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Trump y Chile

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Por: Gastón Pérez


Señor Director:

Llegó a zancadas, sin pedir permiso, con sorpresa, caos, incertidumbre y por último la creación de un nuevo escenario. Nadie puede negar lo terrible de la elección de Donald Trump como Presidente de Estados Unidos, ya sea por su racismo, xenofobia, misoginia o desprecio por el medio ambiente… Sin embargo, es necesario no caer en la caricaturización, para entender las motivaciones de quienes lo eligieron y así desde la realidad chilena, basada en el mismo modelo, prevenir la aparición de estas figuras populistas.

El fenómeno Trump se nutrió de demandas y sentimientos ignorados por largo tiempo, compartidos por Chile, como el rechazo al control de la economía que ejercen los bancos y sus permanentes rescates, a los especuladores financieros, al reparto del poder político tal juego de pelota entre dos coaliciones corruptas,a la desconfianza con los medios de comunicación, al neoliberalismo, nepotismo y a la muerte de la industria nacional, entre otras.
Es así como en el país fundador del capitalismo, hemos visto aflorar numerosas protestas desde la crisis de las hipotecas subprime y una creciente crispación social, junto con la proliferación de numerosas ideas conspirativas que descargan en poderes ficticios la sensación de injusticia y utilización de las masas.

Los medios de comunicación por su parte no ayudaron, denostaron al ciudadano común, plantearon la situación como el “anticristo elegido por hombres blancos ignorantes sin estudios”. Sin tratar de entender, demonizaron y se burlaron del fenómeno, seguidos por hordas de gente progresista apuntando en redes sociales la falta de educación de sus simpatizantes y el peligro que representaba para este sistema frágil y “perfecto”. En Chile, los medios y opinologos adherimos con ellos, los mismos que encolerizados claman contra el monopolio, la colusión, las AFP… disparaban por la idiotez de esa gente que se planteaba elegir fuera de lo ofrecido por los dos conglomerados, sin entender nada hicimos eco del miedo y defendimos lo que atacamos todos los días.

El escenario estaba dispuesto y allanado, el desamparo latente encontró respuesta en los discursos demagógicos de Trump, correspondiendo a nuestro defecto humano inherente de culpar, cuando somos violentados, al más cercano y débil (“flaite” en el caso domestico). La olla de presión erupcionó en el discurso facilista anti-inmigración, amplificando la ira en un país donde la injusticia y corrupción están a la orden del día.
Cabe preguntarse entonces, es tan malo Trump, sí lo es y queda esperar que la sociedad estadounidense sepa contener sus arrebatos para que ojalá, todo quede más o menos igual. Que nos queda para el resto y Chile, desvelar el sentimiento primario de cansancio con el establishment, luchar contra los excesos del neoliberalismo desatado y ser capaces de formular nuevos proyectos más inclusivos.

Gastón Pérez

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