A propósito de la auditoría
Señor Director:
La auditoría al gobierno anterior no debe entenderse únicamente como un ejercicio técnico-contable. Su función principal es política: construir un marco de legitimidad para el nuevo ciclo de decisiones económicas.
Toda administración necesita explicar las restricciones bajo las cuales gobernará. Pero cuando la auditoría se convierte en el eje narrativo de instalación, deja de ser solo revisión fiscal y pasa a operar como un mecanismo de reorganización de expectativas. El mensaje implícito es claro: el país recibido era más frágil de lo informado y, por tanto, ciertas medidas excepcionales se vuelven inevitables.
Esto no es un fenómeno exclusivamente chileno. La lógica de la “pesada herencia” ha aparecido repetidamente en contextos de ajuste o reestructuración: Argentina bajo Mauricio Macri y posteriormente Javier Milei, Brasil durante el ciclo de Jair Bolsonaro y Paulo Guedes, Europa tras la crisis financiera y las reformas de shock en Europa del Este. En todos esos casos, las auditorías y diagnósticos de situación cumplieron una doble función: técnica y simbólica. No solo ordenaron cuentas; también permitieron justificar decisiones difíciles bajo el lenguaje de la inevitabilidad económica.
La estrategia tiene racionalidad política. Permite ordenar a la coalición propia, justificar costos de corto plazo y preparar el terreno para reformas estructurales. Sin embargo, también contiene riesgos relevantes. Una economía que intenta atraer inversión de largo plazo necesita estabilidad institucional y continuidad administrativa. Si cada alternancia política instala la idea de que las cifras heredadas eran poco confiables o que el Estado operaba sobre bases deterioradas, la señal hacia el futuro puede volverse ambigua.
La confianza económica no depende únicamente de rebajas tributarias o incentivos a la inversión. También descansa en la percepción de continuidad institucional y previsibilidad intertemporal. En sociedades altamente endeudadas y patrimonializadas, donde buena parte de la estabilidad depende de expectativas futuras, el manejo del relato político se vuelve tan importante como las propias cifras fiscales.
Por eso, la pregunta de fondo no es solo cuánto déficit dejó el gobierno anterior. La pregunta relevante es qué tipo de clima político e institucional se está construyendo para sostener crecimiento, inversión y confianza en el largo plazo.
Atentamente,
Jessica Cuadros Ibañez