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Los zombis vuelven al colegio

por 8 marzo, 2016

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Hace ya décadas que Chile vive una revolución neoliberal en educación. Pero, ya lo sabemos, es como son en Chile todas nuestras rimbombantes (¿ridículas?) revoluciones: a medias, híbridas, cantinfleras, hipócritas y hasta embusteras.

Particularmente, en el caso de la neoliberal, sin ningún sentido por el cultivo de lo común o de lo público. Es nuestro conocido subdesarrollo modernizador y modernizante.

La verdad, se trata de algo no tan difícil de entender si miramos a secas, lo que pasa enfrente de nuestras narices: miles de zombis marcharon por Santiago en la Zombiewalk 2015, Chile importó 10 millones de celulares con una inversión de US$1.540 millones durante el 2015, ingresos extras por tarifa de saturación en autopistas urbanas llegaron a US$45 millones durante el año 2015, crece en un 22% el desempleo entre trabajadores calificados…

Mientras hay razones para molestarse de veras, no importa, miles de zombis seguirán marchando por Santiago: es el triste desamparo en el que está nuestra pobre educación a causa de esta eterna revolución neoliberal en marcha, ayer iniciada por Pinochet, hoy apoyada hasta por el Partido Comunista.

Tenemos un discurso a veces ensordecedor del “vamos avanzando”, “tenemos la mejor educación de América Latina según la OCDE”, o “ranking QS ubica a universidades chilenas en el top ten latinoamericano”, pero al mismo tiempo vivimos una realidad que en vez de disparar nuestra indignación, hace incluso que nuestros intelectuales le canten loas a nuestra modernización vez que pueden, siendo Carlos Peña el mejor ejemplo de esto. Es como el Joaquín Lavín de los intelectuales, simple, facilón, hablando de modernización o de revolución silenciosa porque “le lleva” lavadora, plasma HD y celular inteligente. Lean con atención sus columnas “anticalle” o “antiestudiantes”, por ejemplo, y verán que es cierto lo que digo.

Los zombis vuelven al colegio, inician un año más en su trayectoria curricular en la enseñanza básica o media. Algunos conspicuos ya están preocupados por la disciplina: que el pelo verde, que el piercing, que el uniforme, que todos los mecanismos de control y automatismo que saben de memoria los adultos, para mantener detrás de un muro, la insubordinación, la insolente creatividad, la grosera imaginación, la impertinente pregunta y los argumentos que ensayan un mundo de revés, plebeyo, jacobino.

Es un discurso conservador porque las revoluciones, para mantenerse, necesitan de él, del mismo modo como necesitan atontar a los jóvenes estudiantes. En esto no hay misterio. Fue el mismo Platón el que inauguró el método. Solo que en el caso chileno, parece que lo hemos perfeccionado sin tregua, año a año. La educación pública está por los suelos, y la educación cívica, más abajo de los infiernos subterráneos: corrupción en la Junaeb, escuelas que inician su año escolar –todavía– en containers, gratuidad universitaria con letra chica y sin sentido de derecho, carrera profesional docente sin una visión digna para los profesores, nuevo sistema de educación pública entrampado en el marasmo del financiamiento, ley de inclusión con letra aún más chica, y un largo etcétera que se oculta –repito– por el discurso ensordecedor de las élites y la clase política que sí –por supuesto– tiene buena educación, y buen gusto, y mucha distinción, que malo no está en sí mismo, si es que no fuera sobre la base de una injusticia socioeducativa a veces insoportable. ¿Son, estos, buenos y excelentes temas para discutir en educación cívica? La educación en Chile no discute esto formalmente en las aulas, pues están todos girando en la maquinita del rendimiento.

Los zombis vuelven al colegio, inician un año más en su trayectoria curricular en la enseñanza básica o media. Algunos conspicuos ya están preocupados por la disciplina: que el pelo verde, que el piercing, que el uniforme, que todos los mecanismos de control y automatismo que saben de memoria los adultos, para mantener detrás de un muro, la insubordinación, la insolente creatividad, la grosera imaginación, la impertinente pregunta y los argumentos que ensayan un mundo de revés, plebeyo, jacobino.

Las élites de este Chile neoliberal y conservador se quejan del humor como instrumento político, prefieren su discurso serio, de buen tono, de instituciones que funcionan. Creo que, sin temor a equivocarnos, podemos decir que miran complacientes a los estudiantes cuando marchan como zombis por el puro gusto de ser zombis… es lo mejor. La disciplina pura.

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