¿Es tendenciosa la encuesta CEP?
Señor Director:
Los resultados de la última encuesta CEP tuvieron implicancias más allá del debate presidencial. En redes sociales se ha “viralizado” y cuestionado el uso de una batería de preguntas sobre relaciones de género (por ejemplo, “tener un trabajo está bien, pero lo que la mayoría de las mujeres en realidad desea es un hogar e hijos”, “es probable que un niño en edad parvularia sufra si su madre trabaja”). Es más, figuras públicas defensoras de la igualdad de género han manifestado su rechazo a estas preguntas. Al respecto, se ha señalado que las preguntas utilizadas por la encuesta CEP serían “tendenciosas”, lo que derivaría del uso de lógicas “machistas”.
Sin embargo, el uso de estas preguntas debe ser considerado en el contexto en el que se encuentran. En primer lugar, la encuesta CEP es un estudio de opinión pública, razón por la cual es razonable que se incluyan temáticas valóricas que son de relevancia pública. En segundo lugar, lo que se está midiendo con las preguntas cuestionadas es sexismo, que es una forma particular de prejuicio dirigido hacia las mujeres, que las posiciona en roles sociales y económicos subordinados respecto de los hombres y, así, legitima las desigualdades de género. En ese sentido, ítems tales como “tener un trabajo está bien, pero lo que la mayoría de las mujeres en realidad desea es un hogar e hijos”, están desarrollados para que las personas que sostienen actitudes sexistas contra las mujeres se posicionen en los puntos de mayor acuerdo en la escala. Es más, el sexismo para ser medido requiere necesariamente el uso de preguntas altamente “tendenciosas”, porque remite a un constructo que es altamente discriminatorio.
El estudio del sexismo en particular, o del prejuicio en general, es completa y absolutamente necesario. El objetivo de lograr una sociedad más democrática tiene como alguno de sus supuestos el respeto y la tolerancia, lo que a su vez sólo se puede lograr reduciendo al mínimo posible la discriminación hacia ciertos grupos. Para ello es indispensable comprender cómo opera el prejuicio entre las personas, sobre todo porque una persona sexista, en general, no sólo tiene orientaciones actitudinales negativas hacia las mujeres, sino porque también eso suele traducirse en prácticas concretas de carácter discriminatorio. Por este motivo, el estudio del sexismo no puede ser catalogado como “machista”.
En este contexto el llamado es a la cautela, sobre todo entre las figuras públicas que defienden la igualdad de género, porque el afán de interpretar todo acto como violencia de género puede resultar no sólo infructífero, sino también contraproducente con la lucha por una sociedad más justa e igualitaria.
Salvador Vargas
Sociólogo
Estudiante de Doctorado en Psicología Social