jueves, 28 de enero de 2021 Actualizado a las 00:04

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Participación política

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Grandes dificultades para refichar a sus antiguos militantes han tenido los partidos. Los parlamentarios aprobaron una Ley cuyo contenido objeta los padrones de militantes históricos por supuestas irregularidades. Ello, en la práctica, significó una suerte de demérito respecto a la constitución y funcionamiento de los partidos como la hemos conocido hasta ahora. Lo hecho fue el resultado del espanto que produjo la corrupción derivada de las llamadas boletas ideológicamente falsas y de los delitos de cohecho y soborno a políticos activos. Tan poderosa fue la onda expansiva de tales hechos, que bajo el aparente propósito de corregir el mal, se auto castigaron y también a sus instituciones, disponiendo el refichaje de toda su militancia.

Esta tarea se está cumpliendo apenas. Colectividades políticas de cien mil militantes históricos, apenas han logrado refichar diez mil o veinte mil militantes. ¿Significa aquello que todo lo actuado, desde la constitución de los partidos políticos, a partir de la ley dictada por la dictadura, fue un fraude? No. No hubo fraude alguno. Esos militantes históricos fueron verdaderos y en su mayoría valientes. En aquellos años se hizo un trabajo muy profundo y de dedicación diaria que, en un año permitió reunir las firmas de cuarenta mil a ochenta mil militantes, según cual fuere el partido político de que se tratara.

¿Porque los militantes históricos, hoy no se han refichado?. La razón es una sola, hay una crisis política que afecta profundamente a los partidos. Estos han dejado de ser la correa de transmisión de las inquietudes y demandas del pueblo y se han encastillado en sus propias y bizantinas disputas. Mientras el mundo marcha hacia una nueva sociedad, producto de un evidente cambio de época y de paradigmas, que busca incorporar a las grandes mayorías altamente informales en el debate y resolución de los problemas más acuciantes; los partidos políticos no han establecido espacios permanentes de participación activa para que sus militantes y adherentes puedan intervenir en la toma de las decisiones.

La democracia representativa dio sus frutos, pero no puede ser reemplazada por una democracia plebiscitaria. Aunque sí deben realizarse ajustes muy serios al funcionamiento orgánico de la representación democrática. Una vez elegidos los representantes populares, bien sea en el Parlamento o en los órganos de decisión de los partidos políticos, se produce un distanciamiento entre la militancia y sus representantes. Estos creen estar investidos de un poder suficiente para tomar todo tipo de decisiones, en los problemas más importantes, sin necesidad de consultar nunca las opiniones de sus representados. Esto podría tener explicación en épocas pasadas. En sociedades jerarquizadas, patriarcales y aristocratizadas. Pero ahora, cuando el mundo se ha abierto y la tecnología ha avanzado hacia límites antiguamente inimaginables, nada justifica que se siga practicando una democracia aparentemente representativa, sin ingredientes significativos de participación de la militancia de los partidos y, en general, de las ciudadanía del país, que conforman la comunidad de la cual se es parte y a la cual se deben los representantes populares o partidarios.

Materias tan importantes, como una nueva Constitución Política y sus contenidos generales, o el derecho a la vida, versus la autonomía absoluta de las mujeres en la procreación, o el carácter del matrimonio, monogámico o de otro tipo, son cuestiones que nunca se han consultado a las bases.

Los razonamientos precedentes, se enderezan a examinar un tema que es de actualidad: Partidos Políticos Históricos, en mayúscula porque han sido constructores de Chile, que tienen que tomar decisiones sobre las próximas elecciones presidenciales, sobre primarias, primera vuelta, si se lleva una candidatura sólo a las elecciones primarias de las combinaciones políticas o bien se decide participar derechamente con candidatos propios en la primera vuelta presidencial, son todas decisiones de las cuales no pueden estar ausentes las voces de la militancia de base. La consulta a las bases o la realización de plebiscitos para definir estos tópicos, no puede eludirse. Convocadas las bases a participar en consultas populares, de por sí se produce un escenario de efectiva movilización política y social.

Materias tan importantes, como una nueva Constitución Política y sus contenidos generales, o el derecho a la vida, versus la autonomía absoluta de las mujeres en la procreación, o el carácter del matrimonio, monogámico o de otro tipo, son cuestiones que nunca se han consultado a las bases.

Adoptar decisiones vitales como las que hemos mencionado, solo por cuerpos electorales restringidos de cien, doscientas o seiscientas personas, por muy distinguidas e inteligentes que sean éstas, es cerrar de golpe las puertas a la participación popular y ciudadana.

En el pasado hablábamos algunos de promoción popular y la hicimos carne. Hoy en el tiempo presente, debemos preocuparnos de la promoción ciudadana y popular. Dejar al margen de decisiones esenciales en el funcionamiento de los objetivos de los partidos políticos a sus bases militantes y mantener el poder absoluto de decisión únicamente en los representantes, es un grueso error político y entonces la calle sustituye el debate, la marcha más o menos simbólica, a una dialéctica seria, profunda y reflexiva, lo que es de nefastas consecuencias. Así se contribuye a una mayor desafección política. A una falta de interés de participar verdaderamente en la vida de los partidos políticos. La militancia llega a la conclusión que solo se les llama cuando hay que elegir a los representantes. Una vez electos éstos, se rompe la vinculación entre representantes y representados, entre mandantes y mandatarios. Estos últimos pierden su importancia, son dejados de lado.

Tanto es así lo anterior, que en las operaciones de última hora de refichajes o de captación de nuevos militantes, se han hecho campañas callejeras, que son muy sacrificadas para las personas que ahí intervienen y que por cierto tienen nuestro público reconocimiento. Sin embargo, aquel es un camino meramente sustitutivo de lo que debiera ser un proceso efectivo de captación de militancia que requiere todo un proceso de formación doctrinaria y política; sobre todo cuando se trata de partidos políticos que tienen entre sus fuentes ideológicas, doctrinas relevantes y principios de primera importancia. Por eso algunos partidos políticos históricos, establecían en sus estatutos la pre militancia, un período de preparación y de iniciación en la actividad política, después de un período en el cual se impartían conocimientos y se difundían las ideas y doctrinas de los principales pensadores. Todo esto ha desaparecido, y una ley absurda busca sustituir por refichajes o captación de militantes a veces incluso a través de técnicas de mercado masivas, que son muy propias de otras actividades, pero muy ajenas a la importancia que tiene la política para un país. La cosa pública no puede estar sometida a las técnicas que se usan en la venta de bienes y servicios. Allí no nacen ni se estimulan las virtudes cívicas.

Los partidos políticos debieran introducir fuertes dosis de participación política, cuando sea necesario adoptar decisiones de primer orden: la consulta a la ciudadanía y militancia, la realización de plebiscitos sobre temas cruciales y vitales para la marcha de la democracia en el país, no es un tema de segundo orden, como algunos han querido verlo. Es de primera importancia. Si hay participación las decisiones estarán respaldadas verdaderamente con una fuerza electoral que irá mucho más allá de las encuestas y que hará que las ciudadanía militante se sienta partícipe de una misión y tarea común y no meros instrumentos de los objetivos personalísimos, a veces, de representantes que sucumben a sus proyectos privadísimos, que no son los de la comunidad toda, sino que de personas aisladas, que por determinadas circunstancias, han accedido al poder, en algunas oportunidades por sus talentos o en otras por los dineros que han colocado o que han recibido de terceros.

Vivimos en una época, en que debe innovarse en todo orden de cosas. La actividad política debe cambiar sus prácticas obsoletas y sin temor abrirse a la participación, a la consulta de la ciudadanía militante, para que sea ésta la que tome las decisiones más importantes.  No hay que errar nuevamente el camino. El país demanda participación democrática. Chile no quiere un despotismo semi ilustrado.

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