El desastre de Amatrice y nuestro propia realidad
Señor Director:
El reciente terremoto en Amatrice, Italia, nos recuerda, al menos a algunos, nuestra propia situación en relación a los desastres, y especialmente las desgracias sufridas en los terremotos ocurridos desde la publicación de esta columna hacia atrás.
Sin duda que la violencia del terremoto de magnitud 6,2 Richter no se condice con la afectación que ha tenido en Chile un terremoto de esa magnitud, que para nosotros no pasa de ser un temblor fuerte y literalmente “no pasa nada”. La respuesta a eso entre otros tiene que ver con el propio movimiento sísmico y su profundidad, topografía, el tipo de terreno, tema que puede ser mucho mejor explicado por los especialistas en terremotos, pero fundamentalmente el daño causado está relacionado con aspectos de exposición y vulnerabilidad.
El riesgo es una probabilidad compuesta por dos factores, la amenaza o peligro y la vulnerabilidad, Lo voy a explicar de la siguiente manera:
Nadie en su sano juicio se acercaría a un león porque se reconoce que ese animal es muy peligros, aunque lo encerremos, el león seguirá siendo peligroso, es intrínsecamente peligroso, al igual que los volcanes y los terremotos, con la diferencia que a estos no los podemos encerrar. Por otra parte, están las personas, si nos acercamos a un león, quedaremos expuesto a que este haga lo que su naturaleza indica, es decir, atacarnos y finalmente devorarnos. Al exponernos a un león, es posible nos hiera, o nos mate. Que tanto nos pase a nosotros frente a ese peligro, va a depender que tan vulnerables estamos frente al león. Por lo tanto, y conforme al ejemplo anterior, el riesgo es la probabilidad que exista una amenaza (el león) y que cause daño (a las personas expuestas).
Las amenazas existen en la naturaleza, al igual que leones o todo tipo de animales peligrosos, tenemos terremotos, volcanes, remociones en masa, etc, y otras amenazas que son causados por los seres humanos; incendios, derrames de residuos químicos, terrorismo etc. Lo que no existe en la naturaleza es el riesgo, porque para que se configure el riesgo, necesariamente las personas deben estar expuesta a alguna amenaza y ser dañados. De la misma forma que acercarme a un león aumenta la probabilidad de riesgo, vivir bajo un volcán también.
Pero no todo es tan malo, siguiendo con el ejemplo, si al león nos acercamos protegidos con una armadura de acero, la probabilidad que el animal nos cause algún daño bajará muy fuertemente, porque se entiende que la armadura impide la penetración de colmillos o garras, por lo tanto no logrará herirnos o engullirnos, a pesar de que nosotros seguimos estando expuesto al peligroso león.
La armadura ha hecho que la vulnerabilidad disminuya, por lo tanto el riesgo se ha reducido o mitigado. La armadura entre el león y la persona, es lo que se denomina capacidad, y es ese factor es el que determina, en este caso la menor vulnerabilidad de nosotros ante ese inminente peligro.
Para que exista el riesgo igual a cero, la amenaza y las personas nunca deben juntarse. En la realidad de nuestro país eso es imposible, ya que no podemos eliminar los terremotos, tsunamis, volcanes, etc., por lo tanto la mayoría de las veces estaremos expuestos a esas amenazas, es decir con más o menos riesgo. Lo que debemos hacer entonces basado en esa realidad, es aumentar el conjunto de capacidades requeridas (la armadura entre el peligro y la persona) que requieren las personas expuestas de manera de mitigar o reducir el riesgo que significa estar permanentemente expuesto a una diversidad de amenazas.
Precisamente, la falta de capacidad ante los terremotos es la causa raíz del desastre ocurrido en Amatrice, donde principalmente destacan la fragilidad de las edificaciones, la falta de planificación territorial y una deficiente cultura de protección civil que tome en consideración los factores de riesgo, y también, tema para más adelante, que tan efectivos fueron los equipos de respuesta ante emergencias y las planificaciones que los coordinan.
El proyecto de ley que crea la nueva institucionalidad en Gestión de Riesgo de Desastres en Chile camina hoy hacia el sexto año de trámite en el Congreso y nada parece que detenga ese caminar, excepto otro desastre, que podría alterar este derrotero.
Es ese proyecto el que generará en todos los niveles del Estado, Ministerios, servicios relacionados e incluso privados, la creación sistematizada de un conjunto de capacidades nuevas (la armadura de Chile ante amenazas), tales como la institucionalidad, políticas, planificaciones, presupuestos, funciones especializadas, ordenamiento territorial, mapas de riesgo, sistemas de información para emergencias, recursos humanos etc. que permitirá en el país mitigar los riesgos existentes ante tanta amenaza a la cual todos los ciudadanos estamos expuesto y que ante la ausencia de esta, sin duda que seguiremos más vulnerables.
Solo la creación e integración del conjunto de planificaciones mencionadas en el proyecto de ley, que abarca toda la estructura del Estado y privados, base para el desarrollo y coordinación de las capacidades requeridas para enfrentar las amenazas es de una alta complejidad, lo que requerirá no menos de un año y medio para realizarla una vez aprobada la ley y elaborado el reglamento. Es decir, desde que se apruebe la ley, en un escenario optimista, seis meses más para el reglamento y otro año y medio para elaborar las distintas planificaciones.
¿Cuantos desastres más debemos soportar los chilenos sin un cambio sustantivo a la actual situación?
Mientras más se atrase ese proyecto, las capacidades que se generen solo serán las que la actual institucionalidad permite, lo que sin duda nos mantendrá en una precariedad importante en cuanto a las reales necesidades que requieren los chilenos para mitigar los riesgos a los cuales hoy, mañana y quizás hasta cuando, la burocracia de nuestros congresistas nos tiene cautivos.
Rodrigo Ortiz, Director Ejecutivo GRD Consultores