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Los viejos de la foto

por 15 diciembre, 2016

Los viejos de la foto
Hay que ser drástico, de una vez por todas. Si no, la agresión simbólica seguirá dando pie para la agresión real, entonces, de tanto en tanto, tendremos que seguir retorciéndonos con femicidios y agresiones contra las mujeres, mujeres que pueden ser tu madre, tu abuela, tu pareja, tu amiga, ¡tu hija!...
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Empresarios y políticos, Pepsi y Coca-Cola, todos juntitos posando para la foto. Todos, para más remate, riéndose del chiste, impresentable, ordinario, rasca, de una muñeca inflable para “estimular la economía”. Me da náuseas y, sobre todo, vergüenza de género. Náuseas por lo evidente, pero también lo que se esconde en el fondo de todas estas reuniones: ¿por qué razón los políticos tienen que pasearse de cena en cena con el empresariado?, ¿a quién deben consentir?, ¿qué intereses representan?

Es rasca, es impresentable. Y sí, es para exagerar. De hecho, debiese haber una legislación que regule este tipo de idioteces. Ley Fantuzzi podría llamarse. Debería legislarse porque creo que también existe la agresión simbólica, que en muchos casos es igual de dañina que la agresión real, pues es la agresión que se instala como naturalización de las cosas. Y eso, finalmente, se percibe como normal en una sociedad. Si no fuera así, ¿entonces por qué a nadie, ni a Fantuzi ni al comité “creativo”, se le pasó por la cabeza que no era para nada gracioso regalar una mujer de plástico que se debía estimular?, ¿por qué ni ministros ni candidatos alzaron la voz y, en cambio, rieron del chiste idiota, siendo cómplices de la agresión

Simple: es así porque naturalizamos una visión. He ahí la profundidad de la agresión simbólica. Vivimos en una sociedad patriarcal y molecularmente machista, en una estructura social levantada para que el hombre siempre aparezca como triunfador, un tipo de imagen dura y agresiva, que debe pasearse en el automóvil último modelo y “acceder” a mujeres perfectas, siendo cómplices de la mercantilización del cuerpo y del placer, cosificando a la mujer y reduciéndola a mercancía. Qué más grafico de esta visión que la fotografía misma: empresarios y políticos, todos machos blancos, ninguna mujer alrededor. El estereotipo del macho ganador riéndose de la mujer que, para ellos, se debe estimular. ¡Qué horror!

Señor Fantuzzi, su chiste me da náuseas. Señores políticos, su complicidad es vomitiva. Ínflense ustedes y salgan a volar por ahí. Después se quejan de la desafección de la gente. ¡Jódanse!

La foto dice mucho más de lo evidente. Ahí está el estereotipo de machos mutilados emocionalmente, podemos verlos: agasajándose con regalitos idiotas. Como ellos, muchos. Crecimos en un país de hombres mutilados emocionalmente: se nos entrena para ganar, no para vivir no más, así como juega el niño sin saber que juega o canta el pájaro sin saber que canta. El solo mencionar esta realidad se considera como una disminución de virilidad. ¡Qué tontera! Ya basta de aceptar ese rol masculino estereotipado que se nos impone por osmosis. Por eso: no más muñecas inflables ni chistecitos huevones contra las mujeres.

Hay que ser drástico, de una vez por todas. Si no, la agresión simbólica seguirá dando pie para la agresión real, entonces, de tanto en tanto, tendremos que seguir retorciéndonos con femicidios y agresiones contra las mujeres, mujeres que pueden ser tu madre, tu abuela, tu pareja, tu amiga, ¡tu hija!

Señor Fantuzzi, su chiste me da náuseas. Señores políticos, su complicidad es vomitiva. Ínflense ustedes y salgan a volar por ahí. Después se quejan de la desafección de la gente. ¡Jódanse!

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