martes, 19 de octubre de 2021 Actualizado a las 11:51

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Movilizarnos es construir una nueva Educación Pública para Chile

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El pasado sábado 28 de mayo, Confech decidió llamar a un paro indefinido a nivel nacional. Esto, dado que el gobierno de la Nueva Mayoría, ad portas de ingresar su proyecto de Ley de Reforma a la Educación Superior, da señales cada vez más claras de dejar totalmente fuera áreas centrales para construir una Nueva Educación Pública para Chile –la estructura del financiamiento, por ejemplo, no estaría siendo transformada–, y de dejar a un lado a la ciudadanía y actores sociales que durante casi una década han impulsado la necesidad de conquistar nuestros derechos y alcanzar una sociedad democrática. Es de suma importancia que como estudiantes nos hagamos parte de este llamado, puesto que construyendo una educación pública, gratuita y de calidad, estamos dando pasos firmes hacia un país justo e inclusivo.

El horizonte de una reforma a la educación superior en Chile debe ser el de responder a la realidad, necesidades e intereses de su contexto y el ser construida entre todos y todas. Eso ha sido, de hecho, lo que ha sostenido ya una década de movilizaciones.

En general, consiste en cambiar la lógica del sistema educacional, desde uno en que se entiende como mero bien de consumo, a uno donde se le comprenda como un derecho social y como un ámbito que nos compete a todos por igual.

En lo concreto, esto requiere pensar mecanismos de aporte directo de financiamiento que superen la lógica de competencia por recursos, y fortalezca la capacidad de proyección a largo plazo, así como la colaboración entre instituciones.

Por otra parte, la implementación de la gratuidad universal permite materializar la noción de derecho social en una política pública, así como contribuir a alterar la perniciosa realidad de Chile, donde distintos tipos de educación están irremediablemente ligados con la capacidad de pago.

Obviamente los plazos de la puesta en marcha de la gratuidad –de acuerdo a la realidad el país, capacidad concreta, entre otros– pueden discutirse, pero el consenso al que hay que llegar ahora es acerca de su fondo.

Del mismo modo, es imperioso el establecimiento de un marco normativo que establezca reglas claras e iguales para el sistema en su conjunto. En el último tiempo, hemos visto cómo la ausencia de estas reglas –y la fiscalización de su cumplimiento– ha redundado en que precisamente los y las estudiantes más vulnerables sufran las consecuencias de las llamadas “Universidades fantasmas”.

Lamentablemente, el gobierno no ha estado a la altura de dichos requerimientos. Probablemente la mezcla entre la dependencia a los grandes poderes económicos de nuestro país, así como la incapacidad de construir acuerdos dentro de su propia coalición, redundan en que, hoy por hoy, la reforma educacional esté envuelta en un halo de incertidumbre e insuficiencia.

En primer lugar, porque no es posible tener una claridad de los plazos (se prometió presentarla dentro de los primeros cien días de gobierno, ahora iba a ser presentada el 21 de mayo pasado y fue aplazada a junio).

Segundo, porque según se ha comunicado, no habrá modificaciones estructurales al financiamiento: lo que implica que la lógica individualista y de competencia seguirá imperando, pues no existirán aportes basales a las universidades.

El gobierno no ha estado a la altura de dichos requerimientos. Probablemente la mezcla entre la dependencia a los grandes poderes económicos de nuestro país, así como la incapacidad de construir acuerdos dentro de su propia coalición, redundan en que, hoy por hoy, la reforma educacional esté envuelta en un halo de incertidumbre e insuficiencia

Tercero, porque existen sectores “progresistas” –dentro de la Nueva Mayoría, como también el mismo rector de la Universidad de Chile– que han manifestado la posibilidad de que exista “lucro regulado” en la educación superior.

Esto último es particularmente sensible, puesto que, además de evidenciar la ausencia de cualquier horizonte a largo plazo que pretenda refundar la educación en Chile, nuevamente abre la posibilidad a que existan distintos tipos de educación por origen socioeconómico.

Así –tal y como ha pasado todos estos años– los estudiantes más vulnerables se verán obligados a “escoger” aquellas instituciones que prioricen su enriquecimiento por sobre una mejora en calidad docente, investigación, pluralismo, extensión y participación de la comunidad. Esto no es una predicción “fatalista”, es simplemente lo que ha pasado en las últimas décadas.

Como se ha dicho repetidas veces el último tiempo, han pasado diez años desde el estallido de las “movilizaciones pingüinas”. De ahí en adelante, se ha ido profundizando el anhelo en la sociedad por la conquista de una Nueva Educación Pública, de la educación como derecho social.

El gobierno, una vez más, ha optado por dar un portazo al Movimiento Estudiantil, no escuchar nuestras demandas, y reprimir nuestras manifestaciones. Los últimos días, liceos, facultades y universidades han llamado a comenzar un proceso de movilización nacional, con el ánimo de hacerse cargo de las necesarias transformaciones que ya no pueden esperar.

Es decir, construir de manera democrática un proyecto educativo y de sociedad que responda a la realidad, intereses y necesidades de las grandes mayorías, y no únicamente a una elite reducida, como es hoy.

Hoy el Movimiento Estudiantil ha presentado una nueva propuesta, un petitorio con demandas claras y específicas que han sido discutidas durante muchos años por todos y todas las estudiantes de Chile. Hoy nos toca movilizarnos por esta propuesta, para que sea escuchada y tomada en cuenta de una vez por todas.

Las iniciativas que en la UC se han impulsado en uso de espacios, género, subcontrato y condiciones laborales, democracia en las organizaciones estudiantiles y espacios académicos, orientación del conocimiento y bienestar, dan cuenta de este mismo esfuerzo, y es crucial que como estudiantes tengamos un rol activo, en conjunto con todos los actores de nuestra comunidad.

Es de una importancia central que nos sumemos a dicha iniciativa, puesto que es nuestra oportunidad de tomarnos el protagonismo, darle un remezón al curso de la historia y comenzar a construir otro Chile.

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