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Las encuestas sí son creíbles

por 26 noviembre, 2017

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El desprestigio de las encuestas de carácter político es galopante, no hay casi nadie que defiendan sus instrumentos de medición y sus metodologías, salvo las propias encuestadoras. Pero, ¿Por qué se dice que las encuestas se equivocaron?, ¿porqué se las declara poco efectivas y con escaso valor predictivo? Primero que todo, hay que constatar que las empresas que realizan encuestas y que publican resultados son bastante opacas a la hora de transparentar sus metodologías de recogida de datos, metodologías de construcción de muestras, procesamiento del conjunto de data y más opacas aún respecto de las bases de datos que se genera en estos procesos.

También existe el error en el universo no experto de usuarios de resultados de encuestas que llegan a creer que los resultados de estas son los archivos en Power Point que presentan las diversas encuestadoras en las conferencias de prensa. En este mismo error, caen los usuarios expertos que desmenuzan las tablas de frecuencias ofrecidas en estas mismas presentaciones PPT y que pueden llegar a análisis más profundos pero igualmente restringidos, dada la limitación de la información disponible. Luego, endosarle a las encuestas y sus resultados todas las culpas de las fallas predictivas resulta fácil, lo que da cuenta de una incapacidad técnica importante, toda vez que además de lo nombrado con anterioridad, no se leen necesariamente dichos resultados con la disposición científica básica para enfrentar cualquier observación empírica. Esto da cuenta de fallas analíticas de los propios usuarios.

A pesar de aquello, todas las penas del infierno han sido transferidas a las encuestadoras. Esto no necesariamente es así y evidentemente hay que relativizarlo. Las encuestas no fallaron en al menos 4 cuestiones de importancia cardinal. (1) Que la elección presidencial es con balotaje. (2) Que pasa a segunda vuelta Sebastián Piñera y Alejandro Guillier. (3) Que queda en tercer lugar Beatriz Sánchez y (4) que la participación electoral es de alrededor del 45%.

Endosarle a las encuestas las fallas en su predictibilidad también es un error sistemático toda vez que estos instrumentos en el mejor de los casos sirven para construir tendencias y a partir de ellas permitir la extrapolación con niveles de incertidumbre decrecientes.

Pero hilando más fino, también es posible encontrar una crítica destemplada a las construcciones metodológicas y filtros que se hicieron para intentar detectar al “votante probable” y determinar con grados de certidumbre creciente el comportamiento electoral de la población en el contexto del voto voluntario.  En particular, con información de bases de datos accesibles públicamente como es de la CEP (CEP 80 y CEP 81). Meses atrás los autores trabajaron y construyeron un “proxy de intención de voto”, que contaba con requisitos proxy mucho más exigentes en términos de filtros, que el que creó el CEP para su “votante probable”.

Considérese la siguiente tabla:

Procesadas las bases de datos que libera el CEP, el resultado del proxy fue que efectivamente Piñera no ganaba en primera vuelta y que habría balotaje, así como que habría empate técnico entre Guillier y Sánchez (e incluso Sánchez superaba a Guillier pasando a segunda vuelta). Con posterioridad, este mismo proxy detectó que se habría producido el desempate en favor de Guillier, quien pasaría a segunda vuelta.  De modo tal que un análisis de estos datos podría haber vuelto menos sorpresivo el desempeño del Frente Amplio el 19 de Noviembre.  La sorpresa fue tal vez el hecho de que el electorado no votó a Piñera al nivel que se observaba ni en el resultado general ni en el proxy, como tampoco que la disputa por el cuarto lugar la ganara Kast en desmedro de Piñera.

¿Qué lecciones es posible aprender de todo esto? Primero, no hay ninguna razón para quedarse tranquilos y conformes con lo que entregan las encuestadoras en sus presentaciones Power Point. Hay que ser más incisivos en la solicitud de información de mayor densidad y calidad. Segundo, los analistas deben cultivar una actitud crítica frente a los resultados.  No es posible que acepten de buenas a primeras todo lo que se libera en términos de procesamiento y resultados. Endosarle a las encuestas las fallas en su predictibilidad también es un error sistemático toda vez que estos instrumentos en el mejor de los casos sirven para construir tendencias y a partir de ellas permitir la extrapolación con niveles de incertidumbre decrecientes.

Volviendo al título de esta columna, las encuestas sí son creíbles, pero con condicionantes. Las empresas encuestadoras deben transparentar sus procesos técnicos y compartir/permitir el uso de sus bases de datos, sino siempre aparecerá el estigma de la manipulación y de oscuras maniobras tendientes a incidir maliciosamente en la población. Hay que procesar y analizar la información de un modo acucioso y crítico, condición sine qua non para un examen objetivo libre de influencia externa. Y por último, es necesario eliminar del sentido común la concepción de que las encuestas tienen capacidad predictiva, dado que las encuestas temporales solo tienen capacidad para establecer tendencias, a partir de lo cual es posible extrapolar resultados de manera razonablemente segura una vez hecho un análisis detallado de la información.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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