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De vuelta al colegio: el apagón del debate educativo

por 20 febrero, 2018

De vuelta al colegio: el apagón del debate educativo
Se viene marzo y las escuelas esperan con incertidumbre lo que puede ocurrir con el advenimiento del nuevo Gobierno. Pero más allá de quien gobierne, siempre se han impuesto dos modelos de gestión que se disputan el poder al interior del Ministerio de Educación: quienes creen que la gestión educativa cabe en una planilla Excel y quienes acosan las escuelas con métodos e instrumentos novedosos que nada aportan a un desarrollo sistemático y productivo de lo que acontece al interior de una sala de clases.
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Que la educación es un bien de consumo o un bien social, es un buen punto de partida para desplegar los acervos ideológicos de los tres tercios que gobiernan el país, pero poco sirve para definir la política pública que tiene como responsabilidad poner en marcha más de diez mil establecimientos escolares en todo el país.

Con reforma o sin ella, en marzo de cada año sale cada docente con su libreto a enfrentar la enseñanza de las letras, de los números, ¿de las artes?, con el auxilio de su propia vocación, interés y entusiasmo, pese a las condiciones extremas en que muchos profesores y profesoras trabajan.

Por otra parte, sus sostenedores, particular o municipal, evitan salir de su zona de confort y focalizan su liderazgo educativo en el cumplimiento de la normativa laboral y en atender al Sistema de Aseguramiento de la Calidad. Además, el gremio docente (ausente) se ha anulado de participar en el debate público por carecer de un discurso educativo que los represente y que les permita defender con fundamentos su profesión.

Lo cierto es que el debate educativo se está apagando, no se anuncian nuevas ideas para mejorar una rutina pedagógica que asegure más y mejores aprendizajes. Tampoco se escuchan las voces de aquellos “expertos” que al inicio de los gobiernos anteriores proclamaban un conjunto de medidas necesarias para mejorar la educación.

No se vislumbra un cambio de foco en la política pública, todo indica que se va a consolidar lo obrado por Bachelet para que no se profundicen las desigualdades y, al mismo tiempo, se impulsaría un mejoramiento acelerado de la calidad educativa. Es en este punto donde surge la confusión y se instala la duda: si el error del Gobierno anterior fue no priorizar la calidad, el sello actual sería no más de lo mismo, pero mejor, sin considerar aún la presión social que se avecina con un soporte político de peso a través del Frente Amplio.

Las acciones más concretas que se observan surgen desde los municipios de Santiago y Providencia, que apuntan a un fuerte ordenamiento presupuestario, sin ponderar costos políticos, o a desprenderse de la responsabilidad en la gestión de las escuelas, adelantando el itinerario de constitución de los servicios locales de educación desmunicipalizando la enseñanza a corto plazo, acontecimiento político que debiera contar con el respaldo del Frente Amplio y la Nueva Mayoría.

Las clases comienzan antes que asuma el Presidente Piñera y las escuelas tienen su propia dinámica, con una cultura escolar muy normativa y a la espera de las nuevas orientaciones, sobre todo respecto de los cambios operados en el sistema educativo y que fueron rechazados frontalmente por quienes asumirán su conducción. ¿Se mantendrán los cambios, se revisarán sus leyes y reglamentos o se implementarán tal cual fueron aprobados?

Las clases comienzan antes que asuma el Presidente Piñera y las escuelas tienen su propia dinámica, con una cultura escolar muy normativa y a la espera de las nuevas orientaciones, sobre todo respecto de los cambios operados en el sistema educativo y que fueron rechazados frontalmente por quienes asumirán su conducción. ¿Se mantendrán los cambios, se revisarán sus leyes y reglamentos o se implementarán tal cual fueron aprobados?

En este contexto tenemos un ministro recién nombrado que clama por un subsecretario o subsecretaria que conozca el giro del negocio y sea altamente competente en la implementación de la mejora educativa y en imprimir el sello que el Gobierno del Presidente Piñera le dará a la educación.

Cualquiera sea el rumbo que se tome, hay tres requerimientos básicos para su implementación: que impacte la gestión escolar, se haga cargo de propiciar un clima escolar que facilite la labor pedagógica y que se visibilice, destaque y pondere la labor de profesores y profesoras. La educación, los procesos de enseñanza y los contenidos a aprender son fijados por la autoridad, pero su implementación la realizan hombres y mujeres concretos que esperan ser retribuidos social y económicamente.

Pero se nos viene marzo, las escuelas esperan con incertidumbre respecto de lo que puede ocurrir con el advenimiento del nuevo Gobierno, pero lo cierto es que con Gobierno de derecha o izquierda siempre se han impuesto dos modelos de gestión que se disputan el poder al interior del Ministerio de Educación, recogiendo cuanta moda educativo-pedagógica surja de experiencias europeas, sin profundizar en el conocimiento de nuestra propia realidad. En este escenario nuevamente se confrontarán quienes creen que la gestión educativa cabe en una planilla Excel y quienes acosan las escuelas con métodos e instrumentos novedosos para nuestro sistema educativo, pero que nada aportan a un desarrollo sistemático y productivo de lo que acontece al interior de una sala de clases.

Llegó la hora de apostar a un mejoramiento continuo de la docencia, a entender su rol de guía para que el niño o niña, a partir de sus saberes, alcance nuevos conocimientos para la búsqueda de su felicidad. Por su parte, según Coelho, un niño o niña puede enseñar tres cosas a un adulto:

“A ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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