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Una nueva cárcel para San Antonio es necesaria, pero diseñada para la realidad local

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Por: Caroline Sireau y Carolina Quinteros


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Señor Director:

San Antonio necesita una nueva cárcel. Esa afirmación no debiera generar mayor debate. El actual recinto fue construido para una realidad muy distinta a la de hoy y hace tiempo dejó de responder adecuadamente a las necesidades del sistema penitenciario.

Su ubicación obliga a realizar evacuaciones de la población penal en caso de cualquier alerta de tsunami, lo cual es una tarea de alta complejidad, las condiciones de hacinamiento afectan la convivencia y el trabajo diario de Gendarmería, y las mujeres privadas de libertad aún no cuentan con un módulo que entregue las condiciones que merecen. Modernizar esta infraestructura es una necesidad tanto para quienes cumplen condena como para quienes trabajan allí y para toda la comunidad.

Una nueva cárcel también representa una oportunidad: significa mejores condiciones de seguridad, infraestructura preparada para enfrentar emergencias, espacios adecuados para programas de reinserción y una mejor respuesta del Estado a una realidad que no puede seguir postergándose.

Sin embargo es necesario preguntarse ¿qué tipo de establecimiento penitenciario necesita realmente la provincia?

San Antonio ha tenido históricamente un recinto de baja complejidad, destinado principalmente a la población penal del propio territorio. Cambiar ese modelo e instalar un penal de alta complejidad implicaría una transformación importante para la ciudad y sus alrededores.

Los grandes complejos penitenciarios suelen generar nuevas demandas sobre el entorno: mayor presión sobre los servicios públicos, aumento del comercio informal en los días de visita, mayores requerimientos de seguridad y, cuando albergan internos provenientes de otras regiones, la llegada de familiares que permanecen largos períodos cerca del recinto. Todos estos elementos deben ser consideradas desde el diseño del proyecto y no cuando ya se han convertido en un problema para la ciudad.

También es razonable preguntarse si una cárcel de alta complejidad es coherente con la identidad y las necesidades de la provincia. San Antonio ya enfrenta importantes desafíos asociados al puerto, al crecimiento urbano y a la seguridad pública. Incorporar funciones penitenciarias de alcance nacional podría modificar ese equilibrio sin que ello represente un beneficio directo para la comunidad local.

Por eso, la discusión no debería ser si construir o no una nueva cárcel. La verdadera conversación es cómo construir una infraestructura moderna, segura y resiliente, que permita resolver las deficiencias actuales sin alterar el rol que históricamente ha cumplido el recinto penitenciario de San Antonio.

Las mejores políticas públicas son aquellas que resuelven los problemas existentes sin crear otros nuevos. En este caso, esa parece ser una meta tan razonable como necesaria.

Caroline Sireau

Carolina Quinteros

Ex delegadas presidencial provincial de San Antonio, integrantes de la Plataforma Progresista de Oposición San Antonio

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