La cascada de la clínica Las Condes
Señor Director:
Hace un tiempo atrás fui a un control médico a la Clínica Las Condes, y me percaté de la enorme cascada que hay en el costado del edificio ubicado en la calle Estoril.
Ya en ocasiones anteriores me había parecido un poco fuera de lugar —por no decir pomposo—el mobiliario y la decoración de los edificios nuevos de la clínica, pensando en que, al fin y al cabo, se trata de un centro de atención médica, del que uno esperaría limpieza, comodidad y quizás algo de sentido estético, aunque sobrio. Pero cuando vi la cascada pensé que, más que estar fuera de lugar, era una falta de respeto.
En un país como el nuestro, en que la mayoría de las personas sólo puede acceder al sistema público de salud, donde las condiciones de atención son precarias, instalar una obra de esa naturaleza en una clínica particular es impropio y casi una burla para todas esas personas. Es asumir sin ninguna contemplación que en Chile hay un sistema de salud para pobres y otro para ricos, donde en uno se debe esperar meses para tener una hora con un médico especialista o para una operación, mientras que en el otro se instalan cascadas más propias de un hotel cinco estrellas.
Yo tengo el privilegio de poder atenderme en el sistema privado de salud, pero la falta de consideración por la realidad social de nuestro país que esa cascada representa, me da vergüenza.
Ojalá que nunca una persona que se atiende en un hospital público tenga que pasar al frente de la cascada de la Clínica las Condes.
María Loreto Zubicueta Gallardo
Abogada