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Nos duele la Contraloría

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Por: Elinor Garay Contreras, Ex dirigente de la Asociación de Auditores de la Contraloría General de la República


Señor Director:

A los ex funcionarios nos duele la Contraloría, nos duele ver la institución en la que hoy se ha transformado la Contraloría General de la República. En nuestro recuerdo se mantienen grandes acciones de fiscalización que dejaron huellas en nuestras personas, pero sobre todo, huellas en la historia de la vida republicana de este país. Los más jóvenes tienen derecho a enterarse de ello.

Esta entidad, en el ámbito del control ejecutó acciones memorables de fiscalización en el pasado, por ejemplo, la revisión del “fraude más grande”, por su masividad, monto y personas involucradas que haya ocurrido jamás en este país, derivado de la devolución de Crédito fiscal del Impuesto al Valor Agregado – IVA, que fue descubierto a fines de los años 70, donde las devoluciones percibidas en forma fraudulenta sumaron miles de millones de pesos. Fueron pocas las Regiones de nuestro país donde no hubo algún caso irregular y, en ciudades como la Isla Grande de Chiloé comprometía a más del 90 % de la población, sobre todo en la población rural que engañada por algunos inescrupulosos firmaban para solicitar devolución a cambio de algunos pesos.

También fuimos auditores de la Contraloría General quienes, por esos mismos años y con riesgo de nuestras vidas detectamos, investigamos y denunciamos el cobro fraudulento de Comisiones de Venta en el Instituto de Seguros del Estado por la hija del dictador y su pareja. Comisiones cobradas por la venta de seguros a las instituciones del Estado, cuando por ley éstas estaban obligadas a contratar sus seguros con el ISE.

Los que trabajamos en eso fuimos amenazados, perseguidos y asaltados; sin embargo, al igual que en el caso anterior, conseguimos detener la maniobra fraudulenta y el mando de la Institución tuvo el coraje de entablar Juicio de Cuenta en contra del Director del Instituto, primo directo de Pinochet.

De la misma manera actuamos en la década del 80 auditando y publicando las ventas de las Empresas del Estado por parte de la Corfo; trabajo que se ejecutó incluso pasando por encima de ciertas aprehensiones de algunos mandos en la Contraloría, que señalaban la ineficacia de tal investigación, toda vez que los Informes de Auditoría se dirigían a los mismos ejecutores de las ventas que, obviamente, sabían de las implicancias y consecuencias de tal operación. No obstante, pasando por encima de tales aprehensiones se investigó, como se dijo en la época, “para la historia”.

Efectivamente, así fue recogido después por la Comisión investigadora de la Cámara de Diputados que investigó la venta de las empresas y donde se reconoció el tremendo aporte de dichos Informes emanados de la Contraloría; reconocimiento se tradujo en un merecido homenaje de la Institución parlamentaria hacia quienes trabajamos en el proceso.

También cabe mencionar por lo que significa en la época actual, el trabajo realizado en la misma zona de Neltume, por tres auditores de la Entidad fiscalizadora en la época en que el señor Ponce Lerou fue Vicepresidente del Complejo Maderero Panguipulli y Director de la Conaf. En aquel entonces, recién terminaba la Auditoría del ISE y se iniciaba el proceso en contra de su director, por lo cual, a poco de empezar la Auditoría se modificó la composición del grupo de auditores que realizaría el trabajo, dado que por expresión de la Subjefe dela División de Auditoría “no fuera a pensar el Presidente que estamos persiguiendo a sus hijos y a su familia”.

Los anteriores sólo son algunos ejemplos para resaltar la forma como se comportó y trabajó siempre la Contraloría General de la República de Chile. Por eso nos duele lo que pasa en la actualidad.

Nos preguntamos cómo llegó la Institución al nivel de intrascendencia y de poca importancia que hoy le otorga la clase política, y lo que es más grave, la propia ciudadanía. Por qué ocurre que el principal Organismo de Control, “ojos y oídos de la ciudadanía” como se decía anteriormente, permanezca acéfalo de Dirección por tan largo tiempo cada vez que se debe renovar el mando, (un subrogante en ninguna parte toma decisiones de importancia que pueda comprometer su propia aspiración al mando).

La respuesta está en la propia Contraloría que dejó de ser la Institución que era; ya no es el Órgano que fue previsto por el Constituyente para fiscalizar los actos de la Administración, pues ya no se hace el trabajo en la forma, profundidad e incluso seriedad como se hacía antes.

Hoy la Contraloría solamente revisa procedimientos, busca la falla en los procesos y no ahonda en investigar respecto del resultado y las consecuencia de ello convirtiéndose en un ente entraban te de la Administración.

Un Sólo ejemplo para justificar lo que digo: el Censo 2012 del INE, que hoy debe repetirse a un alto costo para el erario nacional implicando la ocupación de recursos que hoy no se tienen y que se restan de otras necesidades, como por ejemplo, la gratuidad de la educación.

El censo fue ilegal pues la Ley Orgánica del INE señala que debe realizarse en un solo día el cual debe ser declarado feriado por la institución y la ley le otorga a su Director facultades para ello. Toda ley solamente puede ser modificada por otra y en este caso no ocurrió. Como consecuencia del cambio de metodología censal se cometieron errores y el censo no sirvió, y debe repetirse a un alto costo para todos nosotros los ciudadanos.

Por un monto significativamente muy menor, la Contraloría General enjuició al Director del ISE. ¿Por qué no se hizo en el caso del Censo?, ¿acaso será porque la Entidad Contralora tomó razón de un acto ilegal? y los actuales directivos que hoy postulan soterradamente para dirigir la Institución, ¿hicieron ver sus aprensiones respecto de dicha toma de razón?

La actual Contraloría General de la República no es lo que fue, esto es: garante del estado de derecho de este país; no tiene mística, perdió su tradición y cultura como consecuencia de una supuesta modernización impuesta a raja tabla por su anterior Administración, la cual significó cortar de raíz la necesaria transferencia de conocimiento y experiencia desde los más antiguos hacia los recién ingresados. Al inicio de dicha Administración existían en la Contraloría un poco más de 1.300 funcionarios que luego se aumentaron a más de 1.800, pero durante su mandato, el señor Contralor, utilizando la potestad que le otorga la “confianza exclusiva del personal” despidió a más de 1.400 de ellos, reemplazándolos por jóvenes que muchas veces no tienen la expertís suficiente para actuar como fiscalizadores. Ello ocurrió también con la complacencia de quienes hoy están en los mandos superiores de la Contraloría.

Por eso, un pedido urgente hacia la clase política: dejen ya de jugar con esta Institución que es tan valiosa para el Estado de Chile; pospongan quizás por única vez sus intereses partidistas y coloquen en su Dirección a una persona que efectivamente sepa hacer de la Institución el Órgano Contralor que alguna vez fue y que el país necesita. Esa persona no está hoy adentro de la Contraloría.

Elinor Garay Contreras, Ex dirigente de la Asociación de Auditores de la Contraloría General de la República

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