martes, 27 de octubre de 2020 Actualizado a las 03:15

Al otro lado de la cama

por Andrea Fuchslocher; Javier Pinto; María Isabel Muñoz; Reinalina Chavarri; Teodoro Wigodski 19 abril, 2020

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Señor Director:

Las sociedades van reaccionando de cara a los colapsos de los sistemas de salud y la provisión escasa de recursos médicos de primera necesidad. Los nuevos protocolos y códigos de conducta no sólo recogen la necesidad de resguardar la seguridad de los miembros del sistema de salud, sino también las decisiones complejas que este grupo de profesionales enfrenta. En este contexto se ha presentado una propuesta de lineamientos éticos para, entre otros problemas, introducir criterios para decidir, por ejemplo, a quién se brinda asistencia o no, en caso de una limitación de recursos. Sin embargo, como Asociación nos parece que esta propuesta de Protocolo Ético debe considerar, además de quienes aportan criterios técnicos, también quienes ponen en consideración los elementos éticos que están en la base de la cultura y las organizaciones, como también por quienes comprenden mejor las dimensiones religiosas, laicas, sociológicas y psicológicas que están involucradas. Es fundamental resguardar, en este sentido, que los protocolos se apliquen sin arbitrariedades y reduccionismos, porque los problemas complejos requieren una articulación de todas las dimensiones que lo componen, de lo contrario el mismo problema se agudiza.

Si actuamos en esta línea, es altamente probable que podamos dar una solución humana a la dramática dicotomía entre dos enfermos (un adulto mayor o un padre de familia, una madre o una niña, una autoridad política o un ciudadano, un reo penitenciario o un trabajador, un pobre o un rico). Es evidente que podemos aplicar un criterio económico o de estimación de esperanza de vida, conservando el norte como país, considerando es un criterio subordinado a la prioridad del cuidado de la vida y el morir con dignidad, que tienen una categoría superior en el ámbito de las decisiones pragmáticas.

Recordemos que, luego de la II Guerra, las naciones acordaron el respeto por la dignidad de la vida como elemento esencial en la defensa de los derechos humanos universales. En este sentido, frente a decisiones de vida no cabe banalidad alguna, por más pragmáticos, prácticos o urgentes que sean los argumentos. Hoy nos enfrentamos a decidir en función de principios y derechos irrenunciables e inviolables que sostiene el articulado social, y deben ser considerados por el conjunto de la sociedad ofreciendo todos los insumos necesarios pues la salud es un bien común. Yendo en esta línea, pasará la pandemia, pero nos quedaremos con los remordimientos, las acusaciones y el reproche de esos que se vieron obligados y responsables por decidir a quién darle la última cama.

Dada la magnitud de la emergencia, vemos con preocupación que lo urgente desdibuje lo importante. Por ello vemos la necesidad de recomendar enfáticamente que esta pandemia ofrece la oportunidad como país para actuar articuladamente, con diligencia, eficacia y un profundo sentido ético.

Andrea Fuchslocher
Javier Pinto
María Isabel Muñoz
Reinalina Chavarri
Teodoro Wigodski

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