¿Voto obligatorio?
Señor Director:
Considerando el escenario de alta abstención electoral evidenciada en las recientes elecciones municipales, que a nivel nacional llegó a un promedio del 65%, en la clase política han surgido algunas voces que plantean restablecer la obligatoriedad del sufragio, solucionando así, sin mayores inconvenientes, el problema de la falta de participación ciudadana en procesos electorales.
Si bien es cierto es una preocupación de la que todos los sectores políticos y la sociedad en su conjunto deben hacerse cargo, volver al voto obligatorio no es la solución. Puede ser una alternativa tentadora por lo fácil de resolverse: un proyecto de ley y su aprobación. Ello no es tan descabellado, teniendo presente que el Gobierno tiene mayoría parlamentaria en ambas ramas del Legislativo, aunque otra cosa muy distinta es el actual nivel y dinámica de las relaciones políticas que sostiene con las distintas bancadas. Sin embargo, el problema es mucho más de fondo que una ley, y tiene que ver, entre otros fenómenos, con una desconfianza generalizada de la población con las instituciones fundamentales para la vida en sociedad: Gobierno, Congreso Nacional, Partidos Políticos y Poder Judicial.
De este modo, el voto obligatorio lo único que tendrá por objeto es forzar a los electores a concurrir a las urnas, y de este modo elegir y renovar autoridades. Pero en ningún caso servirá para tener más y mejor democracia. El esfuerzo requerido es mucho más grande que un simple proyecto de ley: necesita un acuerdo político transversal, que involucre a todos los actores de la escena nacional, así como también a la sociedad civil, para devolver a la ciudadanía la confianza perdida.
Leopoldo Ramírez Alarcón