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Salud fiscal y salud pública

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Por: Pablo Villalobos


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Señor director:

Algunas lecciones desde la salud pública pueden ser útiles para la “salud fiscal”. Primero, todo salubrista sabe que el financiamiento no es lo mismo que “cuánto se gasta”. En nuestros cursos aprendemos que la recolección de fondos es una de las funciones, tan importante como “cómo y dónde se gasta”.

En el caso de la billetera fiscal, la regla del 3% de recortes ministeriales refleja un reduccionismo de las funciones de financiamiento del aparato público, pues, si se busca un gasto más eficiente, recortar presupuestos puede parecer obvio, pero no es la única alternativa.

Con un rápido ejercicio aritmético podemos ver que esta meta del 3% presenta un avance significativo, simplemente con el menor número de licencias médicas proyectadas para 2026 (cerca de US$1.000 millones), que significarían algo más del 30% del objetivo de ahorro anual, sin tocar un peso de los presupuestos ministeriales. Lo anterior muestra que hay otras opciones que pueden tener mayor impacto, pero requieren de un análisis estratégico.

Segundo, la discusión en salud pública también está plagada de “metas” y “números mágicos”: que el país debe gastar al menos el 6% del PIB en salud o que se debe destinar al menos el 10% del gasto a atención primaria, entre otras. Sin embargo, tal como en la regla del 3%, estas metas son útiles para efectos ilustrativos o comunicacionales, pero tienen poca relación directa con la obtención de resultados. Los problemas de nuestro sistema no se solucionarán mágicamente al alcanzar un porcentaje.

La lección desde la salud pública es simple, pero contundente: la toma de decisiones para lograr resultados exige un análisis más profundo y decisiones mejor fundamentadas.

Pablo Villalobos
Director Escuela de Salud Pública U. Mayor

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