domingo, 24 de marzo de 2019 Actualizado a las 02:12

Opinión

Autor Imagen

Ay, Brasil: del submarino que no fue y las preguntas que sí son

por 3 noviembre, 2018

Ay, Brasil: del submarino que no fue y las preguntas que sí son
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Es el uso que damos al petróleo al parecer un problema grave, que trae un desastre climático, según dicen muchos científicos. Pilar energético de nuestra civilización, parece pilar inamovible, ahí donde el dinero ha secuestrado sin retorno la política, es decir, donde la economía real está de rodillas ante un capitalismo financiero que solo se mira el ombligo y es amoral, y que llamamos capitalismo de casino, un ejercicio reservado a una minoría.

A su vez, el abuso contemporáneo del petróleo, bajo la égida del consumismo (consumismo que el capitalismo de casino necesita para existir), contribuye a crear un entorno favorable al cultivo de la imaginación apocalíptica que campea en nuestra época, la que, con sus filmes y sus prédicas, nos deja a su vez como más próximos del desastre. No obstante, es harto probable que, bajo un régimen global de planificación central socialista (que podríamos imaginar, con nostalgia y en la ucronia, exento de consumismo), la combustión fósil siguiese siendo un problema grave. Total, la industrialización ocurrió con la misma fiereza en ambos lados del muro de Berlín.

Y aún siendo todo ello cierto, es posible apreciar, desde América Latina y en lo que vale por sí mismo, el abortado sueño nacional/desarrollista que hacia 2008 eclosionó en las mentes de tres aliados poderosos, ahora presos: Othon, Lula y Odebrecht, es decir, un militar, un político y un empresario, cuasi-autores del primer submarino nuclear sudamericano, que sería íntegramente fabricado en Brasil, incluido su combustible radiactivo, y que iba a ser elaborado en las centrífugas diseñadas por el almirante Othon, educado en el MIT. En este sueño, que llegó a ser proyecto, un submarino nuclear patrulla la Amazonia Azul (o sea, el mar Atlántico), protegiendo esas enormes reservas marinas de petróleo que, en palabras de Dilma, deparaban 50 años de educación pública, gratuita y de calidad.

¿Qué poderosos intereses se sobrepusieron a un sueño tal, de modo que no solo Dilma fue destituida, los tres nacional/desarrollistas presos, y la Petrobras deshilachada?, ¿qué poderosos intereses no solo abortaron el programa nuclear brasilero, y su chiche principal, el submarino, dejando a cargo del país, en vez de Dilma, a un presidente Temer que, como quiere hacer también el candidato de moda Bolsonaro, entregará dichas reservas de petróleo a los privados extranjeros? Otros militares, otros empresarios y otros políticos se ven, bajo el nuevo orden de cosas, favorecidos. Una burguesía a la chilena, es decir, regaladora de las riquezas patrias al mejor postor. En La Cordillera (película de 2017) el presidente argentino es inducido, por funcionarios norteamericanos, a optar por una alianza con el gigante del norte, en detrimento de la que le ofrece el gigante de al lado.

Como en la película, en la realidad los intereses del Tío Sam no congenian con los mecanismos de integración latinoamericana e internacionales alternativos propuestos en los albores de este siglo y, hoy por hoy, ni Brasil está activo como líder y motor del Mercosur, ni como polo fundamental del bloque BRICS. ¿A quién, realmente, interesa que no exista un submarino nuclear brasilero, ni tampoco unas riquezas propias que proteger, ni que se proyecte un bloque de poder alternativo?, ¿no fue acaso, en el mismo proceso contra la corrupción que se llevó a la cárcel a Lula, a Othon y a Odebrecht, que la gigante estatal Petrobras, otrora en expansión, fue puesta de rodillas? y ¿no era la Petrobras, en el diseño del PT, la encargada de explotar los hidrocarburos para 50 años de educación gratuita?. Y ya que estamos ¿a quién no le conviene que el Brasil planifique períodos de 50 años, como hacen, por ejemplo, los Chinos?

¿A quién, realmente, interesa que no exista un submarino nuclear brasilero, ni tampoco unas riquezas propias que proteger, ni que se proyecte un bloque de poder alternativo?, ¿no fue acaso, en el mismo proceso contra la corrupción que se llevó a la cárcel a Lula, a Othon y a Odebrecht, que la gigante estatal Petrobras, otrora en expansión, fue puesta de rodillas? y ¿no era la PETROBRAS, en el diseño del PT, la encargada de explotar los hidrocarburos para 50 años de educación gratuita?

El proceso contra la corrupción, conocida como operación lava-autos, donde toda esta trama nacional/desarrollista resultó desbaratada, (y, además, mediáticamente satanizada, hasta el punto de dejarle el plato servido a un campeón de la moral como Bolsonaro) dicho proceso judicial, decía, ¿no fue acaso liderado por el juez Moro, educado en Estados Unidos, y compinche de varios políticos de derechas contra los que pesan, como en el caso de Aécio Neves, sendas investigaciones por corrupción, misteriosamente estancadas?. ¿Y acaso Bolsonaro no acaba de anunciar que, cuando sea presidente, ascenderá a Moro al Supremo Tribunal Federal de la nación?

En el espejo de Oriente Medio, la situación del petróleo sudamericano (hoy detentor, en Venezuela, de las mayores reservas del mundo), puede verse claramente reflejada, teñida allá, eso sí, de un intenso rojo sangre. El orden que rige, es decir, el capitalismo financiero de casino anglosajón (el que se juega en las bolsas de Londres y Nueva York) – y al que a ciegas le apuestan Piñera y Macri – requiere, para nutrirse a sí mismo, que el petróleo acá y allá permanezca o sea transferido a manos privadas, y que sea transado en dólares. De ahí que allá, Irán, y acá Venezuela, sean un problema grande. ¿Será pura causalidad que Bolsonaro y sus hijos, que también son figuras públicas, estén hablando de declararle la guerra a Venezuela, o que Colombia haya sido ya reclutada como semi-miembro de la OTAN?

También, allá como acá, la carta política de la religión se juega a fondo, desde hace años. Eclosiona allá en Al Qaeda (de la que luego nacerá ISIS), milicia internacional organizada por la CIA y los Sauditas en los 80 en Afganistán, lanzada contra los comunistas rusos primero, y luego, contra Irán. Eclosiona acá en iglesias evangélicas que florecen, en el parlamento brasilero, en una numerosa bancada evangélica que abraza el lema de Biblia, Bala y Buey, haciendo referencia a los métodos a través de los cuales las selvas remanentes deberían verse transformadas en potreros para bueyes y personas, potreros donde además, se declara la guerra al paganismo y al “marxismo-cultural” (como le llaman algunos en la derecha a un supuesto complot contra la familia y las buenas costumbres, originado en la escuela sociológica de Frankfurt).

Corte a lo alto del minarete de una mezquita siria bajo el Estado Islámico, en 2015, cuando el ejército de Assad y su régimen laico se baten en retirada, justo antes de la intervención rusa: el verdugo encapuchado de ISIS lee una sentencia, y luego lanza al vacío a un adolescente acusado de sodomía, ojos vendados, pies y manos atadas. Una multitud contempla abajo la ejecución pública. Cierta vez, preguntaron a Bolsonaro qué haría si su hijo fuera gay, dijo él que en tal caso preferiría que su hijo estuviera muerto.

Las fuerzas racionales – como en la planificación central que preconizaban las dictaduras comunistas – siempre han estado ahí. Racionalizar la producción, la distribución y la demanda: ¿no es acaso esto lo que se requiere respecto del petróleo, a una escala global, dada la mala salud del planeta? ¿O será que se necesita más capitalismo de casino para lidiar con la tremenda crisis ecológica? ¿Y cómo funciona la imaginación apocalíptica, moldeada por Hollywood, y también por credos fatalistas y milenaristas, que anuncian la proximidad del fin, como en el credo Wahabí de los Saudíes, ISIS y Al Qaeda, o bien en el credo de muchos de los votantes de Bolsonaro (se calcula que los evangélicos son ese país unos 50 millones), candidato, por cierto, bautizado ante la lente de una cámara en las aguas del río Jordán, con las manos juntas como rezándole a un dios que no te explico, y quien ha anunciado que, para él, los Sin Tierra del Brasil y los palestinos son terroristas, y que hará, cuando sea presidente, del Brasil el mejor amigo de Israel? ¿Acaso no es lo único que ahora nos falta un atentado de ISIS o Al Qaeda en la triple frontera?

¿No será tarea urgente para la izquierda contemporánea asumir como desafío propio este lamentable orden de cosas, y asumir la tarea de comprender estos mecanismos de dominación (capitalismo de casino e imaginación apocalíptica), para después poder imaginar y proponer una salida?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV