De una “cartelera de la memoria” a una agenda estatal para un Nunca Más
Señor Director:
Faltan poco más de dos meses para la conmemoración de los 50 años del golpe cívico militar que operó en Chile entre 1973 y 1990. Valorando y compartiendo que la ritualidad, los simbolismos, la semántica, los gestos y la generación de iniciativas de promoción de la memoria histórica son más relevantes hoy que nunca, también se esperaría, que el Estado, asuma en su conjunto, la tarea de anunciar, por ejemplo, una agenda de compromisos, que, amparada en las obligaciones internacionales que éste tiene en materia de justicia transicional, pueda comunicar con fuerza y con una retórica consistente, poniendo foco temático y político principalmente en las violaciones a los derechos humanos, las víctimas y sus familias y las organizaciones que las representan. Sin lugar a dudas que estas fechas son propicias para sensibilizarnos, encontrarnos y honrar las memorias de quienes se vieron afectados/as, sin embargo, también éste es un tiempo, en el que se requiere que el Estado realice una reflexión profunda que sea capaz de trasladar a una especie de cuenta pública o de balance que contemple avances, retrocesos y desafíos con relación a lo que aquí está en juego: el derecho a la verdad, a la justicia, a la reparación y a las garantías de no repetición. No tiene sentido ni es sostenible en el tiempo, desde un enfoque de derechos humanos, contar sólo una “cartelera programática de actividades” sin acciones estatales que colaboren de manera decidida con la revisión de estas cuestiones sustantivas. Ello también significa sumarse a los ejercicios de merecida memorialización, para forjar efectivamente desde lo público ese Nunca Más y esa anhelada cultura de derechos humanos todavía en construcción.
Daniela Aceituno Silva