Gratuidad y admisiones
Señor Director:
Curiosamente, la glosa presupuestaria sobre gratuidad y lo que se sabe del proyecto de reforma a la educación superior no hablan sobre el sistema de admisiones. Ello es un problema serio que la futura reforma debiera de considerar.
Los estudios muestran que en países en que la educación superior se masifica, esta suele diferenciarse, dejando un sistema de elite selectivo para las clases altas y uno o más sistemas de menor estatus para los demás, como universidades no prestigiosas, IPs y CFTs.
Por ello, es importante generar mecanismos para disminuir la estratificación del sistema. Uno de estos mecanismos es inyectar más recursos a universidades que han tenido menos recursos y por tanto dificultades para mejorar la calidad. Pero otro mecanismo importante se relaciona con el sistema de admisión.
Cuando se mantiene un sistema de exclusión como la PSU, las elites se adaptan al sistema invirtiendo en mejorar sus resultados en la prueba, manteniendo o incluso aumentando la desigualdad. Si las universidades son gratuitas y logran entrar principalmente estudiantes cuyos padres cuentan recursos económicos y culturales, mantenemos la desigualdad y no se hace efectivo el derecho a la educación. Incluso aunque mejoremos la educación preescolar, básica y media, algunos podrán pagar preuniversitarios y clases particulares y otros no, manteniendo la estratificación. Si los estudiantes de menores recursos terminan recibiendo educación de menor calidad, tampoco se garantiza el derecho a una educación de calidad.
Una buena forma de lidiar con dicha exclusión es acompañar la gratuidad con un sistema de admisiones abiertas como las que existen en Argentina y Uruguay, o que existió en la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Dichos sistemas, cuando son acompañados con propedéuticos, realmente logran aumentar la movilidad social de grupos antes excluidos (Attewell y Lavin, 2009).
Obviamente, no es posible generar un sistema de admisiones abiertas en el corto plazo, al menos. Pero hay soluciones para ello. En la Universidad de la Ciudad de Nueva York se hizo un sistema mixto de admisión basado sólo en el ranking de notas, evitando así el efecto segregador de las pruebas estandarizadas. Se dio acceso directo a la universidad al 50% superior de cada liceo o colegio, mientras los demás estudiantes podían ir a los community colleges (similar a un CFT). Pero los CFTs no buscaban sólo dar una carrera técnica, sino que también ofrecían cursos de nivelación para entrar a la universidad, funcionando así como propedéuticos.
Aún con admisiones más equitativas o incluso abiertas, sin dudas, se logra garantizar mejor el derecho a la educación, pero ello no es suficiente para asegurar la admisión de estudiantes de menos recursos.
Cuando se implementó la gratuidad en Irlanda en 1996, aunque las admisiones no eran muy selectivas, los jóvenes de clases trabajadoras no entraron masivamente a la educación superior. La razón principal es que preferían trabajar, dados los otros costos de estudiar (incluyendo vivir lejos muchas veces) y sus necesidades de generar ingresos.
Por ello, la verdadera gratuidad debiera de acompañarse, además de admisiones abiertas o al menos más equitativas, de un sistema verdadero de becas de mantención como existe en países como Suecia o Uruguay. Esperemos que las admisiones y becas de mantención se consideren seriamente en la discusión de la reforma.
Sebastián Guzmán, Profesor Núcleo de Investigación en Educación, Universidad Andrés Bello