Érase una vez un Ministerio
Señor director:
El Ministerio de la Secretaría General de Gobierno, desde el retorno de la democracia, siempre ha sido un cargo de alta exposición, sencillamente porque así lo define su naturaleza. El primer animal político que asume ese cargo fue Enrique Correa (1990-1994), uno de los próceres de la transición política, en tiempos convulsos, de mucha opacidad, heridas y promesas de futuro.
En las tres décadas que han pasado, hemos visto, escuchado, leído y compartido a 23 personas, algunas más distinguidas que otras, de distintas sensibilidades políticas, que han defendido sus gobiernos, recibido y propinado golpes, tal como la cartera lo exige.
Los tiempos han cambiado, por supuesto. Tres décadas después, habitamos un mundo desconcertantemente distinto. Al principio, los medios eran el agua, sangre y oxígeno de un vocero. Un manejo estratégico, una robusta red de contactos y una especial sensibilidad por el termómetro de las noticias eran elementos fundamentales dentro de las habilidades exigidas para el cargo. No solamente tocaba defender los posibles errores de los titulares y responder las críticas, ataques y trampas de los adversarios. También explicar desastres naturales, enredos fiscales y desaciertos institucionales. Un impredecible y variado menú.
Pero cuando los medios parecen desdibujarse y la población deja de informarse como lo hacía antaño, toca sacar el smartphone del bolsillo y crear las propias tácticas comunicacionales. Sin mayores esfuerzos y con o más o menos talento, lo que un día pareció un cálculo de iniciados, hoy deviene una tarea que se debilita al punto que desaparece. O que se transforma en apéndice.
Porque aun cuando se le designe como una fusión, el articulador de todos los ministerios seguirá siendo el Ministerio del interior. La cartera que organiza, jerarquiza y mandata al resto de los ministerios. La entidad que negocia en el parlamento y que subroga cuando el jefe se encuentra en misión en el extranjero. Esperemos que la vocería no termine como una cuenta de red social.
Claudio Broitman
Director de Periodismo UNAB