «La lucha por la vida del rector Sánchez» publicada en la edición de El Mostrador del 15 de octubre por los autores Conrado Soto K y Manuel Ugalde D., se han vertido expresiones desdorosas contra el Rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Ignacio Sánchez Díaz, por sus actuaciones en el marco de la agresión policial que casi le cuesta la vida a nuestro hijo, Rodrigo Avilés Bravo, el pasado 21 de mayo.

Todas y cada una de las afirmaciones publicadas en la columna son inexactas, injustas y mezquinas. Ignacio Sánchez en su calidad de Rector, se trasladó a Valparaíso, al Hospital Carlos Van Buren temprano en la mañana del viernes 22 de mayo, para conocer de primera fuente el grave estado de salud de Rodrigo. También aprovechó de conversar con los estudiantes de la UC que a esa hora permanecían con nosotros esperando que no sucediera lo peor.

El Rector Sánchez volvió a concurrir el sábado 23 de mayo y desde ese día y hasta ahora, no ha pasado ni un solo día sin que haya manifestado su preocupación, delicadeza y cercanía. Gracias a sus gestiones, Rodrigo fue trasladado el 8 de junio al Hospital Clínico de la UC, donde un equipo de primer nivel se esmeró en su tratamiento hasta darlo de alta el 21 de julio. En esas seis semanas, el Rector Sánchez visitó a Rodrigo, se contactó con nosotros, conversó con los médicos tratantes y revisó personalmente la evolución clínica, junto con mencionar a Rodrigo en su Cuenta Pública 2015 como un signo de los valores que la UC defendió y puso en juego en este doloroso trance. Incluso, exigió a través de los medios de comunicación en reiteradas oportunidades que Carabineros reconociera su responsabilidad en los hechos para que se hiciera justicia.

Hoy, mirando hacia atrás, podemos afirmar sin ninguna duda que su intervención resultó trascendental para asegurar una atención médica de excelencia, de la cual como familia estamos enormemente agradecidos.

Junto con enviar esta carta, conminamos a los columnistas a pedir disculpas públicas. No hay nada más odioso que propalar prejuicios, ni nada más noble que reconocer los errores.

Soledad Bravo-Marchant y Félix Avilés Fredes
Padres de Rodrigo Avilés

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