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Después de la tormenta

por 18 abril, 2020

Después de la tormenta
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Probablemente nadie se imaginó que a estas alturas nos veríamos envueltos en una crisis humanitaria de la envergadura de la que estamos viviendo. El Covid-19 llegó como un torbellino a arrasar con la cotidianeidad, las certezas, los proyectos y, lamentablemente, miles de vidas alrededor del mundo. Una tempestad que nos está sacudiendo en lo más profundo, pero que también esperamos nos dé algunas posibilidades de comenzar a hacer las cosas de manera distinta.

“Cuando salgas de esa tormenta no serás la misma persona que entró en ella. De eso se trata esta tormenta”, escribió el escritor japonés Haruki Murakami, y pareciera que esa es la ruta que vamos–o deberíamos - tomar tras vivir esta pandemia.

Ante esta crisis, muchas empresas se van a ver obligadas a reinventarse, o a partir incluso de cero, para salir a flote ante una crisis económica que vivirá el mundo entero, pero ¿no será entonces el momento ideal para hacer y pensar las cosas distintas? Cuando vimos la fragilidad, temimos como si el coronavirus fuese lo único que nos pudiese derribar, pero lo cierto es que la ciencia nos viene diciendo hace décadas que, para que las futuras generaciones no se vean devastadas y con temor a, por ejemplo, no tener algo tan vital como el agua, necesitamos que todos hagamos un cambio ahora.

¿Cómo invertir de tal manera que generemos menor impacto al planeta? ¿Cómo inmiscuir a las comunidades para que los productos o servicios estén acorde a las necesidades de la población, pero que también respondan a los cuidados que el medio ambiente requiere? ¿Cómo generamos proyectos y negocios donde la empatía, el pensar en el otro no sólo como un consumidor, sea parte relevante de la propuesta? ¿Cómo formamos organizaciones donde los colaboradores sean pilar importante, no sólo por su capacidad de producir, sino por su valor humano, por ser un sello diferenciador que merece un cuidado por parte de la compañía?

Pareciera que muchas de esas respuestas están en algo que ha sido evidente en esta crisis: necesitamos de la colaboración de todos para avanzar, que cada uno se atreva a dar lo mejor si para que, como un gran equipo, generemos cambios que generen un impacto positivo. Hoy, cuando sabemos que el trabajo en conjunto puede salvar vidas, cuando si todos ponemos un granito de arena podemos aplanarla tan temida curva, tenemos la posibilidad de evidenciar lo importante que es el trabajo en conjunto para enfrentar una crisis y que dar un poco de uno a otro, no es una pérdida, sino más bien una tremenda ganancia.

Estamos en un escenario duro, pero debemos mirar hacia delante y comenzar a entender que son pocos los momentos que tenemos, a nivel mundial, para reflexionar y pensar en cómo  hacer cambios que nos permitan  construir un futuro distinto, con nuestros errores y aprendizajes del pasado, pero sobretodo con los pies más puestos en la tierra que nunca, entendiendo que somos más iguales de lo que muchos han querido creer, que necesitamos del otro y que está en nuestras manos hacer que, luego de esta experiencia tan dolorosa para tanta gente, podamos sacar algo positivo.

Esta pausa obligada puede ser una invitación a pensar en cómo resurgir más fuertes, tomando conciencia de la naturaleza, de lo importante que es la colaboración de todos, de mirar hacia el lado y ser empáticos, para volver con más valentía a retomar nuestras actividades, ahora con una nueva mirada.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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