Cuando el Gobierno no habla, hablan los demás
Señor director:
Ningún gobierno sobrevive solo con buenos resultados: también necesita quien los explique. La discusión que se ha planteado sobre la falta de una vocería efectiva de la actual administración -debido a que un solo ministro concentra a la Segegob e Interior- no debería reducirse a nombres ni a estilos comunicacionales. Es, ante todo, un debate sobre la importancia y el funcionamiento del Centro de Gobierno.
Este “centro” -hoy está conformado principalmente por entidades como el comité político, la Secretaría General de la Presidencia y el segundo piso de La Moneda-, las que, en palabras de Ricardo Brodsky, son las encargadas de recordar al Presidente la dirección, de mantener firme el timón de gobierno.
Esta tarea exige, en la práctica, una conducción estratégica del Gobierno: coordinar prioridades, monitorear su cumplimiento y mantener coherencia entre las distintas áreas del Ejecutivo. La distancia entre lo comprometido en un programa de gobierno y lo efectivamente logrado durante su ejecución es determinante para construir o erosionar la confianza ciudadana. Pero tan importante como avanzar en esos compromisos es la capacidad de explicar su rumbo, sus resultados y sus decisiones
Por ello, coordinar al Gobierno y comunicarlo son funciones complementarias de la conducción política, pero no necesariamente deben recaer sobre una misma autoridad. Cuando ambas responsabilidades compiten por tiempo, atención y capacidad de respuesta, existe el riesgo de terminar debilitando una o ambas.
No se trata de cuestionar las capacidades de quien ejerce el cargo, sino de preguntarse si el diseño permite desarrollar adecuadamente dos tareas que demandan dedicación permanente. La vocería no es un accesorio de La Moneda: es una herramienta de conducción política y una pieza central del Centro de Gobierno. Ordena el relato, fija las prioridades, anticipa conflictos y conecta las decisiones del Gobierno con la ciudadanía.
Cuando se diluye la función de la vocería, otros actores inevitablemente ocupan ese espacio. Y en política, quien no diseña su propio relato termina gobernando bajo el relato que otros construyen sobre él.
Catalina Riquelme
Investigadora
Instituto Libertad