Las y los docentes no somos reemplazables
Señor director:
Una sociedad, un gobierno que tolera que una Ministra de Estado instale un discurso que niega la profesión docente, deslizando que se trata de una profesión innecesaria a partir de la irrupción de la IA es un oprobio extremadamente peligroso si uno colige que puede llegar incluso a tratarse de una visión de Estado, aunque es ya suficientemente preocupante que alguien de tan alto rango se permita expresarse en tan cuestionables términos acerca de sus profesores. Solo desde el reduccionismo más básico y violento es posible asumir que la docencia es sinónimo de transmisión de cúmulos de información e imponer desde una privilegiada posición de poder la negación del valor irremplazable de la mediación pedagógica situada de un/a profesional de la enseñanza. Han sido décadas de arduo y sistemático trabajo orientado a revalorizar la profesión docente. No es aceptable que la profesión que ha formado a cada ciudadano y ciudadana sea ninguneada y sin argumentos rigurosos y plausibles, lanzados al voleo. Parece indispensable un decidido golpe de timón que nos devuelva la legitimidad de los mínimos consensos que hemos venido construyendo durante tanto tiempo y a través de tantos ejercicios democráticos y analíticos, consensos que son ejes estructurantes fundamentales nuestra sociedad. Avanzar a humanizar la educación en lugar de deshumanizarla.
Andrea Ruffinelli
Académica
Escuela de Pedagogía
Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad de La Frontera