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Desafíos políticos e intelectuales de las izquierdas

por 19 febrero, 2018

Desafíos políticos e intelectuales de las izquierdas
Es necesaria la reconstrucción programática de la izquierda. Contra los nostálgicos de la Concertación, lo cierto es que su programa, su base política y la idea de una política sustentada en los consensos entre un grupo acotado de sectores sociales con sus éxitos y limitaciones, está agotada. La NM, si bien representó una primera formulación alternativa, no logró articular las diversas reformas en un programa político e ideológico coherente ni recrear su base política y social. Por ello, es importante reconocer y abordar las limitaciones de basar la reconstrucción política del sector en torno al legado de la administración. Los avances en esta discusión serán claves para delimitar las coaliciones entre las izquierdas y el centro progresista.
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Luego de la derrota electoral de las izquierdas (más allá de los éxitos parciales que se puedan haber logrado, lo cierto es que ganó la derecha con una importante mayoría), se han iniciado variados procesos de reflexión y debate. Mientras que el Frente Amplio (FA) se ha propuesto impulsar su consolidación orgánica y desarrollar un congreso ideológico, el PPD llama a la reinvención del progresismo, de la socialdemocracia y la izquierda y miembros de la actual administración proponen reconstruir la izquierda con base en la defensa del legado de la Presidenta Michelle Bachelet. Se trata de discusiones relevantes, cuyos frutos serán mayores en la medida que superen las fronteras partidarias. Son numerosos los temas a abordar, entre ellos, los siguientes.

No es hora de coaliciones…

No parece razonable pretender formar coaliciones para enfrentar a la nueva administración, pues no existen los acuerdos político-ideológicos necesarios para hacerlo. La propia Nueva Mayoría (NM) no pudo alcanzar acuerdos en temas fundamentales. Menos aún cuando el FA sostiene que representa un proyecto político distinto.

Varias designaciones ministeriales dejan en evidencia la decisión del nuevo Gobierno de iniciar una batalla comunicacional y política en favor del rol preponderante del sector privado en la educación; de una política de desarrollo productivo centrada en la colaboración con el gran empresariado, reduciendo al mismo tiempo la prioridad de la modernización de la empresa mediana y pequeña; y una política social que retorna a la focalización como columna vertebral y levanta los principios de la iniciativa privada en la implementación de la política social. No cabe una actitud meramente obstruccionista; sus proposiciones de política pueden generar luces para enfrentar los problemas de esta época de rápidos cambios y profundas incertidumbres.

En temas que sí o sí estarán en la agenda (como es el caso de los cambios previsionales), con base en la movilización social y la fuerza parlamentaria, es posible y necesario incidir en las reformas legales que se impulsen desde el Ejecutivo. Esto implica que la oposición sea capaz de presentar propuestas viables, evitando posturas maximalistas, cuyo único efecto será posibilitar a la derecha imponer sus visiones, con menos obstáculos.

Es hora de iniciar la reconstrucción programática de las izquierdas, en un amplio debate

Es necesario la reconstrucción programática de la izquierda. Contra los nostálgicos de la Concertación, lo cierto es que su programa, su base política y la idea de una política basada en los consensos entre un grupo acotado de sectores sociales con sus éxitos y limitaciones, están agotados. La NM, si bien representó una primera formulación alternativa, no logró articular las diversas reformas en un programa político e ideológico coherente ni recrear su base política y social.

Por ello es importante reconocer y abordar las limitaciones de basar la reconstrucción política del sector en torno al legado de la Administración. Los avances en esta discusión serán claves para delimitar las coaliciones entre las izquierdas y el centro progresista.

Abordar el déficit democrático de la sociedad chilena es crucial

El país sufre un déficit democrático, de ahí la necesidad de que las izquierdas y el centro progresista apuesten a favor de la profundización de la democracia. Ello implica discutir cómo perfeccionar la democracia representativa, cómo complementarla de manera realista con las dimensiones participativas, lo que supone superar la desigualdad en la participación electoral de los estratos socioeconómicos. Es mucho lo que es necesario hacer para avanzar en la superación de los efectos de la desigualdad económica y social en la disposición de los recursos políticos.

En el Estado se deben poner en debate los efectos de políticas que buscan reducir la incidencia de los procesos electorales en la toma de decisiones sobre políticas públicas (la proliferación de las instituciones autónomas es solo uno de los problemas).

La democratización de los partidos es una tarea pendiente; también lo es para muchas organizaciones sindicales. No se puede seguir ignorando las tendencias al caudillismo y a la búsqueda sin principios de eternización en el poder de líderes de muchas organizaciones de izquierda en América Latina, cuya debilidad democrática corre paralela con su incapacidad para enfrentar los problemas de sus respectivos países.

Izquierdas e identidades en la época del fin de las certidumbres…

Hay un tema en que no podemos ser menos que la derecha; es indispensable explicitar una mirada de largo plazo. La Concertación y sus partidos optaron por dejar que se desdibujaran los horizontes de su proyecto político. La NM bajo la dirección de Bachelet puso en la mira la sociedad de derechos, sin que desde el Gobierno ni desde los partidos se profundizara en sus contornos. En la actualidad son muchos los que plantean la necesidad de levantar una alternativa socialdemócrata, sin entrar a analizar las causas, la naturaleza y las consecuencias de la grave crisis que vive esa corriente política en Chile (la antigua Concertación) y en el mundo. En Francia el Partido Socialista cayó en la insignificancia, en Alemania el SPD apenas alcanza el 20% de la votación.

El FA ha insistido en la necesidad de luchar contra el “bicoalicionismo que ha regido el país … en matrimonio con los poderes fácticos”. La relación con el empresariado representa sin duda un tema complejo. Es clave para las izquierdas y el centro progresista reflexionar sobre las formas en que se ha vinculado con el empresariado y pensar cómo debe ser la relación en el futuro. Las izquierdas siempre lo hicieron.

Las definiciones del FA son aún incipientes tanto en lo relativo a sus fundamentos doctrinarios e ideológicos (esfuerzo político que recoge diversas tradiciones y experiencias, desde organizaciones políticas del mundo progresista hasta organizaciones de izquierda revolucionaria) como en lo relativo a la apuesta a favor de un “proyecto posneoliberal”: “Se trata de una formación social en que esferas de la vida se sustraen al ámbito comercial y se aseguran como derechos universales. La determinación y extensión de estas áreas y el carácter de su provisión es un punto de debate permanente, pero al menos educación, salud, pensiones y vivienda entran en esta categoría".

Se está perdiendo la batalla por reconstruir los vínculos entre política y sociedad

Es importante analizar los temas vinculados al rol de la movilización social, de los actores sociales y su relación con los partidos y el sistema político. Concuerdo con el FA y analistas respecto a la afirmación relacionada con que dicha movilización cambió el escenario político chileno, que puso temas de fondo y que el Gobierno de Bachelet no se puede entender sin esa movilización. Se trata, sin embargo, de movilizaciones coyunturales y puntuales débilmente asociadas a la construcción política que no han podido romper las baja participación electoral y que, como señala Carlos Ruiz, refiriéndose a los movimientos estudiantiles del 2011, tenían algo de “consumidores enojados”.

Menos aún se ha logrado restablecer los vínculos entre el sistema político y la sociedad (problema crucial de la sociedad chilena). Esto contrasta con la inserción en la población y la proyección política de la religiosidad conservadora en América Latina. En el caso de Brasil esas corrientes cuentan con más de 90 diputados; en Costa Rica han ganado la primera vuelta presidencial de 4 de febrero recién pasado. Como señala el cientista político Javier Corrales, está teniendo lugar un matrimonio perfecto entre los evangélicos (y crecientemente los católicos) y los partidos conservadores de AL, con lo que estos últimos están “consiguiendo votantes entre gente de todas las clases sociales, pero principalmente entre los menos favorecidos. Están logrando convertir a los partidos de derecha en partidos del pueblo”, a lo Trump y la derecha republicana. En nuestra última elección presidencial, dicha alianza se observó, aun cuando de manera incipiente, tanto en el caso de JA Kast como el de Piñera. Más todavía, La Tercera afirma que cuatro grupos están disputando el liderazgo de Renovación Nacional: junto a los liberales y conservadores aparecen los evangélicos y los católicos.

Izquierdas y el mundo empresarial

El FA ha insistido en la necesidad de luchar contra el “bicoalicionismo que ha regido el país … en matrimonio con los poderes fácticos”. La relación con el empresariado representa sin duda un tema complejo. Es clave para las izquierdas y el centro progresista reflexionar sobre las formas en que se ha vinculado con el empresariado y pensar cómo debe ser la relación en el futuro. Las izquierdas siempre lo hicieron.

El modo comunista apuntó a su estatización total; ya sabemos cuál fue el resultado: la restauración del capitalismo salvaje en la antigua URSS y el capitalismo chino que ni siquiera logra convivir con la democracia. Por su parte, la alternativa socialdemócrata, que se propuso disciplinar a la gran empresa y el mercado desde la política y la organización sindical, logró adecuar su operación al estado democrático social. En los últimos 20 años se desdibujó ese disciplinamiento y se ha derivado en algo más parecido a la subordinación de la socialdemocracia a las dinámicas del capitalismo internacional (los ejemplos de Blair, Schröeder, son elocuentes). La Concertación tuvo también problemas en esta materia.

En una entrevista reciente, Víctor Barrueto llama la atención respecto a que sus partidos derivaron en organizaciones de funcionarios públicos. Esto es un problema. También lo es que muchos de sus cuadros más importantes transitaron desde funciones en el Gobierno a directorios de grandes empresas, operando, además, como funcionarios de los organismos empresariales. En este contexto la pregunta central es cómo las izquierdas se relacionan con el empresariado hoy, en un contexto de grandes cambios con empresas como Facebook, Apple, Amazon con capitalizaciones medidas en billones que generan plataformas sobre las cuales opera buena parte de la vida diaria de los ciudadanos, generando un caso inédito de imbricación.

En el caso de Chile, las izquierdas deben desarrollar una relación especial con las pymes, pero ello no permite ignorar la pregunta de cómo relacionarse productivamente con las grandes empresas, en particular el 20% de las compañías multilatinas de origen chileno.

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