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Abortar ¿cuestión de mujeres?

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Señor Director:

Durante siglos los hombres fueron educados para no sentir, ser los fuertes, los recios, los que nunca debían llorar ni mostrar alguna emoción. Por siglos el hombre se erigió como “padre de familia”, lo que significaba ser el proveedor, mas no ese padre amoroso, paternal, amigo y confidente. Los castigos iban de la mano de ese padre que obligaba a callar a los hijos en la mesa, porque era considerado una falta de respeto pronunciar una palabra frente a los mayores.

Pero los tiempos han cambiado. Hoy el padre no sólo es proveedor único, se ha sumado la madre. El padre ha asumido una postura de ayuda frente a ese hijo que es tan suyo como de la mujer que lo tuvo 9 meses en el vientre. Cambia pañales, lo saca a pasear, se queda con él, juega, lo regalonea, lo escucha. Ya no estamos en la época decimonónica en que la mujer procreaba y el hombre sólo trabajaba.

No, los tiempos de hoy son otros. Labores compartidas, un hombre que es marido atento y padre amoroso. Un papá presente frente a sus hijos, que lucha por ellos, no en términos monetarios sino de valores y principios, que goza frente a la novedad de un nuevo hijo, que entrega su vida por los que ama. Ahí está el secreto: ama. Y ese amor viene desde la nueva buena de un hijo en camino.

Es cierto, no es el cuerpo del hombre el que aloja a ese bebé, siempre será, por una cuestión biológica, la mujer. Pero ese mismo hombre es quien acaricia ese vientre sintiendo a su hijo, se emociona al ver las actuales ecografías en 3 y 4 D, le habla, lo espera

Hay un hecho indesmentible en esta historia: ese hombre participó ni más ni menos que con el 50% de la formación del niño en gestación. No es un mero hombre sediento de satisfacción sexual, no es una cosa a la que se le pueda dar uso por un rato de animalidad incontrolable. Es un gestor de vida, tanto como la mujer ¿O es que el solo hecho de que sea la fémina la que lleva en su vientre al nonato la convierte en dueña de la vida creada por dos? Es más, esa nueva vida no pertenece al padre ni la madre, es una nueva vida, con personalidad, con características propias e inmutables. Decidir sobre la vida de un tercero no es de competencia de ninguno de los dos.

Sin embargo, dado que las feministas de género y radicales han reiterado que el hombre no tiene derecho a hablar, menos aún en caso de violación, es mi obligación señalar que esto no es más que un engaño y estrategia de victimización, por un lado y censura , por otro. Baste recordar, respecto de la violación, que los hombres también lo han padecido, con efectos traumatizantes de por vida, por tanto, negar su derecho a opinar es descalificar al género masculino por mera arbitrariedad

El negar la voz y derecho del hombre frente al aborto promueve la irresponsabilidad paternal, el abandono hacia una mujer y construir una sociedad conforme a los patrones estandarizados de un machismo de nunca acabar. Los padres se deben pronunciar, deben denunciar y deben optar por la vida. Un rato de placer puede, para ellos lamentable, generar una vida humana nueva. Háganse cargo. Y a todos los hombres que defienden la vida ¡bienvenidos! Son tan padres como esa madre y tienen todo el derecho de denunciar y negarse al intento de terminar con la vida del bebé en gestación.

El hombre no es una cosa, es persona participante de la más bella creación humana: un hijo.

Andrea Balbontín

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