Cuando la lluvia pone en riesgo la subvención
En Chile, una parte importante del financiamiento que reciben los establecimientos públicos y particulares subvencionados se calcula en función de la asistencia de sus estudiantes. Esa lógica puede parecer razonable en tiempos normales, pero revela sus límites cuando una emergencia impide, precisamente, asistir a clases.
Durante estos días, muchos colegios debieron suspender actividades porque no reunían las condiciones mínimas para recibir con seguridad a sus comunidades. El Ministerio de Educación ha contemplado medidas excepcionales para estos casos. Sin embargo, el problema de fondo permanece: seguimos sosteniendo un sistema que vincula buena parte de los recursos de las escuelas a una variable tan frágil como la asistencia.
La lluvia no distingue entre comunas. Pero sí deja al descubierto las diferencias entre establecimientos que cuentan con infraestructura para enfrentar un temporal y aquellos que apenas logran sostener su funcionamiento cotidiano.
Los docentes seguiremos haciendo nuestro trabajo antes, durante y después de la lluvia. Lo que no podemos seguir normalizando es que cada invierno vuelva a instalar la misma pregunta sobre la continuidad de las clases y el financiamiento de las escuelas, cuando el verdadero debate debería ser cómo garantizar condiciones dignas para enseñar y aprender, independientemente del clima.
Porque la lluvia pasa. Las brechas que deja al descubierto, no.
Profesor de Música y Filosofía