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Saberes y cambio climático

por 20 agosto, 2021

Saberes y cambio climático

Crédito: Aton

Hoy en día Chile necesita conservar, restaurar, proteger y alinear los proyectos de desarrollo económico a las bases y la realidad de los sistemas socioecológicos en donde operan, para ser un real aporte a la sociedad, que permita seguir soñando con el bienestar en la vida. Todos debemos participar de esta transformación, el Estado, el sector privado y ciertamente la ciudadanía. Necesitamos políticas públicas y privadas que reconozcan y promuevan la gestión de la conservación, como la ley de Biodiversidad y Áreas Protegidas. Necesitamos una Constitución que reconozca esta relación de vital dependencia que las sociedades tenemos con la naturaleza.
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Esperamos que el nuevo informe que entregó la IPCC nos haya sacudido a todas y todos, pues es devastador. El cambio climático que estamos viviendo no tiene precedente en miles de años y es ya irreversible. Y los anuncios del informe ocurren hoy mismo en eventos extremos de calor e incendios en Europa y Estados Unidos. O inundaciones como las de Alemania y China hace unas semanas. El futuro que vienen anunciando los expertos desde hace 30 años ya está acá. Y los efectos que estamos viviendo hoy solo van a empeorar si no cambiamos el rumbo de vida que nos ha traído hasta este exacto momento.

Si bien Chile no contribuye sustancialmente a la emisión de gases de efecto invernadero causantes del calentamiento global, sí es altamente vulnerable a sus efectos. El país está dando pasos importantes, avanzando decididamente hacia la carbono-neutralidad, o disminuyendo el uso de plásticos. Sin embargo, debemos acelerar el paso, y sobre todo incorporar herramientas más poderosas en su combate. Y no existe un arma más eficiente y costo-efectiva para mitigar y adaptarnos al cambio climático que la conservación y restauración de nuestra naturaleza. De hecho, se ha demostrado que más de un tercio del problema del calentamiento global puede venir de la implementación de Soluciones Basadas en la Naturaleza, como es su nombre técnico.

El paradigma de desarrollo chileno del último siglo se ha basado en infraestructura gris: grandes embalses que en escenario de sequía no se podrán llenar, extensión de monocultivos hasta donde la tecnología y la ingeniería aguanten, entre otros ejemplos. La infraestructura verde, como la restauración de ecosistemas degradados, el mantenimiento de zonas de amortiguación ribereñas y la reforestación con especies nativas, son dispositivos naturales para enfrentar las necesidades de este mundo cada vez más caliente. Lo que mandata este nuevo informe es un vuelco en la mirada.

Los ecosistemas como bosques y matorrales, todo tipo de humedales y especialmente turberas, bosques de macroalgas, los suelos, capturan y retienen el carbono, disminuyendo la carga y emisiones de CO2 en la atmósfera. Y Chile es –todavía un país relativamente millonario en naturaleza. Más aún, el combate al cambio climático a través de estas Soluciones Basadas en la Naturaleza, trae consigo una serie de beneficios adicionales por la misma inversión, incluyendo: mantención de ciclos hidrológicos, purificación de agua, mitigación de olas de calor en zonas urbanas, formación de suelo, ciclaje de nutrientes, mitigación de impactos costeros, espacios educativos y turismo, espiritualidad de pueblos originarios, entre muchos otros.

El paradigma de desarrollo chileno del último siglo se ha basado en infraestructura gris: grandes embalses que en escenario de sequía no se podrán llenar, extensión de monocultivos hasta donde la tecnología y la ingeniería aguanten, entre otros ejemplos. La infraestructura verde, como la restauración de ecosistemas degradados, el mantenimiento de zonas de amortiguación ribereñas y la reforestación con especies nativas, son dispositivos naturales para enfrentar las necesidades de este mundo cada vez más caliente. Lo que mandata este nuevo informe es un vuelco en la mirada. Pues, desde la perspectiva tradicional y tecnocrática del desarrollo, un humedal, por ejemplo, es un pantano que conviene secar para dar lugar a ganadería, desarrollos urbanos o autopistas de alta velocidad.

La evidencia demuestra que dichas inversiones no aportan al desarrollo en el largo plazo (muchas veces ni en el corto), pues la pérdida de la naturaleza impacta en la pérdida de vitales y variadas contribuciones que nos entrega la naturaleza, y que son esenciales para nuestro bienestar humano actual y futuro. Y su destrucción estalla en problemas que son más grandes, más caros y más complicados que el simple hecho de incluirla en el diseño de nuestras actividades de manera integral.

Hoy en día Chile necesita conservar, restaurar, proteger y alinear los proyectos de desarrollo económico a las bases y la realidad de los sistemas socioecológicos en donde operan, para ser un real aporte a la sociedad que permita seguir soñando con el bienestar en la vida. Todos debemos participar de esta transformación, el Estado, el sector privado y ciertamente la ciudadanía. Necesitamos políticas públicas y privadas que reconozcan y promuevan la gestión de la conservación, como la ley de Biodiversidad y Áreas Protegidas. Necesitamos una Constitución que reconozca esta relación de vital dependencia que las sociedades tenemos con la naturaleza. Las oportunidades están allí. La ciudadanía lo ha entendido. El mundo científico lo sigue confirmando. Solo falta que el resto haga su parte.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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