Movilización de la DIBAM
Señor Director:
La movilización de los funcionarios de la DIBAM es una señal sintomática de la preterición a que se ha confinado la cultura en nuestro país. Más allá de la estridencia de declaraciones más bien acomodaticias, que intentan ocultar la postergación en que están sumidas las instituciones culturales del Estado de mayor trayectoria, lo concreto es que el sector sobrevive trabajosamente, muy ajeno a las prioridades de los dirigentes, de las políticas públicas y de los reconocimientos.
Pero es importante resaltar que el movimiento que se desarrolla en estos días no sólo apunta a conseguir mejoramientos en las condiciones de trabajo de los funcionarios, objetivo de suyo pertinente y legítimo, sino que también es un alegato justificado y razonable en contra de situación desmejorada que se le ha conferido a dicho organismo en el proyecto de ministerio de Cultura ingresado recientemente a trámite legislativo, a pesar de haberse gastado ingentes recursos, tiempo, energías e inteligencia en una consulta que finalmente no recogió el parecer ni las aspiraciones expresadas por sus trabajadores. La movilización, por lo tanto, también expresa una honda frustración.
Si las instancias colegiadas y consultivas que contempla el citado proyecto de ley van a funcionar del modo como han operado las consultas previas, o sea, mediante instancias de conversación cuyos resultados no forman parte ni alimentan los procesos de toma de decisiones, entonces será difícil construir una institucionalidad cultural auténticamente representativa. La actual movilización de la DIBAM puede ser ilustrativa al respecto, como anticipo de lo que podría suceder con la proyectada institucionalidad del sector de la cultura, las artes y el patrimonio.
Gustavo Adolfo Cárdenas Ortega