“Conforgate: otro escándalo más en Chile”
Señor Director:
Investigo el tema de escándalos desde mi tesis de Magíster al interior de la Universidad Alberto Hurtado (“Determinantes de la desafección ciudadana en el proceso político chileno 1990-2010”), donde profundicé el impacto de escándalos políticos en las conductas electorales de los chilenos. Recuerdo que algunos colegas me consultaron para qué estudiaba esto si en Chile nadie lo hace. En esto tuve que argumentar que el fenómeno de escándalos forman parte constitutiva de la sociedad moderna que fiscaliza como nunca antes al poder. Hoy vuelvo a investigar en mi tesis doctoral el fenómeno de escándalos (Caso Caval). Luego de la pregunta inicial –sobre mi interés- los acontecimientos actuales me han dado la razón. Enfrentamos un nuevo escándalo. Los medios de comunicación han dado su veredicto: es el Conforgate.
Una colusión que se ha destapado sobre la industria vinculada a la venta de productos tan cotidianos en nuestro hogar como el papel higiénico. Además de las posibles mofas que el tema puede suscitar entre las redes, el escándalo no deja de ser menor si afecta a una de los grupos económicos más influyentes en términos materiales, políticos y simbólicos en nuestra sociedad como es el Grupo Matte. Fuera de provocar una ola de indignación, cabe preguntarse sobre qué es un escándalo político y por qué la proliferación de estos en el último tiempo. Vamos por parte. Según Fernando Jiménez, destacado politólogo español, los escándalos representan una reacción de la opinión pública contra un agente político al que se considera responsable de una conducta que es identificada como un abuso de poder o una violación de la confianza social sobre la que se basa la posición de autoridad que mantiene o puede llegar a mantener tal agente político. En este sentido, la sociedad busca marcar al transgresor en una suerte de estigma social, buscando rebajar su status moral al interior de ella. Con esto, lejos de pensar en que este caso en particular se encuentra alejado de lo político puedo argumentar que es precisamente un escándalo que se vincula con el poder, particularmente con el económico. Es probable que este acercamiento no baste para satisfacer al mundo académico pero seguimos investigando para otorgarle un mejor status científico. Lo que sí puedo afirmar es sobre la proliferación de escándalos con su consiguiente ola de indignación. De aquí abordo la segunda pregunta, sobre la proliferación. Pues bien, desde el retorno a la democracia el país ha vivido una serie de escándalos políticos que aunque provoquen un descalabro a la imagen de los políticos, estos han reforzado los espacios de rendición de cuentas y procesos de transparencia pública que son demandados al interior de las sociedades democráticas contemporáneas. Por lo tanto, forman parte de un notable proceso de democratización para la sociedad chilena. La cosa entonces no está tan mal. El rol de los medios aquí ha sido crucial, particularmente la prensa escrita, la televisión y el clásico medio radial. Se suman a esto las redes sociales que reconstruyen los relatos visibilizando y expandiendo los escándalos como un notable fenómeno mediático. La sociedad lejos de haber superado el Piñeragate de 1992 o el Mopgate del año 2000, exige cada vez más transparencia y comportamientos éticos a sus figuras de autoridad. Ante las constantes vulneraciones a las normas jurídicas y sociales, la sociedad exige no solo el reparo sino también el cumplimiento de la norma transgredida. El papel de los medios resulta clave ya que se convierten en el espacio de fiscalización hacia los poderosos. En este sentido, si bien el desarrollo económico y la apertura comercial dieron notables espacios de libertad a la sociedad chilena, los miembros de la élite política y empresarial se equivocan si piensan que eso le basta al Chile informado y mediatizado. Como bien señala Zigmunt Bauman en su libro “Modernidad Liquida”, las sociedades de manera contradictora anhelan libertad pero con el refugio del orden que la moral y las normas otorgan. Esto es precisamente lo que está ocurriendo en Chile, una constante necesidad de comportamientos éticos apegados a una moralidad pública que permita verdaderamente el desenvolvimiento de libertades públicas.
Juan Alberto Castañeda Alcaino.
Cientista Político- Doctorando en Sociología.
Universidad Alberto Hurtado.