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El “derecho” al copago y otras aberraciones en el debate educativo

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La carrera presidencial pisó el acelerador y afortunadamente la educación es protagonista de la agenda. El principal tema en disputa es la calidad educativa y los argumentos dan cuenta de una falta de consenso preocupante sobre qué representa una educación de calidad, cuál será su vínculo con una estrategia de desarrollo humano, social y económico de largo plazo y los pilares para asegurarla.

Una educación de calidad es aquella que permite el desarrollo integral de las personas, dando cuenta del proyecto de ciudadanía y país que queremos construir. Por lo tanto, el sistema educativo debe asegurar que cada estudiante tenga iguales oportunidades de vivir experiencias de aprendizaje desafiantes en lo cognitivo, pero también en lo socioemocional, artístico y cultural. La corrupción y la desconfianza reflejan que los valores y habilidades ciudadanas también son aprendizajes, tan fundamentales y urgentes como leer y sumar.

La educación de calidad en Chile debe ser una respuesta a nuestros dolores como sociedad. Chile es uno de los países con mayor desigualdad en Latinoamérica y el mundo, de ahí que los colegios deban ser un espacio para transformar estas dinámicas sociales segregadas y permitir la convivencia de personas de distintos orígenes, características y nivel socioeconómico.

[cita tipo=»destaque»] Lo diremos categóricamente: no existe el “derecho” a pagar por la educación, esa frase, además de ser una aberración, es una contradicción en sí misma. Un derecho humano y social no tiene condiciones y en ningún caso está asociado a la capacidad de pago.[/cita]

Tener una educación inclusiva no es sólo un principio moral: existe amplia evidencia de las ventajas de las salas de clases diversas por sobre las homogéneas y también de los aportes para el aprendizaje del “efecto par”, que se origina cuando conviven estudiantes con diversos talentos. En suma: la segregación es una característica intrínseca de una educación de baja calidad.

También existe evidencia sobre las consecuencias nefastas que tiene sobre la calidad de la educación instrumentos como el copago y la selección de estudiantes, aspectos que junto al “voucher”, hicieron de Chile un apartheid educativo, que según PISA, ostenta los primeros lugares en segregación educativa a nivel internacional.

Entonces, cuando escuchamos que por prohibir el copago y la selección se ha vulnerado el “derecho” de las familias a pagar y elegir la educación de sus hijos, queda la amarga sensación de que los más de 30 años de libre mercado en Chile han tenido efectos culturales profundos, trastocando los conceptos de calidad educativa, derechos humanos y cohesión social.

Lo diremos categóricamente: no existe el “derecho” a pagar por la educación, esa frase, además de ser una aberración, es una contradicción en sí misma. Un derecho humano y social no tiene condiciones y en ningún caso está asociado a la capacidad de pago.

Además es urgente precisar que hoy las familias sí pueden aportar a la educación de sus hijos e hijas. En las escuelas con financiamiento público existen diversas formas de contribución, por ejemplo, mediante donaciones —que podrían simplificarse— a los centros de padres. Y más fundamental aún, el mayor aporte es involucrarse en la educación de sus hijos. No todo es plata, la calidad de la educación también pasa por el fortalecimiento de la alianza familia-escuela.

Reponer el copago y la selección de estudiantes por desempeño académico es un retroceso gravísimo, no podemos mirarlo a la ligera. Una educación de calidad es la que logra que todos sus estudiantes aprendan, no la que elige a dedo a qué estudiantes formar. Para construir un país más solidario y justo hay que partir por la sala de clases.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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