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El peso de proteger

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Por: Carlos Smith


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Señor Director:

Chile fue poniéndole pesos a la contratación. Uno a uno, todos razonables: cuarenta horas, salario mínimo, mayores cotizaciones. A esos sumamos los antiguos, casi invisibles: la sala cuna que se gatilla al contratar a la trabajadora número veinte; el límite de carga que distingue a mujeres y menores de dieciocho. Cada medida, aislada, se defiende sola. El problema es que nadie pesó la mochila completa.

Mientras crecíamos, la mochila se disimulaba. Cuando dejamos de crecer, 2% hace más de una década, y llegaron los shocks, explotó. Hoy hay casi un millón de personas buscando trabajo, cuarenta meses sobre el 8%, informalidad en 27% y empleo asalariado formal cayendo. El desempleo femenino supera el 10%; el juvenil, el 22%.

Ahí está la paradoja que duele: quisimos proteger y terminamos excluyendo. Cuidamos al que ya está adentro y le encarecimos la puerta al que está afuera. Y el que está afuera es, casi siempre, la mujer, el joven, el trabajador rotativo. Les dijimos que los protegíamos y los mandamos a la informalidad, a ganar menos, a que buscar pega sea un trabajo cada vez más pesado.

Necesitamos las dos pistas. En el corto plazo, subsidiar la contratación formal, sobre todo la femenina. En el largo, rediseñar: sala cuna universal, indemnización a todo evento, jornadas adaptadas a la vida real. Y crecer, porque sin crecimiento ninguna de las dos alcanza.
Y dejemos de demonizar la flexibilización. Flexibilizar bien no es precarizar: es abrirle la puerta a quien hoy no puede entrar. Precario es no tener nada.
Porque no hay nada mejor que un trabajo digno. Y para tenerlo, primero hay que poder conseguirlo.

Carlos Smith
Economista del Centro de Investigación de Empresa y Sociedad
Universidad del Desarrollo

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