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Es urgente que los candidatos piensen en una política migratoria integral con enfoque en DD.HH.

por 24 octubre, 2021

Es urgente que los candidatos piensen en una política migratoria integral con enfoque en DD.HH.

Crédito: ATON

No se profundiza en la temática, los programas se limitan a reproducir frases y estereotipos  que los y las candidatas saben que sus potenciales votantes quieren escuchar, con ideas tan extravagantes como la de cavar una zanja en la frontera, que claramente no aporta solución alguna a la crisis humanitaria de fondo. Hay grandes declaraciones, expresiones suntuosas pero de baja densidad y vacías de contenido, lo que es muy triste porque detrás hay personas, familias enteras, y lo que es más grave, niños, niñas y adolescentes.
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Nadie puede ser indiferente a la crisis migratoria que hoy vivimos en el país, más cuando observamos a niños, niñas y adolescentes temerosos de expulsiones que podrían llegar en cualquier momento para sus padres.  Vivir permanente instalados en el miedo y la incertidumbre, que ya se inició en el país de origen, prosiguió durante el viaje migratorio y no termina en su llegada a destino, supone una clara vulneración de su  derecho a desarrollarse de manera integral.

Por ello es necesario buscar soluciones de fondo y abordar este fenómeno analizándolo desde una perspectiva mucho más humana; comprender que las familias que deciden migrar en esas condiciones vienen huyendo de situaciones de pobreza, violencia y otros hechos que acaecen en sus países.

Es urgente que los candidatos a la Presidencia de Chile piensen en la necesidad de generar una política migratoria integral con un claro enfoque en derechos humanos. Lamentablemente hoy carecemos de ella y no parece que los diferentes programas políticos se hagan cargo de la cuestión.

No se profundiza en la temática, los programas se limitan a reproducir frases y estereotipos  que los y las candidatas saben que sus potenciales votantes quieren escuchar, con ideas tan extravagantes como la de cavar una zanja en la frontera, que claramente no aporta solución alguna a la crisis humanitaria de fondo. Hay grandes declaraciones, expresiones suntuosas pero de baja densidad y vacías de contenido, lo que es muy triste porque detrás hay personas, familias enteras, y lo que es más grave, niños, niñas y adolescentes.

A su vez, la nueva Ley de migración y extranjería, cercana a entrar en vigor y cuyo reglamento está ad portas de aparecer, pero que se ha realizado con un completo oscurantismo por parte del ejecutivo, sigue muy centrada en una política exclusivamente de frontera, es decir, continúa focalizando su atención en quién entra y sale de nuestro territorio, cuáles son los documentos precisos para el ingreso y cuáles sirven para viajar, pero no ve al migrante más allá de ese momento, no existe un seguimiento de su situación, un acompañamiento integral, garantizando sus condiciones mínimas de vida y su inclusión en la sociedad receptora. Asimismo, la ausencia en la norma de mecanismos de regularización ordinaria (arraigo familiar, social, laboral) provocará que buen número de personas queden condenadas a vivir en la clandestinidad, frente a la imposibilidad de regularizar su estatus migratorio.

Las personas que arriban a Chile huyendo de situaciones extremas no se detienen ante una frontera y seguirán emigrando, porque consideran que aquí pueden encontrar un futuro para ellos y sus familias, por eso es vital una política que contemple al migrante como una persona, como un ser válido y no como un problema.

Debemos ser empáticos y tener voluntad política para poder resolver esta situación ahora, y hacerlo desde una política integral e inclusiva. Si esto no ocurre, continuará creciendo la cifra de migrantes indocumentados, que no pueden firmar un contrato de arriendo, ni tampoco uno de trabajo, y que no les queda otra que vivir en la calle, en carpas, generándose las tensiones sociales a las que hemos estado asistiendo en el norte del país. Esas familias migrantes no tienen otra opción, y pareciera que el mensaje que reciben es un rotundo aquí no son bienvenidos. Tal vez ha llegado la hora de abrirles los brazos y dejar de hacer política partidista con su realidad

Hoy día contamos con un mecanismo que podría ayudarnos, al menos, en parte a resolver este entuerto, que no es otro que el estatuto de refugiado y refugiada, que se encuentra inserto dentro del marco internacional que Chile ha ratificado, así como en nuestra normativa nacional. Ahora bien, las personas que logran que les sea reconocida dicha condición pueden contarse con los dedos de ambas manos. Efectivamente, el ínfimo número de expedientes aceptados durante el devenir del presente año, denota que el mecanismo no está funcionando. La burocracia, una vez más, parece imperar sobre la vida de los individuos.

Debemos ser empáticos y tener voluntad política para poder resolver esta situación ahora, y hacerlo desde una política integral e inclusiva. Si esto no ocurre, continuará creciendo la cifra de migrantes indocumentados, que no pueden firmar un contrato de arriendo, ni tampoco uno de trabajo, y que no les queda otra que vivir en la calle, en carpas, generándose las tensiones sociales a las que hemos estado asistiendo en el norte del país. Esas familias migrantes no tienen otra opción, y pareciera que el mensaje que reciben es un rotundo aquí no son bienvenidos. Tal vez ha llegado la hora de abrirles los brazos y dejar de hacer política partidista con su realidad. Hay demasiadas vidas, historias y esperanzas en juego, no podemos seguir mirando hacia otro lado.

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