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El 11 de septiembre, mi cumpleaños Opinión

El 11 de septiembre, mi cumpleaños

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Patricio Hales
Por : Patricio Hales Embajador en Francia
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No podría evitar la autorreferencia ,no solo por mi vanidad, sino porque mal que mal el 11 de Septiembre, además, es mi cumpleaños . Pero, como corresponde, mi cumpleaños a pocos le importa. Y desde esa vez, para mi siempre pasa a segundo plano.

Día traidor por excelencia.

Normalmente el 9 y el 10 están soleados, son casi veraniegos y te engañas. Te sacas la camiseta y el chaleco que has mantenido en el invierno. El 11 te hace creer en el mismo clima pero, a media mañana que-sí-que no-que sí-que no .Y cuando creo que el aperitivo de cumpleaños vamos a tomarlo en la terraza, en mangas de camisa, viene la traición del frío.

Como ese Martes del 73.

Con un sol que parecía venir y se negó. Y mi mamá que había preparado el pavo para celebrar mi título de arquitecto junto con mi cumpleaños, que se convirtió en funeral lleno de solidarias contradicciones familiares, con mis lágrimas por el Presidente sacado como bulto del Palacio, envuelto en un choapino. Sentía dolor por el aplastamiento de mi compromiso de vida con el cambio social y dolor por los que sufrían, más que yo, aquellos los balazos que escuchaba protegido por mi padre.

Allende conocía la traición que se fraguaba, desde su elección.

[cit tipo=»destaque]Allende en cambio se niega a traicionar el rol que ya tenía decidido. Por eso ante su derrota se mata. Para que no sea derrota. Consigue que viva su recuerdo para servir a la causa. Rechaza todo lo que hubiera recibido si hubiese aceptado el avión que los golpistas le ofrecen para retirarse al exilio. Nos dejó el heroísmo de su decisión consciente de dar el salto hacia la muerte por cumplir .[/cita]

El 11 se vistió elegante, como siempre, hasta para morir. Como sabía a lo que iba a La Moneda, esta vez dejó sus cuidadas corbatas. Ad hoc eligió un sweater de cuello redondo cerrado, chaqueta de tweed sal y pimienta casi espigada, casco de combate y la AK-47. Sabía que venía la consumación de la traición. El había nombrado a Pinochet comandante en jefe porque supo generar confianzas amplias como todo traidor. Como me dijo el periodista suizo Jaques Depré en los 80 : “…tienes razón, Pinochet no hizo el Golpe, pero el Golpe hizo a Pinochet”. Era el poca cosa que retrata Gonzalo Vial, cínico “ la verdad se ve en los ojos” le respondió al historiador cuando le preguntó por qué andaba siempre de lentes oscuros. Habilísmo par subir y manejar el poder. Servil para cumplir. Incapaz de entender la ideología de sus mandatarios pero obediente en su traición.
Comprendió bien el programa represivo que la derecha le ordenó a los militares. Aunque los amos políticos, hoy se dicen inocentes de cómo mordieron las fieras a las que recurrieron. Los autores políticos del golpe hoy olvidan que también deben pedir perdón.

La derecha concentró en los militares las culpas, diciendo que “a los milicos se les pasó la mano”. Es decir la traición dentro de la traición. La derecha traicionó a los militares que los enriqueció. Así es el 11: siempre traidor.

Al correr de este 11 del 2018, se suman otras formas de traiciones. Las de los conversos, que bien describe Labarca. Las de los falsos revolucionarios que se inventan curriculum para servir a la derecha, cuando los golpea el rayo camino a Damasco, como traidores de pedigree. Y los de más de algún renegado que adoctrina al revés en nuestras filas.

Allende en cambio se niega a traicionar el rol que ya tenía decidido. Por eso ante su derrota se mata. Para que no sea derrota. Consigue que viva su recuerdo para servir a la causa. Rechaza todo lo que hubiera recibido si hubiese aceptado el avión que los golpistas le ofrecen para retirarse al exilio. Nos dejó el heroísmo de su decisión consciente de dar el salto hacia la muerte por cumplir .

Casi cabalístico que otro 11 de Septiembre aterroriza el 2001. ¿Otra traición? La de de esos terroristas que supieron ganarse la confianza en USA para preparar su atentado artero contra miles de inocentes y aterrorizar a millones.

El 11 registrado en su potencia por la numerología. El hijo del 1. El 11 de los dados ganadores. El dos veces 1. Justo la dos veces que el 11 puede salir en los 36 resultados posibles.

El 11 de guerra del cacique Huelén Huala, que le hizo creer a los españoles que había un acuerdo de paz y aceptación de su invasión . El 11 de Septiembre de 1541, según describe Vicuña Mackenna, levantó a sus tribus de Santiago y atacó de sorpresa la Plaza de Armas. Si los golpistas hubieran estudiado un poco más, habrían manipulado el 11 como fecha libertaria originaria. Pero amaban más la represión que la lectura. Los libros los quemaban.

Yo sentí que el 11 del 73 traicionó mi vida. Se derrumbó mi proyecto existencial. Se acabó lo yo que había decidido conscientemente, cuando sin pasar hambre, sin pobreza, asumí que la razón de ser de mi vida sería servir a la causa del gobierno popular y avanzar a construir la sociedad del hombre nuevo, con la ilusión de la biblia del marxismo bajo el brazo y mi veneración irracional a la curia religiosa de mi partido. Había reemplazado a los curas con los que aprendí, rezando en latín, a ayudar a los pobres, para pasarme a las filas de una nueva “religión” con la que creía que aprendería a destruir la pobreza. Muchos años después descubriría que mi nuevo fanatismo, por el que me tapé un ojo para no ver el muro de Berlin y por el que me tapé la boca para no hablar de lo derechos humanos en Cuba, no fue capaz de poner fin a la pobreza. Pero me demoré muchos años en revisarlo y me concentré en derrocar la dictadura orgulloso hasta hoy de haber peleado en las filas de los comunistas, los que la Dina tenía la orden de exterminar. Después hubo tiempo para la renovación. Pues el once de esa mañana nublada, traidor, me cortó la vida.

Como tenía mucho miedo, para no paralizarme, convertí el terror en acción contra la Dictadura, hasta el final, junto a otros más valientes que yo que quedaron en el camino. Me quedé los 17 años en Chile pensando que el desarraigo del exilio era mucho más doloroso que el miedo en Ñuñoa. Y las cinco cárceles , por las que me pasearon, aumentaron mi furia, que creo fue mejor que el miedo a la impotencia del desarraigo fuera de Chile.

Ganamos.

Y todo lo que no hemos hecho, todo en lo que nos hemos equivocado, todo lo que aún no corregimos, todo ha sido mucho mejor que el pasado. Salvo algunas cosas que a veces se parecen a la atmósfera de traición que deja el número 11.

El nublado reaparece y desaparece en el 11 este 2018. Hace solcito y aparece un poco de frío. Traidor como le corresponde. Me he tenido que poner el chaleco. No sé si por frío o por pena .

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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