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¿Qué partidos para qué Frente Amplio? Sobre el por qué de una convergencia para un nuevo actor político

por 21 febrero, 2018

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Las pasadas elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile pusieron de manifiesto la tensión fundamental del período político que inicia. Por un lado, la irrupción del Frente Amplio, con una votación superior a 1 millón 300 mil votos para su candidata presidencial Beatriz Sánchez y una bancada parlamentaria de 20 diputadas y diputados y 1 senador y, por el otro, el retorno de Sebastián Piñera a La Moneda con una votación inédita para la derecha en la segunda vuelta.

En este escenario, emerge una nueva coalición política, vinculada directamente a las expresiones de movilización social de la última década, provocando la principal transformación del sistema de partidos políticos del período posdictadura, se agudiza el proceso de descomposición de la Nueva Mayoría, pero, al mismo tiempo, se ratifica la buena salud de la dominación política neoliberal con el crecimiento de Chile Vamos. Lo anterior, puede configurar en los próximos años, dependiendo del desarrollo del cuadro general, la conformación de dos campos en la política chilena: el de la superación del neoliberalismo (liderado por el Frente Amplio junto a otras fuerzas políticas de izquierda) y el de su perfeccionamiento y profundización (liderado por Chile Vamos junto a sectores de centroizquierda comprometidos con el orden político y económico vigente).

Así, diversos actores políticos del Frente Amplio han esbozado los que su parecer serían los principales desafíos de la naciente coalición (ya sea a través de sus dirigencias nacionales, de sus parlamentarios electos, como a su vez por medio de la puesta en conocimiento público de las resoluciones de instancias de deliberación partidaria), los que se han ido instalando como consensos transversales mínimos, entre los que se encuentran: El Frente Amplio debe consolidarse como una fuerza política comprometida con la superación del neoliberalismo, capaz de resguardar su unidad y diversidad interna, y desplegar sistemáticamente su vocación de mayorías y poder ante la sociedad chilena; debe dirigir la oposición al gobierno de Sebastián Piñera con iniciativa propia y relaciones con las diversas fuerzas políticas del arco opositor sobre la base del programa de transformaciones estructurales del Frente Amplio; debe velar por el mejor desempeño en la representación institucional y proyectarse como una coalición de gobierno; y debe profundizar su inserción social y territorial para ser una fuerza de las mayorías sociales y en todo Chile.

De todos modos, los movimientos y partidos que integran el Frente Amplio tienen formas específicas de interpretar e implementar estas orientaciones generales, lo que ha impulsado diversos reordenamientos al interior de la coalición, tendientes a los agrupamientos políticos y orgánicos para enfrentar de mejor manera el período político que inicia. Es en este marco que se vienen realizando distintos encuentros y congresos políticos, entre los que se encuentra el de nuestra organización, Nueva Democracia.

Este proceso de reordenamiento ha estado motivado principalmente por la pregunta ¿Qué Frente Amplio necesitamos para el nuevo período político? (más recurrente y mejor profundizada), la cual -a nuestro parecer-, está unida a otra también central: ¿qué partidos para qué Frente Amplio? (menos recurrente y profundizada). De la necesidad de articular respuestas a ambas preguntas –interpretamos– es que se desprende, entre otros motivos, la posibilidad de construir un proceso de convergencia entre diversos movimientos y sectores de izquierda dentro del Frente Amplio para la existencia de un nuevo actor político.

Un partido para una voluntad plena de superación del neoliberalismo, doctrinario, que construya militancia y que articule representación, inserción y conflictividad, lo entendemos como un aporte al fortalecimiento, unidad y potencial transformador del Frente Amplio.

Cabe señalar que además de la irrupción del Frente Amplio y el regreso de Sebastián Piñera a La Moneda, los acontecimientos políticos de buena parte del 2017 y comienzos del 2018 han sido conflictos en los que se expresan las bases del orden político de la democracia restringida y el orden económico neoliberal. Así, por ejemplo, estalló el “Milicogate” sobre el uso irregular de recursos públicos en las Fuerzas Armadas, y el “Pacogate” sobre el desfalco multimillonario al interior de Carabineros de Chile. Más recientemente, asistimos a las salidas alternativas tendientes a la impunidad (promovidas desde el Ministerio Público) sobre los casos de financiamiento ilegal de la política, al acuerdo Corfo-SQM que le permitió a esta última aumentar su participación en la explotación del litio (a pesar de su involucramiento directo en múltiples casos de corrupción), a un nuevo alineamiento internacional de Chile subordinado a los Estados Unidos (crisis Venezuela) y al derrumbe de la “Operación Huracán”.

Conflictos en los que el Frente Amplio ha intervenido de manera difusa y débil o, lisa y llanamente, se ha omitido. Lo cual es comprensible por los niveles de desarrollo que ha alcanzado el Frente Amplio y los actores políticos que lo integran, como a su vez por la centralidad electoral del 2017 y de instalación de la representación institucional en lo que va de este 2018, pero que se vuelve inexcusable en un corto plazo. Y que aumenta la complejidad de las preguntas señaladas.

Dicho esto, nos interesa profundizar en la pregunta ¿qué partidos para qué Frente Amplio?, en consideración a su vez de los desafíos transversales de la naciente coalición, para lo que proponemos una caracterización inicial que puede ser de utilidad para la convergencia como para los esfuerzos de consolidación partidaria que se realizan desde las fuerzas transformadoras.

Un partido para el desarrollo de una voluntad plena de superación del neoliberalismo

Entendemos por voluntad plena de superación del neoliberalismo, una disposición permanente por ampliar los alcances de esta perspectiva en cada uno de los campos de la vida social e institucional del país. Si bien las demandas por derechos sociales universales, de democratización del sistema político y de ampliación de libertades civiles han sido las principales banderas esgrimidas por los movimientos sociales en la última década, constituyendo nuevos sentidos comunes y la base programática del Frente Amplio, existen campos decisivos sobre los cuales el poder del orden político y económico se asienta y reproduce (y el de las élites que dominan) que deben ser abordados responsablemente por una fuerza que se propone transformaciones estructurales.

Entre estos campos se encuentran la propiedad y gestión de los bienes comunes naturales, las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile, el Poder Judicial, los medios de comunicación, el conflicto histórico entre el Estado y los pueblos originarios, y las Relaciones Exteriores (en el momento de quizás mayor debilidad de la izquierda a nivel mundial durante las últimas dos décadas), entre otros. Retomando además la idea de que un programa político no es solo un camino para mejorar las condiciones de vida de las mayorías sociales del país, sino además una hoja de ruta para el avance de las fuerzas transformadoras al tiempo que las bases de la dominación de las élites se debilitan, con tal de dar sustentabilidad al proceso de cambios.

Un partido doctrinario que se inscribe en la tradición socialista

Por partido doctrinario entendemos, al menos, una doble dimensión: ideológica y de análisis crítico de la realidad chilena.

En la dimensión ideológica, proponemos un partido que se inscribe en la tradición socialista, como un acumulado teórico y práctico que, en términos generales, sitúa la superación del neoliberalismo en un horizonte de civilización poscapitalista, que se enriquece de lo mejor del pensamiento y la acción feminista y ecologista, para servir a los intereses de las y los trabajadores, mujeres, población LGBT y pueblos originarios, frente al capital, el machismo y la tendencia global al desastre ecológico. Que en Chile encuentra su experiencia más avanzada en el movimiento obrero del siglo XX y el gobierno de la Unidad Popular.

Por análisis crítico, comprendemos la profundidad de la hegemonía neoliberal establecida en la sociedad chilena y la sofisticación de los mecanismos de dominación del orden de la democracia restringida y el neoliberalismo, que exige de una fuerza transformadora una actitud vigilante para identificar correctamente los múltiples esfuerzos (culturales, comunicacionales, institucionales) que se van a desplegar desde las élites para domesticar, reducir y vaciar  el potencial de ruptura del Frente Amplio (por ejemplo, por errores propios y por aciertos de las fuerzas neoliberales), con tal de “romper los cercos” y desplegar nuestra iniciativa política.

Un partido que articule representación, inserción y conflictividad

Hoy el Frente Amplio tiene la oportunidad de representar a millones de personas a través del Senado, Cámara de Diputados, Municipalidad de Valparaíso, Concejos Municipales y Consejos Regionales. De todos modos, la función de representación institucional en Chile sigue estando condicionada por un orden político de democracia restringida que impide la expresión genuina de la voluntad popular. Lo que plantea el desafío de una articulación conjunta de los repertorios de representación institucional con los de acción colectiva de los movimientos sociales y de inserción en la vida cotidiana de las mayorías, con particular énfasis en los conflictos que expresan resistencias y alternativas al neoliberalismo.

De esta forma, si bien las categorías “partido” y “movimientos sociales” son diferentes, como su lugar en el proceso de cambios, para una fuerza transformadora ambas se sintetizan en una estrategia global y única. Por lo que nos inclinamos a una idea de partido que articule representación, inserción y conflictividad para la superación del neoliberalismo.

Un partido que construya militancia

Para una fuerza transformadora es de máxima relevancia generar audiencias masivas y redes de adherencia amplias, como le es imprescindible construir militancia. Por militancia entendemos el contingente humano que da vida al proyecto colectivo, mujeres y hombres con disposición y capacidad (moral, doctrinaria, técnica, entre otras) de organizarse políticamente de forma cotidiana para intervenir en los diversos campos de la vida social e institucional del país, como en el desarrollo del instrumento partidario, de manera protagónica.

Esfuerzo que se extiende entre las fronteras de la organización en particular, como a su vez hacia las mayorías sociales en general, de forma permanente. El sentido de la construcción de militancia dice relación, por un lado, con el proceso histórico impulsado por la élite política y económica que buscó destruirla (Dictadura Cívico-Militar), desmovilizarla y aislarla (Transición y gobiernos de la Concertación) y que al día de hoy se sigue expresando en militancias transformadoras precarias (en cantidad, profesionalización, recursos e inserción) y, por el otro, porque los medios y recursos que dispone la dominación neoliberal imponen altas exigencias para empujar el proceso de cambios y enfrentar las adversidades que se presenten. Lo que implica tomar distancia de cualquier fórmula de “partido de notables” (articulado en torno a un puñado de personalidades) o de partido “atrápalo todo” (unido en torno a acuerdos políticos mínimos), el primero por su carácter elitista, y el segundo por los riesgos de inconsistencia, ambos –a nuestro parecer– insuficientes.

Un partido para una voluntad plena de superación del neoliberalismo, doctrinario, que construya militancia y que articule representación, inserción y conflictividad, lo entendemos como un aporte al fortalecimiento, unidad y potencial transformador del Frente Amplio. Caracterización que puede contribuir, en conjunto con otros elementos, al proceso de convergencia entre distintos movimientos y sectores de izquierda para la existencia de un nuevo actor político en la coalición, en el que como Nueva Democracia estamos comprometidos. Y que además pone de relieve –a nuestro juicio– un desafío central para una fuerza transformadora y sus distintas militancias: El cumplimiento de nuestros objetivos, que persiguen ni más ni menos que generar transformaciones estructurales en una de las sociedades más neoliberales del mundo y que goza aún de buena salud en su dominación, exige de instrumentos partidarios que desarrollen progresivamente las capacidades para concretarlos. Por lo tanto, responder qué Frente Amplio necesitamos es también hacerlo sobre qué partidos requerimos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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