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Varela y Ampuero: ¿señal política o error no forzado de Piñera?

por 29 enero, 2018

Varela y Ampuero: ¿señal política o error no forzado de Piñera?
Un equipo consolidado, que juega de memoria, leal, y que principalmente responden a Piñera, no a sus partidos. El piñerismo en su máxima expresión. En definitiva, este no será un gabinete de Chile Vamos, sino un gabinete para potenciar la figura del mandatario.
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Y se cumplieron los pronósticos. Sebastián Piñera optó por un gabinete, cuyo núcleo político está conformado por un grupo de personas de su extrema confianza, que llevan trabajando juntos 8 años, de manera ininterrumpida, incluido los 4 años del Gobierno saliente. Un equipo consolidado, que juega de memoria, leal, y que principalmente responden a Piñera, no a sus partidos. El piñerismo en su máxima expresión. En definitiva, este no será un gabinete de Chile Vamos, sino un gabinete para potenciar la figura del mandatario, como lo fue en su momento el peronismo en Argentina.

La señal fue potente. Chadwick, Pérez y Blumel se trasladarán directo de Apoquindo 3000 a La Moneda. También forman parte del círculo de hierro Alberto Espina –son además amigos-; Alfredo Moreno, que fue ministro en su primer mandato; Pauline Kantor, cercana colaboradora de Cecilia Morel; Isabel Pla, también del cuartel general del Presidente, Avanza Chile. El resto, muchos independientes –ni más ni menos que doce-, representantes de la UDI, RN y Evópolis. El PRI, en cambio, se deberá conformar con algunas Subsecretarias o Intendencias

También fue importante la señal del impulso que se buscará en aumentar la inversión y el  crecimiento económico. Felipe Larraín - que además de sus galones y capacidades tiene la ventaja de ser del mismo grupo íntimo- en Hacienda y José Ramón Valente, un profesional sin trayectoria política, pero sí mucho conocimiento del mercado y con múltiples relaciones en el mundo empresarial. Todo hasta aquí predecible.

Más allá de la polémica inicial por la futura Ministra de la Mujer, que despertó las suspicacias y rechazo en los movimientos de mujeres, las grandes sorpresas de estos nombramientos fueron Roberto Ampuero y Gerardo Varela, en menor grado, Emilio Santelices como Ministro de Salud, con un perfil casi calcado al de Jaime Mañalich en 2010.

La gran pregunta que quedó rondando a partir del martes 23, es cuales fueron las razones que tuvo Sebastián Piñera para designar a estos dos ministros.

Partamos por la más controversial y de mayor riesgo para el futuro Gobierno. La cartera de Educación ha sido crítica a partir del 2006, cuando irrumpió el movimiento pingüino en el primer  gobierno de Michelle Bachelet. Luego vendrían las movilizaciones de 2011, que unieron al mundo universitario y secundario, alcanzando un nivel de agitación, manifestaciones y tomas de establecimientos que la nueva democracia no conocía. Los estudiantes buscaban una reforma radical del sistema educacional chileno. De ese movimiento nacieron a la vida política los hoy diputados Giorgio Jackson, Gabriel Boric, Camila Vallejo y Karol Cariola. ¿Y cuando ocurrió esto? Durante el primer Gobierno de Sebastián Piñera. Una curiosa coincidencia con Bachelet.

Piñera tuvo el record de cuatro ministros de educación en su período. A medida que aumentaban las protestas, éstos iban abandonando el cargo. Primero Lavín, que alcanzó a estar un año y cuatro meses, luego Felipe Bulnes, que renunció cinco meses después de ser designado, a continuación Harold Beyer, destituido por la Cámara de Diputados –al igual que su par, la DC Yasna Provoste- por no haber fiscalizado adecuadamente el lucro en las universidades. La cuarta ministra, Carolina Schmidt terminó dirigiendo este ministerio por los 11 meses restantes.

Con estos antecedentes tan negativos en el Ministerio de Educación, durante su primer gobierno, sumado a la promesa de gratuidad en la segunda vuelta, ¿qué quiso transmitir el futuro Presidente al nombrar a Gerardo Varela Alonso? El abogado, columnista, asesor de empresas y administrador de un patrimonio familiar de cuatro mil millones, ligado a “Escuelas para Chile”, ex integrante del directorio de Educa UC, contrario a la gratuidad, que declaró que el  “peor error de este Gobierno –el de Bachelet- es negar a la educación su naturaleza de bien económico”, deberá asumir la dura tarea de administrar la nueva Ley de Educación Pública y la gratuidad segunda parte.

Piñera tuvo el record de cuatro ministros de educación en su período. A medida que aumentaban las protestas, éstos iban abandonando el cargo. Primero Lavín, que alcanzó a estar un año y cuatro meses, luego Felipe Bulnes, que renunció cinco meses después de ser designado, a continuación Harold Beyer, destituido por la Cámara de Diputados –al igual que su par, la DC Yasna Provoste- por no haber fiscalizado adecuadamente el lucro en las universidades. La cuarta ministra, Carolina Schmidt terminó dirigiendo este ministerio por los 11 meses restantes.

De seguro, muchas de sus ideas, establecerán un prejuicio y sesgo inicial difícil de sortear ante la dirigencia estudiantil, especialmente la universitaria, dominada por el Frente Amplio. Frases como “la solución a la educación no es la gratuidad ni la prohibición del lucro, sino que el desafió de cómo seguir atrayendo inversiones, competencia y talento a un sector que la requiere con urgencia” pueden sonar a provocación a algunos. La verdad es que Varela, lo que puede conseguir es “despertar”, antes de lo pensado, a un movimiento estudiantil adormecido en los últimos años, en cierta forma, gracias a los avances en la gratuidad. ¿Será que el futuro Presidente quiere dar la señal de una nueva reforma en la educación, de un giro en sentido contrario al actual, a costa de lo que sea necesario? Cuesta creer que quiera correr un riesgo tan alto.

Por otra parte, a poco más de una semana de asumido el nuevo Gobierno, se realizarán los alegatos orales en la corte de La Haya. Un momento crucial para el país y especialmente para su diplomacia. Este caso, que podría tener sentencia a fines de este año, también tendrá repercusiones en latino américa y será relevante para las relaciones de Chile con el resto de los países del barrio. En su primer Gobierno, Piñera privilegió el contacto con EEUU, en su programa actual no es claro cuál será su prioridad, pero de todas maneras, nuestro continente deberá tener un lugar privilegiado.

Especialmente por la controversia con Bolivia es que se esperaba a un Canciller de mucho peso, tanto político como diplomático. De ahí que los trascendidos de que Alfredo Moreno aparecía como “ministeriable”, de última hora y para ocupar este cargo, causó una sensación de seguridad y tranquilidad enorme en varios sectores. Pero era sólo un rumor. Para gran sorpresa de todos, incluido Chile Vamos, el designado fue Roberto Ampuero, un escritor converso, que luego de ser un ferviente comunista y disfrutar de la época de gloria de Cuba, pasó a constituirse en un anti comunista casi obsesionado con la isla caribeña, Nicolás Maduro y cualquiera que tenga la más mínima cercanía con la ideología que él abrazó. Como esos fumadores empedernidos que luego de dejar el cigarrillo no soporta el olor a tabaco y a los que tienen su antiguo vicio. Ampuero no es un diplomático, no sólo en el sentido estricto de la palabra –fue embajador en México en el primer Gobierno del futuro mandatario-, sino que a través de sus columnas –curioso, al igual que Varela- se han dedicado a criticar duramente a los mandatarios de izquierda del continente. En esa categoría también está Evo Morales, presidente del país que enfrentamos en La Haya. De seguro le va a costar al nuevo Canciller despegarse de ese estigma. Ojalá esté a la altura de las circunstancias, más que mal, los Ministros de Relaciones Exteriores suelen ser los más estables en un Gobierno.

Vuelvo a la disyuntiva que plantea el título de esta columna. Es difícil pensar que una persona inteligente, como Sebastián Piñera, se va a hacer un auto gol de entrada, aunque algunas de sus designaciones parecieran apuntar en ese sentido. Tampoco creo en la tesis, que surgió en estos días,  que esos Ministros representan una señal de un giro más conservador –aunque ellos en lo personal lo sean-. Tiendo a estar más de acuerdo con algunos dirigentes del conglomerado de derecha, quienes han señalado en privado, que el Presidente privilegió a Gerardo Varela y a Roberto Ampuero simplemente por su amistad, cercanía y lealtad a toda prueba, más que por cualquier otra razón, argumento suficiente pensando en los objetivos personales que tiene Piñera puestos en su segundo mandato. Claro que a veces, la amistad no deja ver bien el bosque.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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