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Que caigan todos: abuso de poder, la herramienta preferida de depredadores

por 4 julio, 2018

Que caigan todos: abuso de poder, la  herramienta preferida de depredadores
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Terminé de leer el reportaje de la revista Sábado de El Mercurio mareada, con asco e impactada físicamente al hacer mía la desesperación en las palabras de las víctimas de Nicolás López, estoy segura que muchas ,como yo, se sintieron identificadas con ellas, y se les erizó la piel al sentir de nuevo el miedo, la impotencia y el asco ante un hombre que se comporta como describen que lo hace el director de cine, un misógino incapaz de tener empatía con una mujer, y es que los depredadores usan su poder en desmedro de la voluntad de su víctima, para subyugarla y quitarle voluntad.

Siento rabia, estoy enojada y culpó a todos los que estuvieron presentes mientras López hacia el numerito del gordo caliente ,primero, y después de flaco lascivo. A algunos de ellos los conozco personalmente y me pregunto hasta qué punto está normalizada la violencia contra la mujer en nuestro entorno, que hombres y mujeres adultas no la ven cuando está frente a sus ojos, no la identifican, es parte del ambiente. Me da furia eso, el egoísmo implícito en dejar pasar la humillación de otra persona, el minimizarlo.

Me identifico en el dolor de esas mujeres porque también he sido víctima del abuso de poder de un jefe, de una autoridad, de un depredador que da por hecho que el poder que detenta debe producir inmediata atracción hacia él, sino generará una situación sexual a la fuerza, si no lo aceptas puede irte mal, si lo denuncias, peor: junto de quedarte sin trabajo, puedes ser catalogada como la “mina cuatica”, e incluso se pueden cerrar otras oportunidades laborales, si decides ignorarlo y quedarte bajo su poder porque necesitas el trabajo, por un papel en una teleserie, te expones a que piense -él y su entorno- que te gustan sus bromas, que solo te haces la “difícil”, porque igual terminarán “tirando”, como le decía López a sus víctimas, mismo lenguaje en todos los depredadores, ¿quién les enseña?, es tan machista la sociedad que el lenguaje misógino es manejado con soltura por todos los victimarios.

Siento rabia, estoy enojada y culpó a todos los que estuvieron presentes mientras López hacia el numerito del gordo caliente ,primero, y después de flaco lascivo. A algunos de ellos los conozco personalmente y me pregunto hasta qué punto está normalizada la violencia contra la mujer en nuestro entorno, que hombres y mujeres adultas no la ven cuando está frente a sus ojos, no la identifican, es parte del ambiente. Me da furia eso, el egoísmo implícito en dejar pasar la humillación de otra persona, el minimizarlo.

La desigualdad en el acceso laboral y a puestos de toma de decisiones, harán que casi  siempre los jefes sean hombres y muchos de ellos, ignorantes de su privilegio, abusan de esto y usan a las mujeres que están obligadas a compartir su entorno de trabajo.

Es así, como la estructura de la sociedad pone a merced del machismo los abusos contra las mujeres, las humillaciones, el amedrentamiento y la coerción. Esto debe cambiar, no podemos seguir siendo cómplices al normalizar estas actitudes, no podemos tranquilizar nuestra conciencia pensando “son chistes”.

Tenemos el deber de levantar la voz si somos testigos de abuso de poder, machismo o acoso sexual, el deber porque son nuestras madres, hijas, hermanas y amigas, todas ellas sin excepción de clase social, nivel educacional, edad, territorio, todas ellas unidas por el mismo hilo de impotencia del acoso y el abuso sexual. Que triste que no estemos seguras ni siquiera en el trabajo, ni con nuestros amigos.

Los chistes sexuales que incomodan, los toqueteos al pasar, los comentarios lascivos no debieran estar permitidos y sin embargo están en todos lados, es un problema transversal. Siempre hay un hombre subyugando de alguna manera a una mujer, no es difícil ser testigo de una situación así, en los casting de cine, en los pasillos del Congreso Nacional, en los canales de televisión -ya lo vimos con Abreu- son depredadores, están en todos lados, y eran intocables, hasta ahora.

Desde la explosión de #Metoo -temática con la que Nicolás López había anunciado recientemente en La Tercera que haría una película- que los hombres  abusadores de la elite no pueden o no deberían estar tranquilos, les ha tocado a ellos a los más privilegiados de los privilegiados el rendir cuenta de sus chistes y sus bromas con intentos de violación incluida, los estamos sacando en frente y los queremos ver caer. Que caigan todos.

Queremos ver el desconcierto en sus caras cuando la misma sociedad que los levantó los deje caer, los desprecios de quienes eran sus cómplices, de quienes se reían con ellos. Que la pasen mal, que se venga de vuelta todo el dolor, toda la vergüenza y el desprecio que hicieron sentir a las mujeres que violentaron. Los queremos en la cárcel.

Estamos hartas, todas las mujeres hartas. En los testimonios recopilados  por el Observatorio de acoso sexual callejero (ocac) niñas de 11 años cuentan como son acosadas en la calle, como les han propuesto sexo al oído, o tocado sin su permiso. Las mujeres con la única tarea de estar a disposición del placer machista, las mujeres que para ser actrices protagónicas o jefas deben demostrar su entrega al poder fálico.

Tenemos que cambiar esto porque es peligroso y violento para las mujeres, y en consecuencia para toda la sociedad. Eso busca el feminismo, cuestionar y dejar de replicar el sistema patriarcal que propicia estos abusos, nos pide que reflexionemos sobre nuestro rol en esta injusticia, y busquemos un espacio desde donde poder ayudar a una sociedad más igualitaria, es un cambio paradigmático, por lo que todos somos responsables de impulsarlo. La revolución será feminista, o no será.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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