Más que 42,195 kilómetros
Señor director:
Estamos a días de presenciar como Santiago cierra sus calles por un día para recibir a miles de corredores que buscan cruzar la meta. Tengo 20 años y este domingo, por primera vez voy a correr al lado de 8.000 personas que buscan lograr terminar los 42,195 km de maratón.
Pero, a pesar de que ese día todos estemos corriendo por las mismas calles y la misma distancia, el camino para esos kilómetros se ve distintos para cada corredor. Preparar una maratón no solo implica disciplina y esfuerzo, sino también enfrentarse a la gran desigualdad de condiciones en las que se entrena. Contar con espacios públicos seguros, iluminados o en buen estado para correr es un privilegio.
Para muchos, como en mi caso, entrenar implica salir de madrugada porque durante el día tienen que estudiar o trabajar, haciendo un gran esfuerzo para compatibilizar ambas cosas. A esto se suma que no todos pueden costear lo que implica participar en una maratón, desde los costos de inscripción hasta el equipamiento necesario.
De esta manera, un deporte que aparenta ser tan simple como correr, está marcado por desigualdades materiales y urbanas. ¿Realmente podemos decir que la meta es la misma cuando el punto de partida es tan distinto?
Correr es un acto político: es una práctica que une a las personas, construye comunidades y moldea la cultura, pero al mismo tiempo expone aquello que aún no ha sido plenamente democratizado.