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¿Hacia dónde va el proceso Constituyente?

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Por: Rafael Rosell Aiquel, Decano Facultad de Derecho Universidad San Sebastián


 

Señor Director: 

José Miguel García, integrante del Consejo de Observadores del Proceso Constituyente, al renunciar a dicha entidad envió al ministro de la Segpres Nicolás Eyzaguirre una carta con un diagnóstico lapidario.

García afirmó que el actual Consejo no tiene los medios para cumplir el mandato de la Presidenta, sobre todo en el rol fiscalizador que debe tener en los encuentros locales. “Existen muchos aspectos del Proceso Constituyente que no han sido aclarados y otros derechamente mal concebidos (…) Hay poco espacio para observar la metodología y el cronograma propuesto,” agregó el ingeniero y empresario.

En paralelo, el presidente del Consejo –el abogado constitucionalista Patricio Zapata– en un foro universitario señaló que el Consejo de Observadores no tiene ninguna facultad legal: “La Presidenta lo nombró, lo puede cerrar, lo puede cambiar o agregar más personas”. En un claro indicio que las cosas no funcionan, Zapata agregó “que si las cosas no iban bien, uno tiene que reconsiderar su participación. A mí no me nombraron para ser un cheerleader del proceso”.

La oposición, por su parte, acusó al Gobierno de que no existen las condiciones para debates imparciales, y llamó a modificar el Decreto Supremo N° 36. Esto gatilló la respuesta del ministro del Interior, quien destacó el interés de la Presidenta a que el Proceso Constituyente fuese un ejercicio de participación robusta “en que todos estén presentes”.

No se debe olvidar que la propia mandataria, cuando describió en cadena nacional el rol de los diálogos ciudadanos, señaló que éstos debían entregar las bases para una nueva Carta Fundamental. Y para asegurar que los diálogos se realizaran transparentemente, se iba a constituir el denominado Consejo de Observadores.

Si asumimos que el Ejecutivo está liderando el proceso y que los observadores no tienen atribuciones para establecer condiciones mínimas para un debate pluralista, todo indica que los denominados diálogos ciudadanos terminarán degradándose en un debate estéril.

Si asumimos que el Ejecutivo está liderando el proceso, que los observadores no tienen atribuciones para establecer las condiciones mínimas para un debate pluralista, lo cierto es que todo indica que los denominados diálogos ciudadanos van a terminar degradándose en un debate estéril y puede, como señala Slavoj Zizek, convertirse todo el proceso en un botón de cerrar la puerta del ascensor: “Es un hecho bien conocido que el botón para cerrar la puerta de la mayoría de los ascensores es un placebo totalmente inútil, puesto ahí solo para darle a la gente la impresión de que participa de algún modo y contribuye a acelerar el viaje en ascensor: cuando apretamos ese botón, la puerta tarda exactamente el mismo tiempo en cerrarse que si apretamos el botón del piso sin tratar de acelerar el proceso apretando también el botón cerrar la puerta”, decía el autor.

Esperemos que lo que estamos viviendo en materia de reforma constitucional y participación ciudadana no sea este botón.

Rafael Rosell Aiquel, Decano Facultad de Derecho Universidad San Sebastián

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