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La Odisea: Chile en el mar de la doctrina Donroe ANÁLISIS Imagen: Departamento de Guerra de EEUU

La Odisea: Chile en el mar de la doctrina Donroe

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Paz Zárate
Por : Paz Zárate Abogada experta en derecho internacional (@paz_zarateb).
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Ojalá quienes deben lidiar con Trump y su gobierno a nombre del Estado de Chile puedan, como Odiseo, combinar coraje, inteligencia y capacidad de escuchar a quienes más saben.


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Esta semana en política exterior estuvo marcada por varios acontecimientos. En primer lugar, el Departamento de Estado lanzó un video que explica la llamada doctrina Donroe, es decir la versión de la doctrina Monroe que Trump ha revivido. El video, que recoge ideas ya explicitadas en la Estrategia de Seguridad Nacional que EEUU lanzó el año pasado, es elocuente en transmitir la noción de que EEUU aspira a ejercer un poder imperial: quiere dominar de forma incuestionable a todo Occidente, y ciertamente a todos los países del continente americano. Esto no es una interpretación: está dicho tal cual.

De acuerdo a lo presentado en el video, EEUU está constituyendo -por lo bajo- un protectorado sobre todos nosotros. Es algo que simplemente nos imponen: no se concibe que un país ejerza su voluntad soberana decidir libremente asociarse, cooperar o amablemente declinar el rol de súbdito. Y otro detalle notable de esta propaganda en particular: el foco sostenido de la hostilidad estadounidense a través de los siglos es Europa (no China).

Pasemos a lo segundo: la cumbre en Panamá de ministros de los países pertenecientes al “Escudo de las Américas”, la alianza liderada por EEUU que se propone usar la fuerza militar para destruir a los cárteles de la droga. El gobierno trumpista la ha promocionado como si tuviera 19 miembros, pero en realidad son 16, pues tres no han formalizado su ingreso y permanecen en estatus de observadores: Perú, Bahamas y Chile.

Hay que decir que esta alianza tiene un carácter ideológico: por ende, México y Brasil, liderados por la izquierda, están excluidos. Al ser los países más importantes tanto en términos de PIB, como de presencia de mercados ilícitos, resulta dudoso que sin su participación la alianza logre alcanzar el fin que se propone.

Ahora bien, la cumbre de Panamá destacó porque en ella EEUU usó un lenguaje amenazante para instar a los países congregados a permitir operativos conjuntos, retirarse de la Corte Penal Internacional y aumentar sustancialmente su gasto en Defensa y no en Policía (por más que el fin sea combatir la criminalidad).

Aquí debe llamar la atención que la exigencia de un mayor gasto en Defensa se base en un paralelo que EEUU hace con la OTAN, equiparando a este pacto atlántico con América Latina. En realidad, la estructura de ayuda recíproca construida en el hemisferio norte para defenderse de la amenaza de Rusia (y antes, de la Unión Soviética) no tiene nada que ver con nuestra región.

Los contextos son incomparables: no existe hipótesis de guerra entre países latinoamericanos, y nuestros desafíos de seguridad tienen origen en la pobreza y en la debilidad de las instituciones estatales. No obstante, el Escudo de las Américas deja totalmente de lado las raíces de la criminalidad que dice querer combatir, y fusiona sin más defensa y policía como si fuesen lo mismo.

Ahora bien, el paralelo de la OTAN de todos modos parece relevante para EEUU porque el Escudo de las Américas tiene la ambición de “responder rápidamente a crisis en todo el hemisferio occidental” mediante operativos conjuntos que tendrían lugar bajo “mando y control unificado”. Entonces, el Escudo de las  Américas sí parece ser una especie de OTAN, pero una con dinámica de súbditos y no socios: EEUU impone todos los términos. Así, podría dirigir a las FFAA de países latinoamericanos y colocarlas en cualquier punto de Occidente que quisiera, una cosa poca.

Por otro lado, la exigencia de salir de la Corte Penal Internacional tiene una explicación concreta: el hecho que el Escudo de las Américas es el continuador de la operación “Lanza del Sur”, que a comienzos de este año asesinó a más de 220 personas en el Caribe mediante ejecuciones sumarias cometidas en alta mar, con misiles lanzados a pequeñas lanchas y sin que exista evidencia de la conducta que supuestamente habrían tenido sus tripulantes. EEUU quiere asegurar impunidad para estos crímenes y futuras acciones del mismo tipo, y por esto socava la justicia internacional.

Lo descrito justifica que nuestro país haya decidido mantener por ahora su estatus de observador. De partida, en Chile el rol clave en lucha contra el crimen lo tiene el Ministerio de Seguridad Pública, y no el de Defensa. Es cierto que sería bueno que nuestro país tuviera una estrategia de cooperación internacional para perseguir el crimen organizado, y también es cierto que algunos elementos, como el intercambio de inteligencia que podría gestarse al interior de esta alianza, podrían ser beneficiosos.

Pero, dado que -según la doctrina Donroe- lo que el Escudo de las Américas busca es el control de EEUU sobre sus integrantes, es improbable que EEUU permita participaciones parciales, o que un país como Chile sólo acepte algunos elementos de la misma, como sugirió a su regreso de Panamá el Ministro de Defensa chileno, Fernando Barros.

Chile es el único país de la región que ha decidido analizar detenidamente la oferta de ingreso a esta alianza y tomarse tres meses para hacerlo. Según Barros, en noviembre anunciaremos cuál será nuestra posición: la dilación parece ser la única salida diplomática posible, pues en noviembre, si Trump pierde las elecciones de medio tiempo, su proyecto militar se verá jibarizado por la pérdida de una o ambas cámaras del Congreso.

En cualquier caso, cuando el Ministro de Defensa valientemente puntualiza que “Chile no es el patio trasero de nadie”, el quiebre con la doctrina Donroe es inevitable. Y eso -tarde o temprano- tiene un precio.

Lo que nos lleva al tercer y último hito internacional de esta semana: el hecho que EEUU emitió un informe llamado “La Gran Estafa del Tráfico de Mercancías”, que acusa a Chile y otros países de ser parte de un “Caballo de Troya” del comercio chino; esto es, de servir como herramienta a China para introducir camufladamente sus importaciones a EEUU en condiciones ventajosas, aprovechando ventajas arancelarias, portuarias y otras de los países acusados.

En castellano, el documento nos acusa de ser cómplices de una estafa que daña a la superpotencia, y la imagen troyana del caballo, elegida para la portada del mentado informe, no es casual. En la historia homérica, Odiseo y sus compañeros merecieron castigos por su deshonestidad.

Resumiendo: no ser súbdito en un “patio trasero” es hacer respetar la soberanía y dignidad de Chile, dos cosas que no tienen precio y dos presupuestos básicos de cualquier contacto de nuestro país con otro Estado, sea éste grande o chico. Pero estemos advertidos: la acusación fabricada en nuestra contra tiene por objeto preconstitutir castigos futuros.

Como es bien sabido, la historia de Odiseo -efectivamente, autor de un ardid- tuvo buen final, gracias a su propia astucia estratégica y al consejo de Atenea, diosa de la sabiduría y de la guerra. Ojalá quienes deben lidiar con Trump y su gobierno a nombre del Estado de Chile puedan, como Odiseo, combinar coraje, inteligencia y capacidad de escuchar a quienes más saben.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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