Un penquista en Santiago
Señor Director:
Es quizás como describía Bukowski, hedionda, llena de borrachos, putas y drogadictos, podría decir llena de inmigrantes, pero para que no suene racista diré que son sus costumbres, así al menos me convenzo de ser abierto. Ah, claro, estoy hablando de las ciudades modernas, que demuestran su potencial a partir de edificios altos y cités llenos de gente pobre. Aquí conocí lo que llaman “camas calientes”, son aquellas en que de día duerme una persona, y de noche otra. No pregunté si cambiaban las sábanas, pero la verdad es que poco me importó, con lo angustiado que estaba en búsqueda de la marihuana más barata de Chile (a 2 mil pesos el g), ni cuenta me di del golpe, no del 73, el golpe a la cabeza de esos “norfinos”, los 97 octanos bien mezclados con el thc de la planta.
Aquí conocí al mejor vendedor, era capaz de vender piedra, aire y humo en un solo pack. El más chanta de los chanta, mentiroso y mejor vendedor que he conocido. Con su voz y personalidad queda parado en cualquier lado. Hablando con gente inexistente y apuntando al final del bus mientras termina de dar su promoción, se vanagloria de batallas ganadas ajenas, y siempre confiando que la suerte lo acompañe, para que jamás lo pillen en su mentira. Este personaje llena de vida la picardía del roto chileno.
¿Cómo es posible que uno viva aquí?, ni el internet funciona bien. El agua es mala, el clima es horrible de lo caluroso, y no corre esa brisa marina que caracteriza a la costa de este país. Vivo en un barrio (Brasil) de carnaval y alegría 24/7… Me carga. Es bueno ser feliz en la casa de alguien más, en el barrio de otra gente, ya que así no me quedo con lo negativo de la noche, el volumen alto, el punchi punchi que no para hasta el lunes a las 9 a.m., ordenar y limpiar los vómitos de quienes bailan al lado.
En este barrio vivimos un reality durante el verano, un eliminado cada semana. Ojalá fuera por votos, pero no. Este 2022 los eliminados fueron apuñalados, asaltados, robados y en algunos casos hasta la muerte vieron. Algunos dicen son los extranjeros, yo digo que son unos malditos hijos de puta, que no son más que el resultado de lo que no funciona en este sistema. Solos, abandonados y violentos, chilenos e inmigrantes, todos tienen el mismo origen: pobreza.
Adiós, Santiago querido, canta una cueca conocida. Yo no le digo adiós, ya que por más que esta ciudad tenga peor calidad de vida que otras regiones, está el dinero, los contactos y los medios. La libertad de alguna manera de ser quien quieras ser. Son cerca de 9 millones de personas en una sola gran ciudad… tu vida no es importante.
«En esta puta ciudad, matan a pobres corazones».
Cristian Ruiz Zenteno
ONG Creando Sur