Trump y los autodefinidos auténticos norteamericanos
Señor Director:
El triunfo de Donald Trump deja en evidencia una realidad en el campo de la política actual donde se constata que el sistema de partidos, que dominó a lo largo del siglo XX, está obsoleto. Un contexto donde éstos, en un afán de sobrevivencia, apuestan por buscar figuras como la de Donald Trump, para captar el voto y así garantizar su rol en el sistema democrático.
La imagen de Trump, polémica, desde sus inicios como magnate de la industria televisiva, se mantuvo y agudizó a lo largo de la campaña presidencial. Periodo en el cual demostró su conocimiento comunicacional y conquistó de manera sorprendente a un público decepcionado de la política y sus representantes, ávidos de líderes carismáticos.
Uno de los principales puntos de disputa estuvo vinculado al estereotipo del inmigrante criminal, que levantó chispas en el mundo occidental. Sus declaraciones en el primer debate en torno a la “ley y orden” como solución a los problemas sociales, molestaron de manera especial a la población estadounidense de origen hispano y africano.
Declaraciones que, sin embargo, actuaron como mecanismo de cohesión social en los autodefinidos auténticos norteamericanos. Ciudadanos donde el imaginario de ser blanco, protestante y anglosajón, se identifica con las propuestas de Trump.
Identificación con la cual logró obtener confianza en su figura, carismática y enérgica con la capacidad de actuar y cumplir cada una de sus promesas electorales, que a la larga, mantiene la esperanza de calmar el descontento con el sistema de partidos y el descrédito de los políticos.
La figura de Trump emergió como un liderazgo inesperado para el voto conservador, capaz de dar unidad a una nación donde la estructura de la misma es fragmentada y diversa.
Carolina Pinedo Henríquez
Periodista y académica de la Universidad Andrés Bello