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Notas sobre la discusión migratoria

por 28 agosto, 2017

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El Gobierno finalmente ha presentado el Proyecto de Ley Migratoria, y lo hace en la antesala de las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias. En este sentido, la Presidenta Bachelet hizo un llamado a parlamentarios y candidatos de representación popular a que no utilicen una retórica de odio como elemento de campaña. Más allá del análisis sobre el momento elegido para enviar este proyecto de ley al Congreso, el envío del mismo supone una profundización de la discusión pública sobre la temática migratoria. Y a este respecto cabe tener presente algunas consideraciones sobre cómo generar un debate constructivo. En este sentido, la publicación de junio de 2017 del Instituto para el Desarrollo de Ultramar, ODI (en su sigla en inglés), aborda el tema de cómo comprender la formación de la opinión pública y las diversas actitudes en torno a los inmigrantes y refugiados en Reino Unido, ofreciendo así elementos que pueden resultar interesantes para la discusión nacional.

Pues bien, en el caso chileno, recientes sondeos de opinión pública sugieren que en materia de migración habría existido un incremento de la percepción negativa en Chile respecto de los inmigrantes. Así, por ejemplo, la CEP de mayo de 2017 consigna que un 41% de la población asocia a los inmigrantes con mayores índices de criminalidad, mientras que un 40% creería que este grupo le quita las opciones de trabajo a los nacidos en Chile. Independiente de la mayor o menor credibilidad en la metodología y lenguaje utilizado en tales encuestas, la discusión del proyecto ley ofrecerá una espacio para que candidatos y políticos puedan explotar dichos medios e información para sus propios fines electorales, desviando así la real naturaleza de la temática migratoria y facilitando así argumentos discriminadores, xenófobos o racistas en contra de la población de inmigrantes en el país.

En este sentido, el rol de las comunidades locales puede jugar un importante papel en la configuración del debate público ya que ofrecería una mayor aproximación entre las problemáticas ciudadanas y la situación de los inmigrantes.

El Departamento de Extranjería y Migración ha destacado en sus estadísticas migratorias entre 2005 y 2015 los aspectos positivos de la migración, como por ejemplo, que los inmigrantes tienen mayores índices de escolaridad que los chilenos, que contribuyen al crecimiento de nuestra economía con el pago de impuestos, que la tasa de formalizados en todo el país es menor al 1%, etc. Tales datos objetivos han sido utilizados en contra de discursos migratorios negativos o desinformados, postura conocida como la desmitificación (“myth-busting”) del ideario “peligroso” que algunos grupos o personas atribuyen a los inmigrantes. Según ODI, esta perspectiva es importante para influenciar el contenido de las políticas públicas, sin embargo, el mismo tendría un alcance limitado en cuanto a la formación tanto de la opinión pública como de las actitudes hacia los inmigrantes.

En tiempos de postverdad, basarse en la pura evidencia objetiva no sería un argumento lo suficientemente persuasivo como para convencer a los escépticos o a quienes derechamente tienen una percepción negativa de los inmigrantes. Si no, recuérdese la derrota de Clinton en las elecciones presidenciales en Estados Unidos de 2016, donde Trump manejó el debate en materia migratoria usando una retórica racista y xenófoba haciendo referencia a la construcción de un muro que separaría a México y Estados Unidos, que los mexicanos eran criminales, violadores y narcotraficantes, o que los musulmanes eran terroristas.

En concreto, el informe de ODI examina la existencia de otras estrategias que podrían ser más efectivas para estos efectos, y que reconocen la complejidad de la materia y de las ansiedades sociales que, en temas como desempleo, servicios públicos, o seguridad, puede generar la inmigración en la población local. Por lo tanto, se sugiere una estrategia que parta de la base de que las actitudes en virtud de las cuales las personas conciben y se representan la inmigración están íntimamente ligadas a sus preocupaciones de la vida real, sus experiencias, emociones y valores. Es en torno a estos elementos donde debe promoverse un dialogo abierto sobre posibles soluciones, utilizando estrategias que, aplicadas al caso chileno, destaquen el hecho de que la inmigración es un fenómeno manejable y que refuercen los valores e historias comunes que inmigrantes y chilenos comparten.

Así, el informe cita el discurso del actual gobierno canadiense para explicar la formación de una opinión pública más positiva hacia la migración, y el caso español, donde existen miradas positivas a una política tradicional que desincentiva las declaraciones que debilitan la igualdad y la libertad.

Por otra parte, el informe sugiere que el debate puede ser más constructivo si se enfoca al nivel nacional y local más que al global, contexto este último que podría parecer más abstracto para la población local, y en consecuencia, ajeno a sus problemas, experiencias y valores. En este sentido, el rol de las comunidades locales puede jugar un importante papel en la configuración del debate público ya que ofrecería una mayor aproximación entre las problemáticas ciudadanas y la situación de los inmigrantes. Asimismo, y para una concientización pública más positiva respecto de la integración y los derechos de los inmigrantes, el informe ofrece como ejemplo la figura del “mensajero”, señalando que quienes mejor pueden influir a través de este rol no son precisamente los políticos (con decrecientes niveles de confianza ciudadana por estos lados también) sino las personas comunes y corrientes, las personalidades de los medios, los que dan la bienvenida en sus comunidades a los inmigrantes, y también estos últimos.

Todos estos planteamientos pueden presentar incertidumbres en su aplicación en Chile ya que los mismos han sido estudiados en países con mayor tradición migratoria y sobre la base de organizaciones de la sociedad civil más fuertes que en nuestro país. Sin embargo, los mismos ofrecen alternativas complementarias al uso de evidencia objetiva como recursos para un debate más positivo y constructivo. Sabemos que hoy en día los hechos no se explican por sí mismos y requieren la ayuda de narrativas para formar la opinión pública y contrarrestar así las retóricas de odio referidas por la Presidenta Bachelet. De ahí la importancia de generar mensajes positivos con los cuales las personas puedan identificarse y aplicarlos en sus propios contextos locales.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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