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Situación de los estudiantes sordos en Chile

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Por: Josefina Rivas Aylwin, estudiante de Sociología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.


 

Señor Director:

Los niños y niñas sordos/as enfrentan una discriminación aberrante en el sistema educativo chileno. En efecto, según el decreto 86 del año 1990, dispone que los estudiantes sordos/as sólo pueden asistir a colegios especiales hasta sexto básico y luego sus opciones se reducen a trasladarse a un instituto técnico o a un colegio de integración. Ha habido excepciones, como el colegio especial para estudiantes sordos Dr. Jorge Otte, que ha comenzado a impartir clases de educación media, pero aun así, esos años de educación no son reconocidos por el Estado (teniendo que convalidar sus estudios con exámenes libres) y sólo recibe el 75% de la subvención que les corresponde.

Esto es dramático ya que los estudiantes sordos, debido a su condición, se comunican con un lenguaje propio (la lengua de señas), con el cual pasan a formar parte de una comunidad, en la que comparten una cultura, una historia y una identidad propia. Obligarlos a cursar la media en un colegio de integración donde sólo un porcentaje de las clases se imparten en señas, los lleva a un profundo desarraigo, frustración, sensación de aislamiento y les dificulta su aprendizaje.

Estos niños y niñas tienen derecho a recibir una educación de calidad en su propio idioma, lo que hace que sea indignante, triste y sinsentido, que sus capacidades, habilidades, sueños y motivaciones se vean frustradas por culpa de una ley que no les permite optar por la educación que necesitan.

Recordemos que actualmente la discapacidad se entiende como un problema social, en el que interactúan factores personales y del contexto. Lo que significa que una limitación (física, sensorial o cognitiva) no necesariamente es una discapacidad, sino que se transforma en una cuando la sociedad no les entrega a las personas las oportunidades para desarrollarse. Esto es lo que ocurre en Chile con las personas sordas, donde su condición (que solamente debería traducirse en el empleo de un lenguaje distinto) se transforma en una discapacidad, debido a las trabas que la sociedad les impone, siendo una de estas el no poder conservar sus colegios hasta cuarto medio. Urge, entonces, cambiar ese decreto obsoleto y permitir y fomentar una educación que se ajuste a las necesidades especiales de los niños. Lamentablemente, la reforma educacional del gobierno no recoge esta realidad, ya que ha puesto el acento únicamente en las desigualdades socioeconómicas, obviando que la igualdad no se alcanza solamente con eso.

Josefina Rivas Aylwin.
Estudiante de Sociología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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