Diplomacia y género
Señor Director:
A lo largo de la historia las mujeres se han enfrentado a severas barreras legales, culturales, sociales y económicas para poder disfrutar de los mismos derechos y oportunidades que los hombres. Sólo a finales de los 50 se otorgó a las chilenas el derecho a voto, a partir de entonces y sólo gracias al esfuerzo de muchas mujeres, las barreras que impedían la equidad de género se fueron flexibilizando. Una de las áreas en las que entró la mujer desde entonces es el mundo de la diplomacia. Un mundo que por muchos años fue de dominio masculino y en el cual hoy, es políticamente correcto hacer referencia a la “igualdad de género”, pero donde persisten una serie de reglas no escritas que obstaculizan el avance hacia la plena incorporación de la mujer en la diplomacia.
Para muestra un pequeño botón. Pese a todos los protocolos de acuerdo suscritos por nuestro país en materia de igualdad de género en diversos foros internacionales en los últimos años, el lenguaje utilizado en el Servicio Exterior chileno es androcéntrico y sexista. Convengamos en que pensamiento y lenguaje se desarrollan en una continua influencia recíproca, el lenguaje es un instrumento de creación y expresión del pensamiento, es el sistema que emplea el ser humano para comunicar a otras personas sus sentimientos e ideas. Por tanto, el lenguaje transmite los conceptos y juicios; el lenguaje es un sistema de comunicación inserto en una situación social. Finalmente, a través del lenguaje se transmiten los modelos culturales y valores de una sociedad.
En este contexto, aun cuando nuestras autoridades han incorporado la perspectiva de género a su lenguaje, tratando de evitar el “masculino genérico” que invisibiliza a las mujeres, seguimos manteniendo un escalafón interno donde sólo existe lo masculino. Legalmente, han señalado, no se puede cambiar aún, por ello sólo existen Terceros, Segundos y Primeros Secretarios, Consejeros, Ministros Consejeros. Esto es posible hasta hoy porque muchas se siguen viendo a sí mismas “desde los ojos masculinos”, cambiarlo es una tarea de todos y todas, un proceso que se realiza por socialización, la antigua mirada masculina debe abandonarse.
En consecuencia, se trata de aprender y aprehender un nuevo idioma, que nos identifique y que dé cuenta que las mujeres estamos presentes activamente en la política exterior.
El lenguaje no solamente describe el mundo: también lo construye, y es un vehículo del pensamiento. Se puede entender que cambiar el lenguaje por decreto tiene sus dificultades, pero cabe preguntarse por qué no se ha hecho a nivel institucional un cambio en el uso del mismo.
Las universidades chilenas y la Corte Suprema, desde principios del siglo XXI reconocen las profesiones con perspectiva de género. Hoy se titulan abogadas, arquitectas, etc. en tanto, la Academia Diplomática de Chile sigue entregando títulos que mantienen el masculino genérico.
El acceso de la mujer a profesiones, oficios o cargos que durante mucho tiempo estuvieron reservados para los hombres ha generado un cambio significativo en la aceptación de la diferenciación de género. Somos iguales en la diferencia.
En el mundo de hoy, la diplomacia requiere de visión donde no sólo los hombres son la medida de todas las cosas, y los valores masculinos no son los únicos correctos. El aprendizaje y la experiencia que las mujeres tenemos para aportar desde nuestra propia perspectiva no sólo son válidos, sino que constituyen un enorme valor agregado para nuestro servicio, el Ministerio de Relaciones Exteriores y para el país.
María Soledad Morales Echeverría
“Primera Secretaria”
Servicio Exterior de Chile