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Ricardo Lagos no eres tú, son ellos

por 4 enero, 2017

Ricardo Lagos no eres tú, son ellos
El Ricardo Lagos que ahora se proyecta no remite a su dedo acusatorio contra la injusticia, los abusos y las arbitrariedades de la dictadura. Hoy pertenece a la elite del país, una elite que se percibe conformada por políticos y empresarios, que se financian mutuamente buscando beneficiarse de su posición privilegiada, sin importarles si con ello afectan o atentan contra los derechos de los otros. Una elite asociada a las malas prácticas, los abusos de poder, la colusión, la corrupción y, sobre todo, a un profundo desinterés en el ciudadano de a pie.
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Parto por reconocer la profunda admiración que en mi adolescencia sentía por Ricardo Lagos. En plena dictadura, el día que su índice apuntó a Pinochet, junto con explicitar su coraje, dejó ver una profunda convicción democrática, la cual parecía por sobre el bien y el mal.

En el maniqueísmo de la dictadura él representaba una especie de superioridad moral, una ética política a toda prueba. Según el parecer de muchos, me incluyo, para el Chile que luego despuntaría tras esos años obscuros, don Ricardo Lagos, líder moral e intelectual, hombre de clase media, institutano, y meritócrata por antonomasia, era lo que Chile necesitaba.

Así las cosas, voté por él siempre que se presentó a un cargo de elección popular y apoyé hasta el último día su gobierno. En rigor, apoyarlo hasta el fin de su mandato no era particularmente novedoso, pues dejó La Moneda con un 59% de aprobación ciudadana, según la encuesta CEP de noviembre de 2005. De hecho, en marzo del 2006, recién saliendo de La Moneda, todo hacía suponer que la vuelta de Ricardo Lagos a Palacio solo dependería de sus deseos.

¡Sí!, se despidió con un 59% de aprobación ciudadana hace solo 10 años. Y resulta que hoy, cuando el mismo Ricardo Lagos está de vuelta queriendo conducir el país, ese mismo porcentaje de personas señala que definitivamente no votaría por él (ver serie de encuestas Criteria agosto-enero).

Sin duda, esta deriva ciudadana debe resultarles muy desconcertante al ex Presidente y su equipo. Lo acuciante de este desconcierto está en la imposibilidad de darle sentido al hecho, de saber cómo interpretarlo. Cómo es que en la ciudadanía se produce un giro en 180 grados en la valoración de una misma persona. Al igual que el trabajador apreciado por años en su empresa que de pronto es despedido, o el cariñoso marido que de un día para otro es abandonado, no se logra asimilar el impacto de la noticia, negándola primero y enrabiándose después. ¿Cambió Ricardo Lagos o la ciudadanía ya no es la misma?

No eres tú, es ella. La que ayer te aplaudió y hoy te responsabiliza por las deudas que arrastra por estudios superiores de calidad opaca, por tener que padecer a diario el Transantiago o por el cobro abusivo de autopistas congestionadas.

Por mucho que se insista en que estamos frente a un nuevo Lagos, la que cambió fue la ciudadanía y este cambio alteró la valoración del ex Mandatario. Sucedió en estos 10 años en los que, a los ojos de la población, fue desapareciendo el Lagos meritocrático, cuya superioridad moral e intelectual lo habilitaba para girar el timón sin que se le cuestionara, dando paso a nuevo Ricardo Lagos en el imaginario nacional.

El Ricardo Lagos que ahora se proyecta no remite a su dedo acusatorio contra la injusticia, los abusos y las arbitrariedades de la dictadura. Hoy pertenece a la elite del país, una elite que se percibe conformada por políticos y empresarios, que se financian mutuamente buscando beneficiarse de su posición privilegiada, sin importarles si con ello afectan o atentan contra los derechos de los otros. Una elite asociada a las malas prácticas, los abusos de poder, la colusión, la corrupción y, sobre todo, a un profundo desinterés en el ciudadano de a pie.

Desde esta pertenencia a un grupo en el que la ciudadanía no confía (ver encuesta Confianza Criteria 2013), su gobierno es cuestionado tanto en la legitimidad de sus intenciones como en los objetivos finales de sus acciones.

No eres tú, ex Presidente, es ella. Esa ciudadanía que podría perdonar una mala gestión del CAE o un mal diseño del Transantiago, pero que ya no está dispuesta a conceder que esas políticas estuvieron al servicio de las personas y no de distintos grupos de interés.

No eres tú, es ella. La que ayer te aplaudió y hoy te responsabiliza por las deudas que arrastra por estudios superiores de calidad opaca, por tener que padecer a diario el Transantiago o por el cobro abusivo de autopistas congestionadas.

Creo que tanto Ricardo Lagos como su gobierno serán juzgados con más luces que sombras en los libros de historia. Pero observando a la opinión pública, también creo que en esta pasada el poder de su dedo no alcanzará para tapar el sol.

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