Opinión
Foto: AgenciaUNO
El PDG (o Partido De Gobierno)
Por el momento, sugiero que el PDG pase a llamarse el Partido De Gobierno. No es mal nombre si el Servel decide disolverlos, les puede servir en todos los escenarios, es sea, cuando son oposición, oficialistas, de centro, izquierda o derecha, ¿cierto?
La estrategia de los hermanos Parisi para proyectar quiénes son los líderes y dueños del PDG es impecable. Mantienen la vocería del partido alternándose el rol.
Franco viene a Chile cada cierto tiempo y despliega un itinerario mediático extenuante visitando todos los noticieros, matinales y radios que puede cubrir en un par de días, para luego volver a Estados Unidos y seguir con sus actividades empresariales. En su ausencia, Zandra toma la batuta y se encarga de instalar la agenda política que, por supuesto, es funcional al gran objetivo de la dupla: la proyección presidencial de Franco. Claro, de vez en cuando, aparece Pamela Jiles con su agenda propia, esa de los retiros -proyecto único que viene adaptando a la coyuntura hace siete años- mezclada con polémicas y exabruptos, como cuando hace un par de meses encaró a un periodista que le dijo que ella era una mujer de izquierda, cosa que negó, pese a que fue parte del MIR y el Partido Humanista. Por cierto, “la abuela” es un caso aparte.
¿Quién es el presidente del PDG? A nivel público, su posicionamiento es cero. Como dato informativo se trata de Denisse Catalán, una desconocida técnica en contabilidad, que, con 26 años, se convirtió en la presidenta más joven de los numerosos partidos políticos chilenos, luego de la renuncia de Rodrigo Vattuone. Como anécdota, Juan Marcelo Valenzuela se llama el jefe de la bancada del PDG en la Cámara. Dirigentes que parecen ser de fachada y moldeables, porque el poder real, se reparte entre los hermanos Parisi.
Zandra es, desde lo público, el alter ego de Franco. De estilo afable, suave y conciliador, la diputada ha tratado de despejar, desde el 11 de marzo en adelante, cuál es el espacio que ocupa el PDG en el amplio espectro político chileno. Sin éxito, por cierto. Ha dicho que “no son de gobierno” o que representan “el principal partido de oposición de Chile”, sin embargo, los hechos y las señales apuntan en sentido contrario: la inclinación hacia la derecha ha quedado totalmente en evidencia entre sus parlamentarios. Uno de sus diputados más mediáticos se disfraza del dictador para ir al Congreso reivindicado su imagen y todas las barbaridades que cometió. La misma Jiles estuvo durante cuatro años obsesionada con la figura de Boric y tiene una extraña cercanía con Johannes Kaiser. Pero lo más claro y nítido, es que el PDG ha votado, con una disciplina que deben envidiar en la derecha, a favor de todas las iniciativas legislativas impulsada por La Moneda.
Sin ir más lejos, el PDG fue gravitante para que el gobierno se anotara un triunfo con la megarreforma, siendo quienes inclinaron la balanza. Un rol que le encanta jugar a su líder y fundador, Franco Parisi.
Durante la tramitación, La Moneda, apostó todas las fichas a este partido. Con eso, no fue necesario perder tiempo con la ex Nueva Mayoría. Los 13 diputados de la colectividad votaron a favor de la idea de legislar primero y del proyecto después, con la condición de que el Ejecutivo presentara el proyecto de los pañales, una iniciativa que terminó siendo un verdadero volador de luces.
Además de un engorroso sistema para el reembolso -parecido a la devolución de las farmacias coludidas- , en el mejor de los escenarios, las personas que estén en condición de recibir el beneficio podrán recuperar 3.500 pesos en un mes. El proyecto aún está en la primera fase legislativa, por tanto, demorará muchos meses en convertirse en ley.
Otra muestra que confirma la sintonía entre el PDG y el gobierno se verificó el jueves de la semana pasada. El parlamentario de la colectividad, Patricio Briones, se sumó a la iniciativa de representantes del Partido Nacional Libertario y Renovación Nacional de suspender por 5 años la ley Karin. La sintonía ideológica del PDG con la derecha y ultraderecha es más que evidente, pese a la insistencia de seguir declarándose “de centro”.
Más allá de la sensación de comodidad del PDG en la derecha, la iniciativa no viene más que a ratificar la pobreza del trabajo de nuestros legisladores. Esta es una ley que recién cumple dos años y fue aprobada en su momento casi por unanimidad del parlamento, con la excepción de los Republicanos y Libertarios. Como dato anecdótico -pese a que en la derecha le cargan los dardos a la izquierda por la autoría de la ley- sus impulsoras fueron dos diputadas de ese sector, una de RN (Ximena Ossandón) y la otra de Evópoli (Erika Olivera) y estuvo inspirada en el suicidio de Karin Salgado luego de ser acosada en el hospital en que trabajaba.
Tengo la impresión de que esta es la primera vez que una ley, apoyada por moros y cristianos, se cuestiona a tal forma que se pide suspender su aplicación.
No cabe duda que la ley ha tenido dificultades en su implementación -de hecho, el gobierno estudia cambios vía administrativa- pero de ahí a pedir congelar la aplicación de una ley ampliamente valorada por la gente, me parece que es como el chiste de Don Otto. La ley Karin no solo ha logrado poner arriba de la mesa un tema que golpea al mundo del trabajo, sino que, en esta etapa ha implicado a las empresas introducir programas de sensibilización y capacitación preventivos para evitar determinadas conductas. Además, el cuerpo legal introdujo el concepto de “incivilidad” -garabatos, gritos, insultos- en el ámbito laboral, lo mismo que anunció el presidente Kast en el proyecto de registro de vándalos.
La liviandad de argumentos de nuestros parlamentarios -suspender una ley porque presenta problemas- realmente sorprende. Bueno, no tanto.
En 2026, el PDG y sus parlamentarios han impulsado una agenda conservadora. El llamado “Dr. File” antes de ser expulsado por el partido, alcanzó a presentar el proyecto de reponer la pena de muerte y de dar carácter voluntario a las vacunas del Minsal, temas propiciados por la ultraderecha en todo el mundo. En paralelo, ha navegado junto al gobierno, un negocio del que se benefician mutuamente con La Moneda. ¿Y eso de “ser de oposición”? Una simple declaración que no se condice con la realidad.
Y mientras el PDG sigue buscando cuál es su verdadera identidad de la mano de los hermanos Parisi, el partido deberá sortear el difícil escollo. El Servel derivó a la Fiscalía antecedentes que podrían llevar a su disolución, a partir de las inconsistencias de sus balances contables de 2023 y 2024 y gastos no acreditados en honorarios, arriendo de oficinas y sedes partidarias. Lo curioso de todo esto, es que Zandra, ante una consulta de la prensa, afirmó que el partido no tiene sedes ni oficinas porque funciona on line. Esto se suma a la querella que investiga la Fiscalía de Alta Complejidad por falsificación de firmas. El viernes pasado, Parisi respondió por redes sociales que todo esto se debía a que al PDG le tenían envidia, pese a que, según Meganoticias, el excandidato sería persona de interés de investigación, incluida la revisión de su patrimonio.
No cabe duda que el PDG seguirá explorando temas propios del populismo de derecha como los retiros y que se declare feriado el 17 de septiembre, que logran el aplauso fácil, pero la pregunta de fondo es si este beneficioso pololeo entre el gobierno y la colectividad de los Parisi, que se ha extendido estos cinco meses, se convertirá en matrimonio.
Por el momento, sugiero que el PDG pase a llamarse el Partido De Gobierno. No es mal nombre si el Servel decide disolverlos, les puede servir en todos los escenarios, es sea, cuando son oposición, oficialistas, de centro, izquierda o derecha, ¿cierto?
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