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Evitemos el trauma infantil en tiempos de cuarentena

por Andrea Velasco 8 abril, 2020

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Señor Director:

Ante situaciones de emergencia como la que estamos viviendo actualmente, que nos obliga a estar en nuestras casas todo el día y todos los días, es muy importante estar pendientes a situaciones que pudieran generar un aumento de respuestas violentas y que lleven a escenarios de malos tratos hacia nuestros niños, niñas, adolescentes y mujeres.

Es necesario que como programas, instituciones o establecimientos, ya sean de educación o salud, generemos protocolos para dar seguimiento y acompañamientos a familias, mujeres y sus hijos o hijas de los cuales tengamos antecedentes de situaciones de violencia y maltrato anteriores. Y en esto es muy importante considerar no solo a nuestros clientes (beneficiarios directos de nuestros servicios), sino también a nuestros funcionarios y funcionarias. Si tenemos antecedentes de que alguna de las mujeres que trabajan en nuestra institución ha sido o es víctima de violencia de género, debemos estar en constante contacto con ella y hacerle saber que cuenta con su equipo de trabajo para prevenir o detener situaciones que estén vulnerando sus derechos humanos como mujer.

Así mismo, si tenemos antecedentes de que algunos de los niños, niñas y adolescentes con los que trabajamos (ya sean nuestros alumnos/as o nuestros/as pacientes) han sido o están siendo víctimas de violencia y/o maltrato (físico, sexual o por negligencia), debemos generar un protocolo de seguimiento que permita pesquisar y si es posible detener dicha vulneración, recurriendo a las redes con las que cuenta la comuna o la misma institución. Estar en permanente contacto con esa familia y si es posible con el niño, niña o adolescente (hablando directamente con él) es fundamental para prevenir mayores vulneraciones de derechos y que la violencia se recrudezca y escale a formas de mayor gravedad y daño.

Es muy importante que esos contactos (telefónicos, vía email o whatsapp) los genere una persona de confianza que permita la honestidad sin miedo de quien queremos apoyar y ayudar.

Recordemos que nunca es fácil abrir situaciones de violencia y malos tratos, primero porque muchas veces esta dinámica violenta está normalizada dentro de la familia y entre quienes la ejercen. Los gritos, el tirar o golpear cosas de la casa, el empujar y pegar cachetadas, el tirón de oreja o la utilización de objetos para pegar (correas, zapatos, palos) es visto por muchas familias como una forma más de disciplinar comportamientos que se consideran incorrectos o poco deseados por parte de los adultos de la casa (que pueden ser abuelos, abuelas, padres, madres,
tíos, etc.) y segundo, porque las víctimas de estas situaciones de violencias pueden sentir mucho miedo y vergüenza de contar a alguien lo que están viviendo. Pueden sentir que correrán más riesgo al hablar de la violencia del que son víctimas y que se vivirán represalias hacia ella/él.

Además de pensar que no se les creerá y que son ellos los responsables finalmente de estar viviendo esas experiencias.

Por este motivo, es recomendable que la persona que tome contacto con estas familias cuente con una mirada de Protección de Derechos y de Género, ya que debe validar las experiencias de vulneración, valorar dichas experiencias (asignarles niveles de gravedad o priorización) y entregar respuestas acordes a esa valoración, pudiendo ofrecer apoyo psicológico, acciones concretas de detención de la violencia (como denuncias a las entidades correspondientes) o en el peor de los casos derivación directa a hogares de protección hacia la infancia o hacia la mujer.

Estamos en momentos difíciles, en que nuestra salud se siente en permanente riesgo y amenaza por la posibilidad de contagio y enfermedad, pero esta emergencia no nos puede hacer olvidar a quienes ya estaban siendo víctimas de sufrimientos antes que esta Pandemia se presentara.

Sabemos que en tiempos de emergencia quienes quedan más desprotegidos y están en riesgo de vivir mayores vulneraciones de sus derechos son los niños, niñas y mujeres.

Anticipémonos a una consecuencia mayor a la que puede provocar esta emergencia sanitaria: la traumatización por experiencias adversas de violencia, abusos (físicos, sexuales, machistas) y abandono a las que quedan expuestos los más vulnerables.

Organizarse en el lugar de trabajo para generar una red de apoyo, otorgar un número o email de contacto que pueda recibir denuncias o pedidos de ayuda para luego gestionar con la red comunal o institucional, es clave en momentos en que las víctimas quedan expuestas a sus victimarios y sin ningún contacto con el exterior que pueda mediar, contener o detener las situaciones de violencia intra-familiar.

Los establecimientos educacionales o Centros de salud pueden prevenir el aumento de la Violencia y del Trauma si están conscientes de los escenarios que las inducen y de las consecuencias que provocan en la infancia.

Andrea Velasco Leiva
Psicóloga Educacional
Psicoterapeuta Infantil en Salud Mental Pública

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