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El cáncer de Chile

por Orlando Alva 30 octubre, 2019

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Señor Director:

Cuando nos enfrentamos a una enfermedad, el primer paso es analizar los síntomas y en base a ello determinar las causas; a continuación podemos, y en general es deseable, paliar los síntomas (dolor, fiebre, etc.) pero, de manera más importante, el tratamiento de las causas que llevaron a dicha condición debe ser el objetivo primordial.
Chile viene por décadas arrastrando una enfermedad social que tiende a ramificarse y generar nódulos en muchos estamentos públicos, tanto en el ejecutivo, legislativo, judicial y fuerzas del orden, pero de igual manera en otras instituciones como la iglesia y prensa. Los síntomas crónicos que se han venido manifestando son la desigualdad, la injusticia y falta de protección social (particularmente en salud, educación y sistemas de pensiones), aunque también ha tenido manifestaciones agudas, violentas y febriles como los distintos movimientos sociales que revelan una gran desconfianza en la clase política… este tipo particular de cáncer que se ha vuelto frecuente en Latinoamérica y el mundo se llama CORRUPCIÓN.
Este mal toma múltiples nombres que tratan de parecer aflicciones diferentes: evasión, colusión, desfalco, estafa, malversación, cohecho, sobresueldo, conflictos de interés, financiación de campañas, uso indebido de información privilegiada, prescripción de delitos, ocultamiento de costos, triangulación de dineros, facturas falsas, traspaso de responsabilidad a subalternos, desaparición de pruebas, censura, prensa alineada, etc.; pero vienen de la misma tumefacción… y lo que es peor ha conseguido generar camarillas que se coordinan para estos fines: redes de corrupción, abusadores sexuales, sobornos, narcotráfico, tráfico de influencias, de armas, de boletas, de leyes y más.
Por desgracia, los encargados de aplicar un tratamiento a esta enfermedad no han sido profesionales capacitados, han sido chamanes y pseudocientíficos que han procurado poco más que paliar uno que otro síntoma, a veces de la peor manera; por ejemplo normalizar los síntomas de corrupción a través de leyes: legalizar aportes de privados a personajes públicos, transformar delitos en faltas, permitir la prescripción de los delitos, perdonazos, penas remitidas, etc. Y los organismos creados para el control de la misma llegan tarde: Fiscalía, contraloría, SII y otros deberían ser el equipo médico que detecta la enfermedad, pero terminan siendo forenses que realizan las autopsias.
Pregúntese cuál es el objetivo de tantos parlamentarios, ministros y otros personajes públicos que han manifestado tener sueldos mediocres en el servicio público (que en la realidad suelen ser de más de 30 veces el sueldo mínimo chileno y están dentro del top 3 mundial). ¿Por qué insisten en eternizarse en dichos cargos si son tan poco rentables según dicen? ¿Tendrá algo que ver el constante flujo de funcionarios públicos al mundo privado y del mundo privado a los cargos públicos (en los mismos sectores en que se han desempeñado antes) con la enorme cantidad de leyes a medida que han venido favoreciendo a la empresa en desmedro del trabajador?
El análisis de la enfermedad no es tan complejo, el pueblo lo ha manifestado repetidamente y figuras de diversas áreas lo han descrito acertadamente. Debemos tratar los síntomas y realizar mejoras en los reclamos sociales más urgentes (AFP, salud, sueldo mínimo, pensión básica, control adecuado de los recursos como el agua, etc.); pero es igual de importante, y más con miras a largo plazo, el corregir las causas de este mal…es necesario un nuevo pacto social; traducido hay que reescribir las leyes. Pero aquí es donde radica la importancia del tratamiento: Tenemos que elegir correctamente a los encargados de la redacción de la nueva constitución y a los futuros modeladores de nuevas leyes. De otra manera solo estaremos paliando algunos síntomas de la enfermedad y no consiguiendo la cura.
Y aquí les recuerdo algo que la ley romana de hace 2000 años ya advertía, “los miembros del Senado y sus familias tienen prohibido dedicarse al comercio”. La razón es de una claridad mayúscula, no puedes ser un servidor público si tienes intereses privados; por ejemplo si tienes que votar una ley que aumenta los impuestos a las empresas, la decisión que tomes se verá influida enormemente si eres accionista de una empresa pues tus intereses económicos se verán afectados (en la actualidad muchos parlamentarios son dueños o participan directa o indirectamente en empresas y a pesar que en teoría deberían restarse de votaciones para las que tienen “conflictos de interés”, usualmente no suelen hacerlo).
“El poder corrompe”, es una sentencia tan conocida que cuesta determinar hace cuanto la aprendió la humanidad, y mientras más tiempo pasas en el poder, más posibilidades existen que las circunstancias te lleven a tomar decisiones injustas para con los que te eligieron. No es tan difícil tampoco entender como los privilegios llegan a pervertir a un individuo originalmente honesto ¿Cómo puede un sujeto que vive en un mundo de regalías comprender o hacer suyas las necesidades del poblador común?, ¿Cómo, si lo rodeas de gente que lo sirva, puede un representante recordar en su trabajo diario que fue elegido para servir?
El congreso actual es, en general, un vergonzoso negociado de favores políticos que se traducen en aprobar leyes sin importar si confieren un beneficio final en la población y es justamente esta corrupción institucionalizada lo que ha transformado al pueblo de Chile en el equivalente a una mujer maltratada que no logra tener una relación saludable con su pareja. Los gobiernos legislativo y ejecutivo se han ido convirtiendo en un marido golpeador que cada vez pega más fuerte y en nuevos sitios. Ley a ley, los parlamentarios han ido dándole armas al legislativo para abusar de su posición…
Mis propuestas principales para la nueva constitución son que existan restricciones en cuanto a los procesos de elección de los miembros que conforman el legislativo y ejecutivo, sus atribuciones, privilegios y así como ejemplares sanciones en casos de falta de probidad; esto con el fin de estimular la participación en estos ámbitos de personas valiosas, con real sentido de servicio público y a la vez desincentivar las situaciones de corrupción en los cargos públicos.
• De la elegibilidad:
• No podrán participar de procesos electorales empresarios, accionistas o dueños de capital que superen el 0,1% del PIB.
• No podrán ser re-elegidos en ningún cargo público más de una vez, consecutiva o alternadamente (con efecto retroactivo).
• No podrán participar de cargos parlamentarios o ministeriales por más de 12 años consecutivos y 15 en total (con efecto retroactivo).
• De las atribuciones y privilegios:
• No podrán recibir remuneraciones brutas mayores a 5 veces el sueldo mínimo nacional.
• No podrán participar en las decisiones relacionadas a sueldos, reajuste, bonos y similares, de sí mismos u otros miembros asociados al parlamento y gobierno (asesores, secretarías, etc.)
• De las penas por corrupción:
• La condena de un servidor público en casos relacionados a corrupción en cualquiera de sus formas deberá incluir incuestionablemente, además de cualquier reparación económica aplicada, pena efectiva de cárcel sin derecho a remisión.
• La condena de un servidor público en casos relacionados a corrupción en cualquiera de sus formas conllevará la exclusión de por vida de la actividad pública en cualquiera de sus ámbitos sin posibilidad de apelación.
Si el objetivo de este proceso es generar un nuevo pacto social que realmente represente un cambio significativo y duradero, es tiempo que cambiemos el congreso por uno fresco, no contaminado con las prácticas antiéticas al límite de la ley que hemos venido observando. Necesitamos jóvenes con ganas de hacer bien las cosas para el país, de esos que han salido a exigir sus derechos, de esos que no tienen compromisos adquiridos con los privados, de esos que sueñan con tiempos realmente mejores… es la oportunidad que ustedes se transformen en los cirujanos del futuro y extirpen esta enfermedad de la sociedad.
De lo contrario, seguiremos condenando nuestro futuro a sufrir los caprichos y ambiciones de más de un especulador.

Dr. Orlando Alva
Biólogo - Docente

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