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Shock redistributivo

por 10 abril, 2016

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Tiempo atrás organicé talleres para jóvenes progresistas. En una ocasión invitamos empresarios, intelectuales y políticos, de derecha e izquierda. Llamé a dos sobrinos ingenieros para que no se perdieran la oportunidad de escuchar sobre el Chile del futuro.

A la salida nos fuimos a conversar un café. A la pregunta de qué les provocó la experiencia, ambos me dijeron que había sido muy esclarecedora. Concordamos en un diagnóstico de la elite chilena: mientras la derecha se preocupa de crear riqueza, la izquierda se afana en redistribuirla.

Luego de un cuarto de siglo de alianza entre la izquierda y derecha moderadas (poderes fácticos de uno y otro lado ejercían su hegemonía), cuya gobernanza estuvo centrada en la equidad, políticas de crecimiento y redistribución pasiva; la mayoría votante (que es la mitad de la población políticamente habilitada) re-eligió de Presidenta a Michelle Bachelet., más que nada por las virtudes personales que atesoró en su primer mandato,

Nadie puso especial atención a su programa salvo a su aspiración general de enfrentar decididamente las desigualdades. Se instauró una política de shock redistributivo, transitando de la placidez de los tiempos incrementales a un agitado tiempo de transformaciones que ya dura 2 años. Se logró que las empresas y los ricos pagaran más impuestos y que en educación las familias no aporten, progresivamente, a la educación escolar de sus hijos mientras que un porcentaje, probablemente cercano al 50% de los estudiantes de la educación superior, estudien sin costo de aranceles.

Nadie puso especial atención a su programa salvo a su aspiración general de enfrentar decididamente las desigualdades. Se instauró una política de shock redistributivo, transitando de la placidez de los tiempos incrementales a un agitado tiempo de transformaciones que ya dura 2 años.

Estas loables políticas han tenido, eso sí, efectos secundarios indeseables. De un lado se trancó el crecimiento de la economía y de otro comienzan los problemas, típicos de otras latitudes, en cuanto al desfinanciamiento crónico del potencial del sistema educativo nacional.

No menciono otros aspectos de la política del Gobierno actual porque imagino que el cambio al sistema binominal, la igualdad de género, y el aborto caían por su propio peso en una sociedad modernizada y crecientemente libertaria. Respecto de la salud y la previsión, de la seguridad ciudadana y la sustentabilidad ecológica, nada relevante se ha realizado. La nueva Constitución y la transparencia pública atisban más bien una quimera, amañadas probablemente por la negociación entre los intereses partidistas.

Así las cosas es probable que en las próximas elecciones presidenciales venga un giro bonapartista, que ya se avizora en el actual Gobierno “entramos a dos años de consolidación”, y no es casual que las dos figuras de antiguos Presidentes de la época incremental sean las mejor posicionadas. Probablemente el país requerirá exacerbar un shock de crecimiento, incluso como condición de sustentabilidad de la estrategia de la equidad.

bueno, les pregunté capciosamente a mis sobrinos ¿y qué hace la gente de centro? Obvio, respondieron, la fortaleza del centro es su ambigüedad, no cuenta, sino sólo para inclinar la balanza a uno y otro lado, según sus apetitos de poder, por ende, de su autoevaluación de la correlaciones electorales.

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